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Quiroga presidirá el PP vasco con un estilo más conservador que Basagoiti

Rajoy y Cospedal bendicen este relevo transitorio para evitar otra batalla interna

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Arantza Quiroga, en una imagen de septiembre de 2012.

Antonio Basagoiti se ha apresurado a allanar el camino de su sustitución como presidente del PP vasco para evitar así otro quebradero de cabeza a Mariano Rajoy. Primero se reunió el lunes de la semana pasada en La Moncloa con Rajoy y el miércoles en la sede del PP con María Dolores de Cospedal. Y en ambas citas se bendijo a Arantza Quiroga como la candidata idónea para asumir el relevo. Este regate en corto, que acorta al máximo los plazos para que Basagoiti emprenda tras el verano su nueva vida profesional en la estructura del Grupo Santander en México, ha sorprendido a sus compañeros más próximos y en especial a Alfonso Alonso, portavoz popular en el Congreso, que trabajaba con la idea de la sucesión en el horizonte de 2015. Pero, sobre todo, aborta una precipitada batalla interna por el liderazgo del partido en Euskadi.

Basagoiti garantizó a Rajoy y a Cospedal la viabilidad de su apuesta. Sabe que dispone del apoyo incontestable de la organización de Bizkaia, donde radican el 50% de sus 6.200 afiliados vascos y que acostumbran a decidir congresos en connivencia con Álava, un territorio donde el PP tiene su único poder institucional en Euskadi.

Al apostar por Quiroga, Basagoiti es “consciente”, no obstante, de los recelos que la actual portavoz parlamentaria y expresidenta de la Cámara vasca despierta en el ala más aperturista de su partido por sus posiciones conservadoras sobre el aborto y el matrimonio de homosexuales. A cambio, le tranquiliza que su sucesora “forma parte de quienes apostaron firmemente por el cambio”, a partir de la traumática renuncia de María San Gil, anterior presidenta de los populares vascos, en vísperas del decisivo Congreso del PP en Valencia. “Ahí no hay ninguna duda de su compromiso”, admiten incluso quienes entienden que la opción Quiroga es, sin embargo, “una ocasión perdida para demostrar que sabemos por dónde va el futuro de la sociedad y responde más a los miedos de la dirección del partido que a las ganas de cambio de los propios afiliados”.

Aún consciente de las valoraciones que provoca su ideario, Quiroga se guía por la ortodoxia. Esta máxima le permite ofrecer un discurso contundente contra ETA y a favor de las víctimas, pero también “identificado” con el espíritu Basagoiti de “abrir el partido a la sociedad, de ir a buscar acuerdos con el nacionalismo moderado y de ampliar el nicho con los votos que deja el PNV en las zonas urbanas”. Quiroga no dudó en alinearse rápidamente con quienes en 2008, durante el Congreso que encumbró a Basagoiti, decidieron rescatar “de las catacumbas al PP” en Euskadi, y luego defendió el pacto con el PSE para que Patxi López fuera lehendakari, recuerdan a su favor.

¿Es Quiroga la única opción? Desde luego que no, pero sí la solución más solvente y satisfactoria para Génova y la mayoría del PP vasco, según las diferentes fuentes consultadas. De hecho, su elección solo se podría ver comprometida si Alfonso Alonso anunciara su propósito de sustituir a Basagoiti, para lo que “todavía” sigue siendo vivamente animado desde la afiliación alavesa, molesta por “la precipitación de los acontecimientos”, que les han pillado “con el pie cambiado”, admiten. Pero no se le espera. Alonso se siente cómodo en Madrid, donde se ha ganado la plena confianza de Rajoy, y “le costaría demasiado renunciar a esa carrera para volver” a Euskadi, dice uno de sus principales amigos. Alonso se reunió ayer con la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría. La tercera opción, Borja Sémper, murió antes de nacer. Fue desechada por el propio parlamentario guipuzcoano quizá al detectar la rápida maniobra de Basagoiti, que anulaba sus mínimas opciones, aunque representa “la frescura del discurso popular con base en una Euskadi en paz”, apuntan quienes le avalan.

Basagoiti escuchará las reticencias sobre su candidata durante los escalonados contactos que mantendrá en el plazo de los próximos 10 días con todos los dirigentes del PP vasco, pero también se asistirá al cierre de filas con Quiroga “porque es la mejor solución para el partido en estos momentos”, subraya un veterano cargo vizcaíno. “A partir de esos contactos se buscará una salida consensuada y decidiré si adoptamos el acuerdo en una junta directiva o vamos a un congreso extraordinario”, admitió el líder popular, obsesionado por erradicar la inevitable idea del dedazo.

Precisamente para evitar esa imagen aznarista, Basagoiti quiere dar “un paso atrás” y facilitar el consenso. Lo hará una vez que explique estos días en los órganos internos del PP vasco su decisión “vital” de irse tras 18 años “de ver crecer a mis tres hijas entre escoltas” y de encarrilar la sucesión. Y luego, en el plazo máximo de mes y medio, una corriente mayoritaria compartida por Bizkaia y Álava (80% de la afiliación) sacará adelante en una junta directiva regional (engloba a 90 dirigentes) la proclamación de Arantza Quiroga como presidenta, pero en funciones, hasta un nuevo congreso.

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