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Uwe Seeler

A veces el deporte acierta a desprenderse de su coraza mercantil y es capaz de hacer posible al héroe, categoría humana muy denigrada últimamente

Uwe Seeler lanza un penalti durante un partido en Hamburgo en 1972.
Uwe Seeler lanza un penalti durante un partido en Hamburgo en 1972.Loh (AP)

Quienes fueron niños en la década de los sesenta acaso lo recuerden por los cromos que se vendían en los meses previos a los campeonatos del mundo de fútbol. También, claro está, por los partidos internacionales televisados. En una época en que la Furia Roja proporcionaba pocas alegrías, jugadores brasileños, italianos, alemanes y de otros países colmaban la propensión de los niños a buscar ídolos y modelos. En el escaparate de los mitos estaban, entre otros muchos, Pelé, Eusebio, Bobby Charlton, Gianni Rivera, el portero ruso Yashin (apodado la Araña Negra) y uno por el que yo sentía especial predilección: el alemán con el número 9, Uwe Seeler.

Eran tiempos en los que la televisión en blanco y negro contribuyó a popularizar lo que ya entonces era designado como deporte rey, sospecho que en detrimento de la lidia, al menos como estímulo principal para determinadas emociones. De Uwe Seeler se sigue recordando aquel gol habilidoso de coronilla que metió contra Inglaterra en México 70. Era ya un veterano entre jóvenes que cuatro años más tarde se proclamarían, sin él, campeones del mundo.

Uwe Seeler tiene un valor simbólico altamente apreciado todavía en Alemania. En un país entonces dividido en dos Estados, separados por una frontera punto menos que infranqueable, representó una forma de engrandecer a la nación sin causar daño a los vecinos, sin invadir sus tierras, sin declararse superior, tan sólo por la vía del trabajo constante, la modestia, el pundonor y la solidaridad con los compañeros. A veces el deporte acierta a desprenderse de su coraza mercantil y es capaz de hacer posible al héroe, categoría humana muy denigrada últimamente, sobre todo por quienes sufren en la acercanza del mérito ajeno. Uwe Seeler falleció la semana pasada, a la edad de 85 años, cerca de su Hamburgo natal. Me van quedando pocos vivos en el viejo álbum.

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