DOS SIGLOS DEL PRADO

Cristina Iglesias y el ilusionismo espacial de Van der Weyden

La idea era invitar a 10 personajes de distinto y distinguido pedigrí, colarlos en el Prado y dejarlos solos con su obra favorita —de noche y con el museo desierto— y que luego contaran la experiencia. La intención final: contrastar esa forma inhabitual de contemplar el arte, solitaria y serena, con el ruido y la furia del tumulto contemporáneo en los museos. Unos lloraron, otras se extasiaron, todos disfrutaron. Este es el resultado de aquella noche tranquila de Cristina Iglesias.

Análisis

Gymkana para los grandes maestros

Las obras son, de derecho, de Patrimonio Nacional. Pero de hecho, son del Prado