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El Frente Amplio mide su peso en el apoyo a Guillier

La coalición de izquierda anuncia este miércoles si respalda al oficialismo en la segunda vuelta de las presidenciales

La excandidata presidencial chilena Beatriz Sánchez, el pasado mes en Santiago de Chile.
La excandidata presidencial chilena Beatriz Sánchez, el pasado mes en Santiago de Chile. AP

Uno de los principales nudos de la política chilena tras la primera vuelta de las elecciones presidenciales, celebrada el pasado 19 de noviembre, es el eventual apoyo del izquierdista Frente Amplio al candidato de centroizquierda, el oficialista Alejandro Guillier. A menos de tres semanas de la segunda vuelta, el 17 de diciembre, la nueva coalición surgida de las manifestaciones estudiantiles de 2011 tiene previsto anunciar este miércoles su posición. El 20,27% que obtuvo su candidata, la periodista Beatriz Sánchez, la dejó en un tercer lugar y fuera del balotaje. El sorpresivo porcentaje de apoyo a la aspirante, sin embargo, puso a su bloque en una situación privilegiada para definir la elección entre el oficialismo y la derecha de Sebastián Piñera.

Por primera vez desde el retorno a la democracia, en 1990, el centroizquierda y la izquierda tienen un respaldo similar, al menos con respecto a las presidenciales. Sánchez prácticamente le pisó los talones a Guillier —que obtuvo un 22,70%, dos puntos más que ella— por lo que en estos días el Frente Amplio ha intentado mostrar su peso y presionar para que el oficialismo de Michelle Bachelet corra el cerco hacia la izquierda y adopte algunas de sus iniciativas emblemáticas.

“Se acabó la hegemonía de la centroizquierda por sobre la izquierda en Chile”, señalaba en entrevista con EL PAÍS uno de los referentes intelectuales del Frente Amplio, el sociólogo Carlos Ruiz. “Tendrán que conversar en otros términos con otros grupos de la izquierda que estuvieron acallados por tanto tiempo”.

Guillier se encuentra en una posición compleja. Necesita conquistar a buena parte de los electores de Sánchez, que obtuvo 1,3 millones de votos a nivel nacional. Pero, paralelamente, no puede descuidar el centro político, donde también busca electores Piñera. Su campaña, por lo tanto, está tensionada entre quienes empujan por la moderación y los que defienden las transformaciones y la incorporación de las demandas del Frente Amplio.

La coalición de izquierda ha instalado en el debate público un puñado de demandas como condición para un eventual respaldo a Guillier: el fin del actual sistema privado de pensiones, que se elimine la deuda que contrajeron los estudiantes con los bancos para poder estudiar y, entre otras, el compromiso de una Asamblea Constituyente para una nueva Carta Magna que reemplace a la de Augusto Pinochet de 1980.

El abanderado oficialista ha cedido, en parte, a algunas demandas. En el acto de relanzamiento de su campaña para la segunda vuelta el lunes, Guillier anunció cambios programáticos en sintonía con lo que pide el Frente Amplio. El senador señaló, por ejemplo, que borraría la deuda que adquirieron estudiantes con los bancos, pero solo para el 40% más pobre. No se comprometió a terminar con el actual sistema de pensiones y las administradoras privadas, pero indicó que acabaría con el “monopolio” y crearía un sistema alternativo.

“Quien no entiende el minuto histórico que estamos viviendo pagará ante la historia las consecuencias de su error. Puede haber un retroceso conservador o consolidamos el camino del cambio para Chile”, señaló Guillier.

Pero el Frente Amplio, compuesto por 14 movimientos y partidos de procedencia distinta —como el Pirata, el Liberal o el Humanista—, no ha tenido un proceso fácil de resolución interna. La deliberación ha sido compleja justamente por la diversidad de fuerzas que componen la coalición.

Algunas han descartado llamar a sus adherentes a votar por Guillier y otro puñado ha decidido dejar a sus votantes en libertad de acción. Los dos principales grupos, Revolución Democrática y el Movimiento Autonomista, decidieron postergar para el final sus respectivas posiciones. Está previsto que este miércoles, en una reunión amplia de la coalición, se llegue a una decisión definitiva. 

Entrada al Ejecutivo

Algunos dirigentes del Frente Amplio, como el diputado electo Miguel Crispi, ya han explicitado que votarán por Guillier en segunda vuelta. Lo que parece descartado, sin embargo, es que formen parte del Ejecutivo, de llegar a ganar el centroizquierda. “En ninguno de los casos el Frente Amplio quiere asumir responsabilidades políticas en un eventual Gobierno, lo que significa que el 11 de marzo [cuando asuma la nueva Administración] pasamos a ser oposición”, señaló el diputado Giorgio Jackson, exlíder del movimiento estudiantil de 2011.

Al margen de la decisión que se anuncie formalmente, el Frente Amplio apuesta en este periodo a mostrar su fuerza con miras al mandato presidencial de 2018-2022. Con 20 parlamentarios y un senador, la coalición considera que se está produciendo una especie de largada de caballos que definirá la posición de los diferentes grupos en el tablero político, gane Piñera o Guillier el próximo 17 de diciembre.

Piñera amolda sus propuestas

El candidato de la derecha, Sebastián Piñera, ha debido amoldar sus propuestas con miras a la segunda vuelta. Vencedor el 19 de noviembre, pero con un porcentaje menor de lo esperado (36,6%), el expresidente busca apoyo en el centro político y en los sectores populares para intentar ganar una elección que será estrecha y voto a voto. Una de sus primeras medidas ha sido incorporar a su campaña a Manuel José Ossandón, uno de sus principales opositores dentro de su propia coalición. Senador con una fuerte base de apoyo en la popular zona sur de Santiago de Chile, Ossandón pidió a cambio de su respaldo una serie de medidas, como avanzar en la gratuidad para la educación superior. Aunque Piñera estaba en contra de incrementar este beneficio —que el Gobierno de Michelle Bachelet hará llegar hasta el 60% más vulnerable de los estudiantes—, el candidato de derecha prometió que la gratuidad aumentará y se enfocará en la formación técnica.

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