Brecha digital

Quién usa el ordenador del colegio

La falta de seguimiento en zonas pobres como el Polígono Sur de Sevilla impide saber si los alumnos aprovechan los dispositivos entregados

Una voluntaria enseña a un alumno a utilizar un ordenador en el colegio Corpus Christi de Sevilla.
Una voluntaria enseña a un alumno a utilizar un ordenador en el colegio Corpus Christi de Sevilla.CLAUDIA VILA

Una niña escribe en una cartulina, en la primera planta del colegio sevillano Paz y Amistad: “En esta crisis me he sentido (…)”. Y dibuja una cara triste. Este verano participa en las actividades que la asociación Entre Amigos desarrolla en varios centros del Polígono Sur (Sevilla), donde se localiza la renta media más baja de España, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). La brecha digital es un problema generalizado, y los más de tres meses de confinamiento de los estudiantes han evidenciado la urgencia de revertirla. En el caso de estos alumnos en riesgo de exclusión social, la brecha se ha convertido en un hachazo.

Solo en este barrio, al que pertenece la zona conocida como Las Tres Mil Viviendas, hay ocho colegios que imparten infantil y primaria, tres centros infantiles, cuatro de secundaria y un centro de educación permanente. Sus carencias han sido diversas, y a la falta de dispositivos se ha unido la ausencia de apoyo a los profesores volcados en las clases. Además, muchos niños no han sabido usar las herramientas digitales.

José Cava, director del instituto Polígono Sur, teme la posibilidad de un nuevo confinamiento que coja a nueve de cada 10 alumnos de su centro sin ordenador o tableta. “Son unos 200 y la mayoría tampoco tiene conexión a Internet en casa”, explica. De esos dos centenares, apenas 56 alumnos de los últimos cursos recibieron los dispositivos a finales de mayo, tras más de dos meses confinados. El problema no desapareció: el 75% de los estudiantes no siguió las lecciones hasta el final del curso, según el director del centro.

Los trabajadores sociales de Entre Amigos ya notan en las clases de refuerzo el déficit que han dejado los meses de confinamiento. Y la misma asociación plantea la necesidad de que se controle el uso que tienen luego las herramientas y la conexión que se facilitan a los alumnos, con objeto de saber si algunas familias –que ya suelen presentar dificultades para ayudar a sus hijos en casa– los utilizan para el entretenimiento.

Fuentes de la Consejería de Educación de Andalucía defienden que se está haciendo todo lo posible para que los alumnos sigan la materia, pero admiten que no tienen manera de controlar el uso de los aparatos informáticos para fines académicos: “Obviamente se podría llegar a más alumnos, pero no puedes espiar qué hacen los niños con los dispositivos, solo puedes darles facilidades para conectarse”.

Maribel Loranca, del área de educación del sindicato de UGT, plantea que no está generalizado el uso de las nuevas tecnologías como herramienta educativa y muchos estudiantes lo asocian a tiempo de ocio. Por ello, defiende que se requiere un planteamiento digital, acuerdos con grandes operadoras y que los padres participen del proceso.

La implicación de las familias es otra de las dificultades para revertir el problema. En el Polígono Sur, algunos de los padres no pueden ayudar a sus hijos porque no tienen los mínimos conocimientos. José Cava señala que más allá de una brecha digital hay una social: “Las competencias de las familias de la zona son mínimas en todos los sentidos: la social, la académica, la lingüística...”.

Sin embargo, tampoco hay acuerdo a la hora de responsabilizar a los padres de la educación de sus hijos. Por ejemplo, la ONG de defensa de la infancia Aldeas Infantiles SOS critica que se haya trasladado a los hogares esa tarea. “Es el Estado el que debe hacerlo”, señala la portavoz Laura Prados. Esta organización sí ha desarrollado un sistema completo: ha repartido 350 dispositivos y ha emprendido un acompañamiento telefónico y visitas domiciliarias para resolver dudas. Álvaro Ferrer, técnico de Incidencia Política y Equidad Educativa en la organización Save The Children, también pide que la distribución de material vaya de la mano de tutores y figuras de refuerzo que den apoyo socio-emocional. “No es solo el aprendizaje, el problema es la desvinculación con la escuela”, advierte.

En otro barrio de Sevilla, Heliópolis, en el colegio concertado Corpus Christi, la mayoría de los alumnos provienen del Polígono Sur. Algunos invierten muchas horas jugando a videojuegos como el Fortnite, pero no saben ni crear un documento Word. Por ello, las voluntarias universitarias del Colegio Mayor Alborán han impartido durante el mes de julio el curso Superando la Brecha Digital. Julián, uno de los alumnos, tiene 11 años y cuenta que le gusta el Power Point porque antes las presentaciones las tenía que hacer en el cuaderno. Su madre, Rosalía Cortés, explica que en casa tienen para él y su hermano mayor un ordenador, que se les rompió. Entre bromas, comenta que ella quería ser médico, pero a los 24 años se casó con un “payo” y dejó los estudios. Ahora, con 38, es consciente de que lo más importante es mirar por el futuro de su hijo.

La Consejería de Educación de Andalucía trabaja con el objetivo de volver a las clases presenciales, aunque reforzarán las plataformas digitales y repartirán 150.000 portátiles entre los alumnos, pero solo a los que están en etapas finales. De momento, no hay planes para hacer un seguimiento del uso de estos dispositivos.

En cualquier caso, la situación del barrio más pobre de España no es una excepción. Hay cerca de ocho millones de menores en edad escolar, desde educación infantil a secundaria, que han tenido que adaptarse a las clases telemáticas, según datos del INE. El problema de la brecha digital afecta también a regiones con más conexión, como Aragón.

Juan Pérez Ventura es profesor de Geografía e Historia en Pedrola (Zaragoza) y comenta que algunos adolescentes del Instituto Siglo XXI no entendían la frase “adjunta un archivo en el correo”. De los ocho alumnos de 2º de ESO del Programa Mejora Aprendizaje y Rendimiento, seis presentaban problemas de comprensión del ámbito digital.

Castilla-La Mancha es la comunidad con menor número de ordenadores en cada casa, con un 74,2%, según el INE. Para el nuevo curso la previsión es de una inversión de 28 millones de euros para adquirir dispositivos, pero tampoco se ha diseñado el seguimiento de su uso. Y como ejemplo de lo ya ocurrido, Eduardo Balmori, profesor de Inglés en Villanueva de la Torre (Guadalajara), cuenta que en su centro, entre el 20% y el 25% de alumnado del IES Newton-Salas “no dio señales de vida”, y de ahí que defienda la importancia de que exista una mayor implicación de los padres en los hogares. Un alumno recibió una tableta pero acabó con todo el curso suspendido. “No aprovechó los medios que le dieron. Fue una inversión perdida”. Al menos, hasta que se compagine con otras medidas.

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