La visita de Arturo Zaldívar a la cárcel de Santa Martha Acatitla empuja el debate para limitar la prisión preventiva oficiosa

El presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación recibe las peticiones de unas 200 mujeres presas, entre las que está la exsecretaria Rosario Robles

Arturo Zaldívar, sale del penal de Santa Martha Acatitla donde se reunió con internas el 11 de mayo en Ciudad de México.
Arturo Zaldívar, sale del penal de Santa Martha Acatitla donde se reunió con internas el 11 de mayo en Ciudad de México.Sashenka Gutierrez Sashenka Gutiérrez (EFE)

En un hecho prácticamente inédito en México, el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Arturo Zaldívar, ha visitado una cárcel para conocer la situación de las personas privadas de libertad. Zaldívar se desplazó el miércoles a la prisión federal femenil Santa Martha Acatitla, en Ciudad de México, donde 220 mujeres le trasladaron sus peticiones de justicia, incluida la exsecretaria Rosario Robles. La llegada del ministro empuja uno de los debates pendientes en el sistema judicial en el país: el abuso de la prisión preventiva oficiosa, que permite meter a la cárcel a los acusados sin sentencia. Una situación en la que se encuentra la mayoría de la población reclusa en México.

“Comprobé los vicios del sistema penal mexicano que he venido señalando desde hace mucho tiempo. La necesidad de revisar la prisión preventiva oficiosa, de establecer criterios más claros para la prisión preventiva justificada. Tenemos que desterrar que haya tantos procesos tan largos y que las personas tengan que estar 10, 15 años presas sin haber sido sentenciadas”, dijo Zaldívar en una comparecencia tras el encuentro.

La visita tiene lugar después de que 500 internas le enviaran una carta y también de la liberación de Alejandra Cuevas. El caso de Cuevas, que salió el 28 de marzo de Santa Martha tras un año y medio encerrada debido a una decisión de la SCJN, evidenció la facilidad para mantener a alguien en prisión en México sin tener las pruebas necesarias que demuestren su responsabilidad en el delito. “Es algo sumamente doloroso, los delitos fabricados, las violaciones al debido proceso, las fallas de Ministerios Públicos, Fiscalías, jueces, policías, en fin un panorama que reflejó el drama de las mujeres en prisión”, reconoció Zaldívar.

En los últimos años se han incluido muchos más delitos que ameritan prisión preventiva oficiosa —como el huachicol, el robo a casa habitación o el robo con arma— como una solución desesperada ante la escalada de inseguridad en el país. “Ante los problemas sociales: cárcel. La exigencia de justicia en México se ha reducido a la cárcel, porque es la salida fácil para los legisladores, pero eso no resuelve la violencia”, considera la abogada Paola Zavala. Esta figura está incluida en la Constitución mexicana para un máximo de dos años, sin embargo, la saturación de los tribunales y la lentitud de la justicia alargan durante años los procesos judiciales, mientras el acusado sigue esperando en la cárcel sin sentencia. “En México hay un abuso de la prisión preventiva oficiosa. Debe ser excepcional, cuando se ponga en riesgo de fuga o que destruya pruebas o que se ponga en riesgo a testigos”, dijo Zaldívar, que desgranó que en el caso de Santa Martha entre el 60% y el 70% de las presas están así.

Para Zavala, fundadora de la asociación Ocupa y especialista en reinserción social, la visita del presidente de la SCJN a la cárcel es un paso importante: “Tendrían que ir todos los jueces y todos los legisladores, para ver con sus ojos a dónde están mandando a la gente”. La analista reitera que las condiciones en las cárceles son tan violentas que luego cuando las personas, “inocentes o culpables”, que han estado ahí salen, la violencia se replica como “una bola de nieve”. Por esa razón, la abogada apuesta por otro tipo de sistema menos punitivista que permita ir sacando a personas de las prisiones.

Para esta reflexión sobre nuevas alternativas de justicia, Zavala considera clave la entrada en el panorama de Zaldívar, como un aliado contra figuras como la prisión preventiva oficiosa. El propio ministro calificó su encuentro en Santa Martha como “histórico”: “De esta visita puede haber resultados, les dije a las mujeres. Es histórico. Si no generamos medidas no dejaría de ser una anécdota. No se trata de mí, si se tratara de mí sería una vanidad estúpida y frívola”, sostuvo. El presidente de la SCJN concluyó llamando a la reflexión de los juzgadores para que sean más sensibles ante las injusticias y dejen de ver los expedientes como si no hubiese personas detrás.

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Beatriz Guillén

Redactora de EL PAÍS en México. Trabaja en la mesa digital y suele cubrir temas sociales. Antes estaba en la sección de Materia, especializada en temas de Tecnología. Es graduada en Periodismo por la Universidad de Valencia y Máster de Periodismo en EL PAÍS. Vive en Ciudad de México.

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