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LEY SILLA
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Que descansen los trabajadores

El Senado aprueba la Ley Silla para que los empleados que pasan largas jornadas en pie puedan tomar reposo, un paso en la dirección correcta

Trabajadoras atienden a la clientela de un supermercado en Ciudad de México.
Trabajadoras atienden a la clientela de un supermercado en Ciudad de México.Marian Carrasquero (Bloomberg)
Carmen Morán Breña

Hubo un tiempo en que los carteros cargaban un pesado costal de casa en casa con la correspondencia. En algunos sitios, como en España, cuando las mujeres se incorporaron a estas tareas cambiaron el morral por un carrito con ruedas, como el que usaban para ir a la compra. Fácil y rápido, todos se adaptaron a una mayor comodidad laboral que en nada modificaba el resultado final. ¿Hay que ir al trabajo en tacones? No. ¿Hay que portar enormes bandejas llenas de platos para servir una mesa? No. ¿Hay que ponerse un minishort y un escote hasta el ombligo para atender un bar? Ya saben la repuesta.

En muchos negocios de México todo eso sigue ocurriendo. Y también trabajar de pie largas jornadas sin poder descansar las posaderas ni un minuto, dizque porque da mala imagen, según los empresarios. Y de paso, algunos empleos alejan a las mujeres de ellos, claro. Sin embargo, el resultado final es el mismo: una mesa bien servida no necesita un charolón a hombros, no jueguen. Esta semana, el Senado ha dado un buen paso en la dirección correcta, lo han llamado Ley Silla, la que obliga a permitir el descanso con respaldo o un simple descanso por momentos durante el trabajo. Son muchos los oficios que requieren horas y horas de pie, algo sobre cuyos estragos en la salud ya se ha pronunciado la comunidad científica. Ley Silla, pues. Bienvenida.

Este asunto tiene un añejo regusto a esclavitud y servidumbre inaceptable en cualquier tiempo, menos en este. O sea, clasismo. El empleado debe estar de pie al servicio constante que de él se requiera. Eso de sentarse… ¿qué es eso de sentarse? En los restaurantes hay una legión de hombres, meseros, de pie esperando que cualquiera levante la mano o la mirada para correr a servir. Si estuvieran sentados, ¿no serían tan diligentes, no traerían el tequila a tiempo? Es hora de ir cambiando tan rancias costumbres por una buena salud laboral. Lo que algunos empresarios exigen solo le trae gasto al sistema sanitario público, así que es muy oportuno que los senadores cuiden el bien de todos, para que cada vez los hospitales se parezcan más a los de Dinamarca. Y el que no esté conforme que coma en casa. Habrá todavía quien se queje de que las azafatas se sientan cuando despega el avión, qué falta de respeto al honorable viajero. Muchas tareas se hacen sentados en una silla, como los servicios bancarios, la senaduría o cualquier oficina que requiera papeleo y una mesa, y no se oye al cliente quejarse de que el empleado no se levantó y se quitó el sombrero a su llegada con una reverencia.

Mala imagen es que haya personas que todavía defiendan que las mujeres no trabajan de meseras porque no pueden llevar esas charolas parabólicas, además de que es mentira. O que no se pueda esperar sentado al cliente que llega buscando unos zapatos. Son cosas tan bobas que huelga hasta escribir sobre ello, pero hete aquí que el Senado nos obliga a pararnos sobre el asunto. Parados con gusto para recibir las mejores noticias.

Si de dignidad laboral se trata, bien podrían los legisladores abundar un poco más y evitarnos el bochornoso espectáculo de ver a esas mujeres semivestidas en algunos bares. Obligadas a mostrar su anatomía para servir un filete. ¿Qué imagen da eso? La peor, la de la mujer objeto para satisfacción de una clientela cuestionable, por decir lo menos. Hay muchas cosas que cambiar todavía para poder hablar de dignidad laboral. ¿Acaso son menos dignos los hombres que van en cómodos zapatos y pantalones, los que no invierten una hora en maquillarse cada mañana, los que no nos enseñan su escote peludo? No, solo son más libres y menos estereotipados. Los privilegios se caen por su propio peso. Mentira parece que todavía haya que legislar para esto. Eviten tanto lastre, como hicieron los carteros. Trabajar bien y en las mejores condiciones, eso es la dignidad.

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Sobre la firma

Carmen Morán Breña
Trabaja en EL PAÍS desde 1997 donde ha sido jefa de sección en Sociedad, Nacional y Cultura. Ha tratado a fondo temas de educación, asuntos sociales e igualdad. Ahora se desempeña como reportera en México.
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