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La dirección del PSOE aparca la fractura y rechaza pedir dimisiones

El secretario general defiende el papel de Andalucía en el debate territorial

“De primarias no se ha hablado. Las elecciones son en 2015, hay tiempo”

Por segunda vez en menos de dos meses, una semana de debate mediático sobre el liderazgo de Alfredo Pérez Rubalcaba se disolvió en unas horas, como azúcar en el café, en los órganos de dirección del PSOE. La reunión de la ejecutiva federal —cerca de 40 dirigentes, entre los que hay fieles al secretario general pero también críticos—, la primera tras el descalabro electoral del 21-O en Galicia y País Vasco, sirvió a Rubalcaba para ratificarse en su intención de permanecer en el cargo hasta 2016. Porque nadie —según él y según varios asistentes consultados— le pidió que lo deje, nadie se postuló para sustituirle y nadie le hizo una crítica clara y frontal sobre su estrategia de oposición.

Lo mismo había ocurrido en el comité federal del 9 de septiembre, al que el secretario general llegó entre declaraciones públicas y privadas de dirigentes que cuestionaban su labor pero que luego no se materializaron, a puerta cerrada, en una crítica tan tajante como se auguraba. Aquel día Rubalcaba dijo sentirse “ampliamente respaldado” por el partido. Este lunes se consideró “unánimemente apoyado”. Y no se irá. Ni él ni su dirección: “Hace ocho meses que fuimos elegidos y nos hemos reafirmado en que ese mandato [de cuatro años] lo vamos a cumplir”. No habrá tampoco cambios en la cúpula o nuevas incorporaciones.

Tras una semana de dardos velados, la incógnita fundamental era saber si el presidente del PSOE, de la federación andaluza —la más poderosa, con un 25% de la militancia— y de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, mostraría finalmente sus cartas y explicitaría sus críticas al secretario general. En el equipo de Rubalcaba se había instalado la inquietud ante la posibilidad de que Andalucía esté preparando calladamente un golpe de timón para moverle la silla, o para evitar que sea candidato a las elecciones de 2015. El secretario general había llegado a pedir el miércoles pasado —en una rueda de prensa monográfica sobre su posible dimisión— que quien tuviera algo que decir se lo dijera “cara a cara” en los órganos de dirección. Y, el viernes, Griñán había insistido en la ambigüedad cuando le preguntaron si querría ponerse él al frente del partido: “Nunca sé lo que voy a hacer hasta que llega el momento”, dijo.

Este lunes, estando ya ambos “cara a cara”, el presidente andaluz no reclamó cambios orgánicos y Rubalcaba —según contó después— tampoco le preguntó qué pretende. ¿Cree que Griñán aspira a su puesto?, le preguntaron. Y él contestó: “Esa es una pregunta para el señor Griñán. Hoy no me ha manifestado ninguna voluntad. Nada. Es más, creo que en algún momento ha dicho que orgánicamente estaba muy bien donde estaba. Pero no soy yo quien debe responder a esa cuestión”. Subrayó que en la estrategia de “oposición útil” que él defiende y que implica ofrecer pactos al PP, el presidente andaluz ha sido su “gran valedor”, y zanjó: “No tengo ninguna intranquilidad con él”.

Varios dirigentes presentes en la reunión aseguran que no hubo ninguna intervención de oposición frontal a Rubalcaba —aunque sí de autocrítica general a la situación en la que se encuentra el PSOE y su falta de conexión con la ciudadanía— y que incluso varias personas tomaron la palabra para pedir “unidad”, lealtad al partido y que cese el “ruido” sobre el liderazgo, palabras que algún dirigente interpretó como críticas al propio Griñán. Según estas fuentes, el aún lehendakari, Patxi López, se quejó de que el resultado electoral en Euskadi —malo, pero según él muy parecido al que tradicionalmente obtenía el PSE cuando Batasuna era legal— haya aparecido como una debacle por culpa del debate interno.

Rubalcaba quiso apoyar expresamente a Griñán en un asunto: Andalucía “hace muy bien” en pedir protagonismo en el debate sobre el modelo territorial que ha explotado en España y que está derivando en una discusión “muy preocupante” sobre “la propia esencia de España”. “El presidente Griñán dice algo lleno de sentido común: que ese no puede ser un debate Madrid-Barcelona, porque afecta a todas las comunidades y evidentemente a Andalucía, que tiene una posición muy importante en España y en el PSOE. Andalucía quiere hacer valer su voz. Faltaría más. No puedo estar más de acuerdo”, zanjó el secretario general. Y reprobó también —como Griñán— a quienes piden volver a 1978 para, respetando a las tres comunidades consideradas “históricas” (Galicia, País Vasco y Cataluña), replantear el papel y las competencias del resto.

La ejecutiva federal, según Rubalcaba, acordó que el PSOE tiene que “reformar” su proyecto, “hacer una reflexión ideológica de fondo”. Pero no habló del calendario para las primarias internas que elegirán al candidato socialista a las generales de 2015. Pensar en eso ahora es “política-ficción”, dijo. “Nadie ha hablado de eso dentro. Es una decisión política que tomaremos cuando toque. Las elecciones son dentro de tres años, fíjese si hay tiempo”.

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