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Tras los restos de la última batalla del Mencho en Tapalpa

EL PAÍS accede al lujoso complejo de cabañas, en la sierra de Jalisco, donde el narcotraficante más buscado del mundo y su círculo de seguridad enfrentaron al Ejército mexicano. En el lugar todavía quedan restos de sangre, balas, casquillos, vehículos y equipo táctico

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Tapalpa Country Club: la exclusiva urbanización donde se ocultaba El Mencho
Una habitación dentro de una de las cabañas, en Tapalpa, Jalisco, este miércoles.Foto: Roberto Antillón

La cabaña tiene dos salones: uno está decorado con cabezas de animales disecados y el otro es un escenario de guerra. El sofá contra la puerta, balas por el suelo, una ventana estallada por un disparo, un baúl como trinchera, también un ciervo al que le falta una oreja. Es la casa más grande del complejo de cabañas de lujo La Loma, en Tapalpa, el pueblo favorito de los ricos de Jalisco y también, desde el domingo, el lugar donde el Ejército mexicano acabó con Nemesio Oseguera Cervantes, el líder del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG). En esta parcela —que incluye una docena de viviendas, cancha de básquet, camas elásticas y estacionamiento— todavía quedan restos de sangre, casquillos, huellas de disparos, vehículos y equipo táctico. Son los restos de la última batalla que dio El Mencho y su equipo de seguridad, antes de que el narcotraficante huyera entre los árboles con cuatro de sus escoltas. Allí, entre la maleza, fue herido de muerte. Todavía ahora sale humo del bosque.

EL PAÍS accede a este complejo de cabañas tres días después del operativo militar. Está con las puertas abiertas, sin protección federal ni estatal. Lleno de vestigios del enfrentamiento, rodeado de campo quemado y de vehículos calcinados. Tampoco hay integrantes de ningún cuerpo de seguridad cerca. El hospedaje Cabañas La Loma está identificado por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos como una de las empresas vinculadas al Cartel Jalisco desde 2015. En el pueblo, lo conocían como uno de los lugares más privados de esta sierra, que está acostumbrada a ver pasearse a personas con escolta y vehículos de lujo.

Tapalpa se encuentra a unas dos horas de Guadalajara, la capital de Jalisco. Con unos 20.000 habitantes, no es un lugar estratégico, a diferencia de otras localidades cercanas, que tienen conexión directa con Colima y Michoacán, parte del bastión del CJNG. “Ha sido siempre un lugar de descanso”, cuenta un taxista, que relata que el cantante Alejandro Fernández construyó aquí su cabaña, que el boxeador El Canelo llega para pasar unos días y que los principales políticos y empresarios jaliscienses tienen entre estos pinares una casa. “Es tan tranquilo que hasta los malos quieren venir a descansar aquí”, se ríe un vendedor en la plaza principal.

En el pueblo conocían este complejo como el que se rentaba, de vez en cuando, para hacer fiestas con importantes grupos de música regional mexicana, “de esos que una noche cuesta más de un millón de pesos [unos 60.000 dólares]”. El sábado pasado hubo una de esas fiestas, afirma un vecino. Alrededor de las cinco de la mañana, Catalina —nombre ficticio— se despertó por los ruidos. “Al principio pensé que eran cohetes para celebrar a la Virgen”, cuenta esta joven que vive justo en esa zona, “pero no dejaba de tronar”. Eran disparos constantes. Empezó a amanecer y a Pedro, de 79 años, su hija le avisó de que no saliera, no podía ir al mercado a comprar su menudo, porque “algo gordo” estaba pasando. “A nosotros nos llamaron porque había un gran operativo, federal, por allá por el Country”, señala el taxista.

El número 39

El Tapalpa Country Club fue erigido hace tres décadas a las afueras de la localidad. A pie de la carretera, es casi tan grande como el propio pueblo. Una de sus casas, la número 39, estuvo desde el día 20 de febrero vigilada por el Ejército mexicano. Los militares tenían identificada a una de las parejas sentimentales del Mencho (quien está casado con Rosalinda González Valencia, detenida en 2018). La amante del capo —de la que no ha trascendido su nombre— fue trasladada ese viernes hacia Tapalpa. Con ayuda “complementaria” del Gobierno de Estados Unidos, el Ejército identificó exactamente la casa donde estaban, que fue captada por un dron con visión nocturna. La mujer salió del pueblo al día siguiente, pero El Mencho se quedó.

Ahí apareció una oportunidad de oro para las autoridades mexicanas, que lidian desde hace un año con el látigo de Donald Trump para ofrecer resultados en seguridad. El líder del Cartel Jalisco era el premio gordo, el criminal más buscado lado a lado de la frontera. Escurridizo y precavido, apenas circulaban tres fotos suyas y lo protegían habitualmente un centenar de hombres en sus círculos de seguridad. Sin embargo, en la madrugada del domingo 22 de febrero, el gran jefe, el mero mero, estaba con la guardia baja.

La pelea con el Ejército no fue en la casa dentro del Country, que, excepto por una puerta tumbada, estaba intacta, sino en las vigiladas Cabañas La Loma, a unos dos kilómetros. El relato del Ejército señala que, primero, un grupo terrestre de militares se desplegó para cercar el lugar con el objetivo de detener al Mencho, pero sus escoltas respondieron “con un ataque muy violento”, según el secretario de Defensa, Ricardo Trevilla. Al “repeler” el ataque, los uniformados mataron a ocho escoltas del Mencho a lo largo de toda la propiedad. De ahí recuperaron siete armas largas, ocho vehículos, dos razers (cuatrimotos) y dos lanzacohetes (uno blindicide y otro ruso, tipo RPG, que ya se había utilizado una década antes para derribar un helicóptero que iba a por El Mencho en esa misma zona).

Las huellas de la batalla

Del operativo contra el Ejército quedan todavía las huellas. En el estacionamiento están esparcidos los casquillos, hay sangre en el suelo y también en una camioneta. Hay una moto tumbada con disparos. Aparecen botas, cinturones y guantes tácticos, pasamontañas, gafas de protección contra balas, bragas de cuello militares, cartucheras y funda para navajas, desperdigados por todos los niveles de la propiedad. Hay cristales estallados en la mayoría de las cabañas, tanto en puertas como en ventanas. Hay huecos de disparo de bala en paredes y en entradas, también al lado de estatuas religiosas. Hay una estampilla de San Judas y de la Virgen de Guadalupe casi en cada vivienda, también oraciones y cartas de amor. “No se olvide de mí. Te amo mucho”, se lee en un sobrecito rojo. “Tu Güerita forever”, en otro amarillo.

Las 10 cabañas en las que ha entrado EL PAÍS parecían haber sido ocupadas y desalojadas con urgencia: quedaba comida en ollas y platos, sartenes a medio hacer en el fuego, excrementos en los váteres y toallas femeninas en las papeleras, pasta de dientes en los lavabos y cuchillos sucios en las encimeras. El recibidor de la casa más alta estaba lleno de decenas de medicamentos, incluido un tanque de oxígeno e insulina, y había pastillas para el dolor y melatonina en cada cabaña. Había cuadernos con garabatos, invitaciones a torneos de toros en ranchos e instrucciones de ejercicios de pesas. Había jeans, playeras, calcetines y boxers en las habitaciones y en el pasto. Había cajas de cocos y patatas congeladas, cereales, huevos, latas de maíz, queso, refrescos, botellas de alcohol y galletas dispersos por toda la propiedad, también en los alrededores.

Este fue el primer escenario de la batalla, pero no donde murió El Mencho. El narcotraficante huyó al ver llegar a los militares. Le acompañaron cuatro de sus escoltas, un lanzacohetes, granadas, tres armas largas y dos cortas. Se internaron en el bosque. Ahí los persiguió el equipo de Fuerzas Especiales. Los vecinos señalan que también llegaron seis helicópteros. Uno fue disparado por el capo mientras estaba entre los árboles y tuvo que hacer un aterrizaje de emergencia en Sayula, a unos 45 kilómetros. En un momento de la pelea, que ya duraba más de cinco horas, el sonido cambió. “Se oyó como una bomba, cimbró la tierra”, señala el taxista. “Papá, ¿por qué tiembla el suelo?“, le preguntó su hijo. Otra vecina apunta lo mismo: ”Ya no eran las balas, sonaban como bombas". El Ejército no ha reportado que sus unidades tiraran otro tipo de munición, tampoco que El Mencho hiciera detonar las granadas que llevaba. El bosque por donde escapó el capo sigue escupiendo humaredas.

Las represalias

Pasado el mediodía se empezó a hacer el silencio. Según el general Trevilla, El Mencho y dos de sus escoltas estaban “muy graves” y era necesario evacuarlos. Por lo que “una vez controlada la situación”, un helicóptero descendió para llevarlos hacia Guadalajara. Sin embargo, “fallecen en el trayecto”. Entonces, los militares cambian de plan: no pueden llevar el cadáver del líder del Cartel Jalisco a la capital de Jalisco. Lo mueven a Morelia, Michoacán, y de ahí a Ciudad de México, para que la Fiscalía General de la República hiciera los análisis de identificación.

Mientras tanto, el CJNG ya había iniciado la ola de violencia en represalia por la muerte de su jefe. Colocaron más de 250 bloqueos, 65 de ellos en Jalisco. Tres días después aún se observan los esqueletos calcinados, de un camión que llevaba melones, de otro de paquetería o de varios coches, utilizados para cerrar las vías. “Todas las entradas de Tapalpa se cerraron”, comenta el taxista. En cuanto los militares se fueron después de los operativos, “el pueblo se quedó solo, a la deriva”. Cayó la noche y salió el cartel. “Iban como perros”, señala Joame, una vecina de Tapalpa: “Yo estaba en la cocina cuando les oí gritar: ‘Traigan gasolina para quemar el Oxxo”.

Primero quebraron el vidrio y después echaron dentro el cóctel para empezar a quemarlo. Lo rociaron de gasolina. Este establecimiento está a unos metros de una gasolinera. “Mi mayor temor era que llegara y que todo explotara”, apunta esta mujer de 53 años, que vive justo enfrente con su hijo: “Así que salí con cubetas de agua, pero Protección Civil me vio y me dijo: ‘Señora, no arriesgue su vida”. Eran las nueve de la noche, estuvo en vilo hasta que a las dos de la mañana el incendio empezó a remitir. “El Gobierno nos dejó solos con ellos”, insiste. “Tanto el alcalde como el gobernador, ni sus luces, aquí no nos ayudó nadie”, apunta el taxista. Una policía municipal consultada por este periódico reconoce que la orden que recibieron fue resguardarse dentro de sus casas.

En Tapalpa ya tenían experiencia en extracciones de narcotraficantes. En 2023, un operativo también del Ejército se vengaba de la desaparición de José Isidro Grimaldo, coronel de caballería, a quien se le había perdido el rastro justo en el pueblo un año antes. El 25 de noviembre helicópteros artillados llegaron a esta sierra y se llevaron a Juan Carlos Pizano Ornelas, conocido como El CR, un jefe de plaza del CJNG, a quien vinculaban con la desaparición del coronel. Del militar nunca han aparecido los restos y el pueblo se olvidó a los días de la experiencia. “Pero esta vez es diferente”, reconoce el taxista: “Es un personaje mundial, no es cualquier persona”. Ahora les preocupa que vuelva el turismo —del que viven— y que el cartel no tome más represalias. “Claro que tengo miedo, pero yo digo que mientras, hay que seguir chambeando, hay que seguir viviendo, no queda de otra”.

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