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López Obrador se lanza a la conquista del norte de México

El candidato presidencial se vuelca en la zona que tradicionalmente más ha desconfiado de él para crecer, a costa del desencanto con el Gobierno

López Obrador, durante su mitin en Tijuana. EPV

Cruzazulear es una expresión mexicana que debe su éxito a un fracaso continuo. La eterna derrota que llega cuando la victoria está cantada es un mantra entre los seguidores del Cruz Azul, un equipo de fútbol de la Ciudad de México, pero aún más entre sus adversarios. Un estigma que trasciende el deporte y se ha instalado en la política. En año electoral, a cada candidato se le asocia con un club. Con Andrés Manuel López Obrador, dos veces derrotado candidato presidencial, líder en todas las encuestas, nadie duda. Ni siquiera él: “Siempre van ganando 3 a 0 y terminan empatando o perdiendo. Hay que evitarlo, no podemos confiarnos, hay que perseverar y ganar 5 a 0”.

Más fanático del béisbol que del fútbol, es el propio López Obrador quien bromea con la anécdota sin que haga falta dar pie a ella. Lo hace mientras espera para embarcar en un vuelo comercial desde San José del Cabo, al sur de la península de Baja California, hasta Tijuana, al otro extremo, a más de 1.000 kilómetros, donde esta tarde de sábado de abril dará el segundo mitin del día. Desde el inicio en Ciudad Juárez, el líder de Morena ha dedicado la mayor parte de las tres semanas que van de campaña a recorrer el norte del país, la zona que siempre ha visto con más desconfianza y recelo, sobre todo entre la clase empresarial, a un político que comenzó su trayectoria con movilizaciones populares y trabajando con campesinos del sureste. Un vasto territorio en el que la oposición casi siempre fue una cuestión de grandes grupos económicos y en el que la izquierda que aspira a representar López Obrador ha sido históricamente débil. Morena, el partido que creó expresamente para este tercer y último intento –según dice- de llegar a la presidencia trabaja contra el reloj para consolidar una estructura de cara a las elecciones del 1 de julio.

La ola de desencanto con el actual Gobierno y por ende con el PRI se percibe también en el norte. Es la mayor baza de López Obrador. El aspirante ha priorizado la capitalización de ese hartazgo, a costa de moderar su discurso, sin que implique un apoyo expreso a sus planteamientos o ideales. “Nos han gobernado el PRI y el PAN y todo sigue igual, no siento que vaya a ir a peor con él”, asegura Paulina Sepúlveda, de 33 años, desempleada, mientras escucha el mitin de López Obrador en Tijuana. Es la primera vez que lo ve en vivo, y como ella miles de los que han colapsado varias avenidas de ciudad fronteriza.

-Estamos ganando en todo los Estados del norte del país, ¡la gente está prendida!.

López Obrador, a la llegada a un mitin.
López Obrador, a la llegada a un mitin.

López Obrador trata de hacer calar la idea de que algo está cambiando al inicio de cada mitin. De que el norte lo abraza. O viceversa. Sea en Tijuana, Rosarito, Tecate, Mexicali, o días después en Sonora o Sinaloa. La algarabía se desata cuando llega a los mítines y atraviesa un pasillo vallado por el que la agente se agolpa para verlo de cerca, camino al escenario, generalmente descubierto, partiendo de la máxima de que él tiene que pasar el mismo calor que los de abajo. De la misma manera, demagógica para muchos, ejemplar para otros, que no recibe botellas de agua ni titubea en retirarlas del atril si alguien la deja antes de que hable o se la ofrecen, por muy senador que sea.

El candidato al que tanto se ha comparado con Hugo Chávez resulta más próximo al carisma de Lula y las mañas en vivo del Evo Morales que palia sus carencias oradoras con la capacidad para abrazar el descontento de la gente. “Con el pueblo todo, sin el pueblo nada”. La frase de Benito Juárez, una de las figuras que reivindica junto a la de Francisco I. Madero y Lázaro Cárdenas, se vuelve rutina en todos los mítines, como las referencias a la “mafia del poder” o las promesas de que bajará “los sueldos de los de arriba para subir los sueldos de los de abajo”.

Sin más equipo de prensa que su vocero, César Yáñez, su sombra y fortín allá donde va, López Obrador es quien acapara más atención y quien marca la agenda de la campaña. Un día antes del mitin en Tijuana anunció que invitaría al Papa a un diálogo por la paz en México. Logró así frenar los ataques de sus rivales por la amnistía a los criminales que, meses atrás, sugirió que estudiaría.

 

-No basta con apoyar: ¡Hay que defender el voto!

Simpatizantes de Morena, durante la simbólica toma de protesta que realiza López Obrador en sus actos.
Simpatizantes de Morena, durante la simbólica toma de protesta que realiza López Obrador en sus actos.

López Obrador concluye sus intervenciones con una toma de protesta simbólica de los simpatizantes de Morena. Ellos serán los encargados de vigilar las casillas el día de la votación, la máxima obsesión, si no preocupación, del candidato y su entorno; la que aterriza la euforia de las encuestas y de los mítines. De puertas para adentro, Morena sigue trabajando en el blindaje de la jornada electoral. Tienen aún que preparar un ejército mayor casi el mexicano –de más de 200.000 personas- para garantizar una estructura robusta el 1 de julio.

Para reforzarla, cuando no crearla, López Obrador se ha rodeado de gente de su máxima confianza. Uno de ellos es Marcelo Ebrard. Su sucesor en la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México está encargado de la primera circunscripción. En números redondos, 31.200 mesas electorales “Necesitamos garantizar la presencia de 62.000 personas, con sus suplentes. En general, el avance es del 60%, pero hay que duplicarlo”, explica Ebrard, inseperable durante de esta gira de López Obrador, con quien apuntala los trabajos pendientes en los trayectos entre cada acto. En su regreso a la arena política mexicana, es, detrás de su jefe, quien más cariño recibe entre la muchedumbre. Él se muestra optimista. “Hay un promedio de 1,5 millones de votos que antes no teníamos, muy mal se nos tiene que dar para no conseguir los simpatizantes que tenemos”.

“El gran reto que tenemos es superar la desventaja de dinero con el adversario”, prosigue el exjefe de Gobierno de la capital, entendiendo como enemigo al omnipresente PRI más que al Frente. Si el mayor miedo a corto plazo es que Ricardo Anaya pueda recortar terreno en las encuestas, la mera idea de llegar igualados al 1 de julio con José Antonio Meade genera mucha inquietud. En Morena aún no tienen capacitados a muchos de los que vigilarán los votos. “Es un trabajo muy fangoso, un proceso casi notarial del siglo XVIII y fundado en la desconfianza. Muy pesado para el ciudadano”, explica Ebrard.

“Va a ser decisivo”, zanja el asesor de López Obrador cuando se le pregunta si considera que el norte del país va a ser clave en la votación: “Es una elección con muy poco margen si quitas el voto consistente. Andrés ha sacado unos 15 millones de votos siempre, no hay por qué pensar que esos se van a ir a otro lado. El centro y el sur del país sabes que lo vas a ganar, pero necesitas también el norte, al menos una parte, para lograr la presidencia, pero también una mayoría en la Cámara. Vencer y tener un Congreso en contra puede ser muy difícil”.

Al descontento con el PRI y el actual Gobierno, el analista Jesús Silva-Herzog suma otros factores como detonantes del crecimiento: “El PAN perdió la elección por los pleitos internos. Además, hace un año se pensaba que López Obrador ya no tenía la energía de otros años, había mucho menosprecio, como si no tuviéramos que prestarle demasiada atención. Ese menosprecio no se tradujo en pánico, sino en duda sobre cómo podría ser su futuro gobierno. Sigue habiendo personajes aterrados con su victoria, pero no tienen la fuerza de hace 12 años”.

Ese miedo a una victoria de López Obrador sigue latente entre el mundo empresarial. Su intención de frenar el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México como está concebido hasta ahora ha desatado una ola de críticas, hasta el punto que ha llevado al hombre más rico del país, Carlos Slim, a salir en defensa de la obra. Además, la patronal dio por concluida esta semana las conversaciones técnicas sobre el nuevo aeródromo ante la posición de López Obrador.

En el norte, la desconfianza es mayor si cabe. Durante meses, el principal asesor del candidato, el empresario regio Alfonso Romo ha intervenido para paliar ese temor. Las reuniones con altos directivos se han venido sucediendo, con mayor intensidad desde septiembre. Monterrey, en Nuevo León, sigue siendo el eslabón más débil. De ahí que la validación de la candidatura del gobernador del Estado, Jaime Rodríguez, El Bronco, pese a tener más de un millón de firmas falsas no haya sentado nada bien. “Quieren contener a Andrés en el norte y usar al Bronco como golpeador, va a ser un provocador todos los días”, asegura Ebrard.

-Me dicen mis asesores que no me pelee, que no me caliente. No vamos a caer en provocaciones.

No sin sorna, como quien se muerde la lengua a punto de reventar, López Obrador bromea en casi todos los mítines sobre su carácter ante los ataques de sus rivales. La duda sobre la moderación de su discurso y si esta es por convicción o por necesidad permea sobre el candidato a pocos días de que se celebre el primer debate presidencial. En Morena dan por hecho que todos los aspirantes tratarán de provocar a López Obrador para sacar su peor versión.

López Obrador, durante un acto; al fondo, Marcelo Ebrard.
López Obrador, durante un acto; al fondo, Marcelo Ebrard.

Al menos hasta el momento, el tres veces candidato presidencial ha logrado el beneficio de la duda en muchos que antaño resultaban críticos con él. Durante una reunión de Ebrard con empresarios locales en San José de los Cabos para escuchar sus reclamos –la mayoría sobre la falta de agua y el aumento de inseguridad en la zona, uno de los asistentes resumió la campaña: “Les estoy invitando a que no dividan, a que no satanicen al rico, a que sigan con esta mesura y moderación. Que Andrés Manuel no traicione la oportunidad histórica que se le ofrece, que no es por él, es por Peña Nieto. La luna de miel va a ser muy corta. La problemática del país es muy grande y él no es Dios”.

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