Francia busca candidato para batir a la ultraderecha en las presidenciales
La división dentro de los partidos complica la designación de un aspirante capaz de hacer frente al partido de Marine Le Pen y mantener el equilibrio en Europa a un año de unas elecciones cruciales

Los pasillos del Elíseo se han ido vaciando. Algunos teléfonos, cuentan quienes han paseado por el palacio presidencial estos días, suenan sin que nadie responda. La desbandada de colaboradores ha ido in crescendo en las últimas semanas. Desde principios de año, más de una decena ha saltado al sector público o privado. El más significativo, el todopoderoso secretario general del Elíseo, Alexis Kohler. “Es normal. Queda muy poco y nadie seguirá con el siguiente presidente. Todo el mundo piensa ya en 2027”, señala una persona que despacha con el jefe del Estado.
La música de fin de fiesta es cada vez más intensa a un año exacto de unas elecciones presidenciales a las que Emmanuel Macron no podrá presentarse tras dos mandatos. Es la primera vez en la V República en que un presidente se marcha por obligación a casa ―así lo impone la reforma constitucional de 2008― con solo 48 años. Una más de las rarezas de unos comicios cruciales para Europa, y en los que todavía no hay una figura clara que lidere un bloque moderado capaz de llegar a la segunda vuelta y disputarle a la ultraderecha la que sería una victoria histórica desde 1945.
Las elecciones de 2027 son las más excepcionales en décadas y constituirán el eje sobre el que basculará gran parte de la política de Occidente. “No es solo Francia. Las consecuencias serán muy relevantes para el resto del mundo”, señala Gilles Gressani, director de la revista Grand Continent. “Será una campaña marcada por cuestiones internacionales, algo ya relativamente raro, para elegir a un presidente de la República. Pero también se busca a un jefe del Ejército. El debate público y el político están muy alejados, pero los votantes se darán cuenta en algún momento de que la persona que ocupe el Elíseo podría tener que tomar una decisión de una gravedad extrema y afrontar rupturas muy profundas”, insiste.
La lucha en Europa entre los extremistas y los viejos defensores del europeísmo atraviesa un cierto impasse con regusto a tablas. Viktor Orbán fue derrotado en Hungría gracias a una amplia alianza de los demócratas; en Polonia, los europeístas volvieron hace dos años y medio al poder; y el pasado otoño, en Países Bajos, perdió la derecha xenófoba de Geert Wilders. Al mismo tiempo, el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en 2025 dio un impulso en todo el mundo a las fuerzas del repliegue y la reacción, aunque las guerras del republicano y sus excesos han llevado a algunos en la extrema derecha europea a distanciarse de él. Y en Alemania, las fuerzas europeístas resisten todavía ante un ciclo electoral despejado ante el empuje de los ultras de AfD, cada vez más cerca del poder. El gran enigma es Francia, fundador de la UE y único país de los Veintisiete con la bomba nuclear, donde una victoria de la ultra Marine Le Pen o su delfín, Jordan Bardella, podrían decantar la balanza.
La incertidumbre es total. Pero ni siquiera la ultraderecha puede designar oficialmente a un candidato. Le Pen, en el mejor momento político de su carrera, espera el próximo julio la sentencia definitiva que determinará si queda inhabilitada para la política y tiene que ceder el paso a su segundo, el presidente del Reagrupamiento Nacional (RN), Bardella. Muchos en sus filas la dan ya por amortizada. “El juicio irá bien, pero no sé si tanto...”, admitía a este periódico una de las principales figuras del partido hace algunas semanas. “Somos lo mismo. Da igual votar a uno que al otro”, lanzó ella hace tres días, allanando el terreno ante una posible sentencia adversa.
Las malas noticias, sin embargo, también son buenas en el RN. Los sondeos señalan a su joven relevo (30 años) como una opción más completa para alcanzar el Elíseo. Bardella, el político mejor valorado, es la punta de lanza de la conocida como “estrategia de la corbata”, un proceso por el que la ultraderecha se ha ido acercando poco a poco a los votantes de la derecha tradicional, al mundo económico y las élites de París, aunque eso último sea más complicado. El momento cumbre se produjo el pasado 20 de abril, cuando el presidente del RN acudió a la sede de la patronal (Medef) a almorzar con los grandes empresarios del país. A la luz del día, con fotos. Sin esconderse, como solía ocurrir antes.
La única criptonita ante el RN se llama por ahora Édouard Philippe. El ex primer ministro, alcalde de Le Havre y presidente del grupo centrista Horizons, tiene un índice de adhesión del 36% en el barómetro del instituto Odoxa de marzo para Public Sénat, y vuelve a situarse por delante de Marine Le Pen (34%), aunque sigue por detrás de Jordan Bardella (38%). Juega en su contra su pasado macronista y, como explica Vincent Martigny, investigador del centro de estudios políticos de SciencesPo (Cevipof), las encuestas a un año vista “son tramposas porque se basan en una oferta política incompleta”. “La realidad es que no tenemos a los candidatos. El RN es el partido mejor posicionado, porque es la familia política más estructurada y estable ahora mismo, pero no tenemos la oferta completa y eso es determinante. Francia busca aún su candidato”.

La campaña llegará en el momento de mayor bloqueo político en Francia desde que se creó la V República (1958): con la Asamblea fragmentada, cada vez más polarizada y en la que ningún bloque tiene mayoría. Un solo nombre es seguro; este domingo confirmó que será candidato: Jean-Luc Mélenchon, líder de La Francia Insumisa (LFI), el partido más a la izquierda del hemiciclo, que podría llegar a disputarle la segunda vuelta al candidato del RN si el bloque central y la izquierda no logran salir del caos de candidaturas en el que llevan sumidos semanas y que amenaza con generar una dramática desunión. Una segunda vuelta entre los extremos, según todas las encuestas, daría la victoria a la ultraderecha.
El politólogo Denis Merklen, profesor en la Universidad de la Sorbona, cree que LFI y RN “funcionan como estructuras políticas que giran en torno a un líder” y facilitan estos procesos. “Todo el mundo pensaba que esa indefinición iba a reducirse con las elecciones municipales, pero los resultados no dieron mucha información como para clarificar las posturas. Lo que está claro es que en la próxima cita electoral habrá una mayor polarización”, señala al teléfono.
Los diez años de Macron en el Elíseo y sus dos campañas electorales marcaron un punto de inflexión para Francia: ya no se necesitaba un partido tradicional para ser presidente. Un hecho que marca ahora la proliferación de candidaturas y las carreras en torno a pocas sillas antes de que deje de sonar la música repentinamente. “Hoy vemos múltiples candidatos porque no hay ese filtro propuesto por el organigrama de los partidos, que dictaba quién se podía presentar. Vemos que habrá una proliferación de candidatos potenciales. Pero los sondeos tendrán un papel muy importante entre la rentrée [el mes de septiembre] y el próximo enero para identificar quién podrá mantenerse en la carrera. Es una elección en la que, para ganar en el segundo turno al RN, habrá que lograr agrupar y unir a muchos votantes”.
La constelación de candidatos crece. En la izquierda han levantado ya el brazo Raphaël Glucksmann, fundador de Plaza Pública; el descafeinado líder de los socialistas, Olivier Faure; o el expresidente François Hollande, que solo cumplió un mandato, así que podría presentarse de nuevo. Aunque batiese récords de impopularidad en su momento. “¿Cómo puedo ser útil para Francia? Preparándome para 2027”, declaró hace unos días en una entrevista. El dilema podría resolverse con la celebración de primarias, aunque hay disparidad de criterios también en este asunto.
La división en la izquierda abre una autopista a Mélenchon, cree el politólogo François Dosse, viejo mentor de Macron, a quien acusa de haber alimentado el crecimiento de la ultraderecha en su libro Macron o las ilusiones perdidas (Le passeur, 2022). “Mélenchon se pasará la campaña atacando a los socialistas. Y eso nos lleva a un paseo militar del RN en la segunda vuelta. Ideológicamente, es hoy completamente dominante. También en los medios, donde ha conseguido una hegemonía hasta ahora impensable. Esa es la hipótesis más probable, aunque siempre puede haber alguna sorpresa, claro. Ya lo vimos hace 10 años”.
Un candidato inesperado podría aparecer entre septiembre y diciembre, periodo en el que se determinarán las posibilidades de cada aspirante. El caso de Macron en 2017 ilustra bien la posibilidad de un invitado sorpresa que desafíe los pronósticos. El actual presidente solo se lanzó oficialmente a la carrera seis meses antes de la cita electoral, aunque contaba ya con una sólida precampaña detrás.
El bloque de centro, heredero del macronismo, tiene entre sus aspirantes declarados a Philippe, que pretende aglutinar también al votante de derecha. También se han postulado desde el centro el ex primer ministro Gabriel Attal y la ministra de Igualdad, Aurore Bergé. En la derecha tradicional ya han oficializado su candidatura el exministro del Interior Bruno Retailleau, líder de Los Republicanos; el antiguo primer ministro Michel Barnier; o Dominique de Villepin, que ocupó el mismo cargo con Jacques Chirac. “Todo el tiempo que pase sin que sepamos quién va a presentarse será tiempo perdido de campaña”, analiza Martigny. “Los tiempos son cada vez más cortos porque los electores son menos prisioneros de las ideas políticas y cada vez deciden más en el último momento, tanto en la izquierda como en la derecha”, señala el investigador.
La gran mayoría de candidatos irá borrándose en los próximos meses. Una cosa es declarar una ambición, como recuerda Martigny, y otra acudir finalmente a las urnas, pues también está el problema de la financiación de la campaña. “En las presidenciales de 2002 se postularon hasta 20 candidatos, pero luego hay coaliciones y siempre hay uno que se impone”, recuerda. En 2022, en los últimos comicios, se presentaron 12.
El debate se centra hoy en los nombres, pero “en realidad la pregunta que se van a hacer los franceses dentro de unos meses no es quién se va a presentar, sino qué va a proponer”. Especialmente en un mundo donde el efecto Donald Trump condiciona profundamente la demanda de los electores. “Más que la persona, habrá cuestiones cruciales como la gestión del poder, pues Macron ha hecho un mandato muy vertical”. Sin embargo, es el líder europeo que más ha reivindicado el papel de Europa como potencia, así que “por el contexto geopolítico, estas son las elecciones francesas más importantes para el futuro de la UE”, concluye Martigny.


























































