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Feijóo pierde 100.000 votos pero avanza favorecido por la abstención

El PP retrocede más de un punto porcentual y la izquierda en su conjunto casi tres

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La victoria de Alberto Núñez Feijóo en Galicia ha sido rotunda e incontestable, lograda además en medio de una crisis económica en la que casi ningún gobierno ha logrado escapar al castigo de los ciudadanos. Feijóo ha ampliado la mayoría absoluta del PP en el Parlamento autónomo de 38 a 41 escaños (la Cámara tiene 75), una hazaña que supone un enorme espaldarazo a su carrera política. Pero eso no quiere decir que los ciudadanos no le hayan pasado una cierta factura. De hecho, los populares gallegos pierden 102.000 votos y 1,3 puntos porcentuales respecto a las anteriores elecciones autonómicas de 2009.

La aparente paradoja se explica por el fuerte aumento de la abstención (de más de seis puntos), y por la dispersión y el retroceso de la izquierda. Las fuerzas del campo progresista pierden en su conjunto casi tres puntos respecto a los resultados que logró en 2009 la suma de PSdeG, BNG y Esquerda Unida, esta última fuerza coligada ahora con Xosé Manuel Beiras en la Alternativa Galega de Esquerda (AGE). Si en los anteriores comicios el PP logró la mayoría a pesar de que la izquierda en su conjunto lo superó ligeramente en número de votos, esta vez Feijóo ha logrado 15.000 sufragios más que los que suman socialistas, AGE y Bloque.

Los populares bajan en las ciudades, donde la izquierda suma el 48%

La participación en las elecciones gallegas de 2009 —antes del escrutinio del voto emigrante, que se realiza días después— fue de más del 70%, una marca histórica. Esta vez la cifra ha descendido hasta el 63,80%, una bajada que, a la vista del reparto de sufragios, ha castigado más a la oposición que al partido de gobierno en los últimos tres años y medio. A eso habría que sumarle el elevadísimo número —para lo que es habitual— de votos nulos y en blanco, más de 72.000, el 5,2% del total. Esas papeletas de protesta equivalen, por ejemplo, a la mitad de los apoyos recogidos por el BNG o al doble de la suma de UPyD y del fracasado proyecto de Mario Conde. Incluso se le podrían añadir los 17.000 sufragios recaudados por una formación denominada Escaños en Blanco, que también quedó por delante del partido del exbanquero.

La abstención fue más elevada en las zonas rurales, los principales feudos electorales del PP. Pero, en contra de lo que podía parecer en un principio, la caída en la afluencia a las urnas en esas áreas de población dispersa dañó mucho más a los partidos de izquierda que a Feijóo, que ha logrado ser la fuerza más votada en 301 de los 315 municipios que tiene la comunidad autónoma. De hecho, donde más claramente se ve el castigo al partido gobernante es en las ciudades.

En las siete principales urbes de Galicia —por orden de población, Vigo, A Coruña, Ourense, Santiago, Ferrol y Pontevedra— los resultados del PP son más bien discretos. En su conjunto, obtiene un 37,89% de los sufragios, casi ocho puntos menos que los resultados finales en toda Galicia. En Vigo, por ejemplo, Feijóo sufrió un varapalo, al perder más de siete puntos porcentuales y situarse en el 34,22%, uno de sus peores resultados de la comunidad. En A Coruña, donde el PP alcanzó el año pasado por primera vez la alcaldía de la ciudad, el balance tampoco fue muy favorable al partido de Feijóo. Logró el 39,66% de los votos, casi cuatro puntos menos que en 2009.

Sumadas las siete ciudades —que en conjunto aportaron uno de cada tres votantes que acudieron a las urnas el pasado domingo—, el triunfo de la izquierda fue claro. Entre PSdeG, AGE y BNG recogieron 244.000 votos, el 47,78% del total y casi 50.000 más que el PP. En las urbes es donde resulta más llamativo el éxito de la coalición entre el veterano exlíder del BNG Xosé Manuel Beiras y Esquerda Unida. Si en el total de Galicia la formación de izquierda alternativa alcanzó casi el 14% de los apoyos, en las ciudades su cuota supera el 18% y pisa los talones a los socialistas, que se quedan en el 20,97%, ligeramente por encima de su media de la comunidad autónoma. AGE incluso superó al PSdeG en A Coruña y Santiago y se quedó a un solo voto de diferencia en Ferrol. Ese fuerte avance de Beiras le pasó factura al BNG, que tuvo peores resultados en las mayores aglomeraciones urbanas (un 8,5%) que en el total de Galicia (10,16%).

El avance de Beiras se asienta en las urbes, en las que pisa los talones al PSOE

El hundimiento socialista es generalizado y de dimensiones parecidas a las sufridas por el PSOE en otras recientes convocatorias electorales en España. “En las últimas generales y en las andaluzas perdimos 10 puntos, justo lo que hemos retrocedido ahora en Galicia”, recordaba ayer un destacado dirigente socialista. Esa caída porcentual se traduce en 190.000 votos menos que en 2009. Eso significa que en tres años y medio el PSdeG ha perdido casi el 40% de su electorado en los comicios autonómicos. La mejor imagen del hundimiento socialista es la provincia de A Coruña, que en tiempos fue su gran bastión electoral, donde incluso logró resistir en las épocas de mayor hegemonía del PP. El pasado domingo, los socialistas perdieron en esa circunscripción 12 puntos porcentuales, tres de los escaños que tenían y se situaron a la cola de las cuatro provincias gallegas con un raquítico 18,67% frente al 16,69% de la coalición encabezada por Beiras.

Si bien los tres grandes partidos que han monopolizado el mapa político gallego en las dos últimas décadas han sufrido pérdidas en mayor o menor medida, lo cierto es que, entre las pequeñas formaciones, solo la coalición de izquierda alternativa ha logrado aprovechar esa situación. UPyD, en contra de la tendencia en toda España, ha perdido 2.000 votos respecto a 2009, con un porcentaje similar a entonces, el 1,48%. Mario Conde apenas logró convencer a 15.781 gallegos, el 1,1%. La mayoría de esos votos (9.556) los recaudó en Pontevedra, la provincia por la que concurría como cabeza de lista el exbanquero.

La emigración y el índice de participación

La forma en que la Xunta de Galicia presentó los datos en la noche electoral provocó ciertas confusiones sobre la caída de la participación. Durante todo el día, el Gobierno gallego comparó las cifras de asistencia a las urnas con las de 2009 a las mismas horas en que se realizaban los muestreos, lo que arrojaba una caída de casi siete puntos porcentuales.

Tras el cierre de los colegios, la web de la Xunta que fue ofreciendo el avance del escrutinio indujo a pensar que el aumento de la abstención era mucho menor, de apenas un punto. El problema es que los datos ofrecidos de las anteriores elecciones incluían el recuento de los sufragios de la emigración, que no se realiza hasta varios días después de celebradas las elecciones en Galicia y que siempre bajan los índices de participación. Esta vez lo harán aún más, ya que solo ha votado el 5,85% de los residentes ausentes.

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