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Muere en Chile Margot Honecker, la mujer fuerte de la desaparecida RDA

La viuda de Erich Honecker, líder de la Alemania Oriental, fallece a los 89 años en su casa de Santiago

Margot Honecker durante su visita a un hospital en 2008.
Margot Honecker durante su visita a un hospital en 2008. ap

En su casa de Santiago de Chile y acompañada de su hija Sonja, de una amiga y de una enfermera, alrededor de las 7.20 horas de esta mañana falleció Margot Honecker, la mujer fuerte de la desaparecida República Democrática Alemana (RDA). Tenía 89 años y aunque estaba enferma de un cáncer de hígado, no perdió nunca la lucidez. Hace meses no se le veía en actividades públicas, como recepciones diplomáticas, a las que asistía esporádicamente. El pasado 17 de abril había conmemorado su cumpleaños junto a su estrecho círculo íntimo, pero la Primera Dama de Alemania Oriental se terminó de extinguir este viernes de madrugada, cuando comenzó su agonía. Para mañana está programado su funeral en el Cementerio Parque del Recuerdo de la capital chilena, donde sus restos serán cremados en un funeral sencillo a las 10.00 de la mañana local.

Nacida en 1927 en la ciudad de Halle, a los 22 años se convirtió en la parlamentaria más joven de la RDA. Desde 1963 hasta 1989 se desempeñó como ministra de Educación Popular, mientras su marido, el comunista Erich Honecker, entre 1976 y 1989 alcanzó la Jefatura de Estado de la Alemania Oriental. Como ministra y Primera Dama, llegó a ser una de las mujeres más poderosas de la órbita soviética. Sus discursos eran televisados ante millones de alemanes y el papel que cumplió en esas décadas todavía desatan resistencia entre sus compatriotas. Su vida en Chile, sin embargo, era sumamente discreta y reservada. Luego de la caída del Muro de Berlín, la pareja ingresó a la embajada de Chile en Moscú en diciembre de 1991. Después de una difícil negociación diplomática, la orden de Boris Yeltsin de expulsarlos y del inicio de un juicio en Alemania por la muerte de 49 personas que intentaron cruzar el muro, comenzó el destierro en Sudamérica. Arribaron a Chile en 1992, donde Erich Honecker falleció dos años después también a causa de un cáncer de hígado.

Los vecinos del municipio de La Reina, en la precordillera de Santiago, acostumbraban a verla paseando por el barrio y haciendo las compras. Residía en el condominio Andalaué, donde podía vivir con mucha tranquilidad: en Chile su rostro no era conocido masivamente por la ciudadanía. Pero aunque procuraba el bajo perfil, se cuidó siempre de no entregar opiniones políticas y sus amistades se restringían a un puñado de militantes comunistas, Margot Honecker nunca dejó de reivindicar en privado el régimen de su marido. Fue en 2012, sin embargo, cuando rompió su silencio ante la televisión pública alemana: “Para mí, la República Democrática Alemana era mi vida. Yo trabajé, colaboré, desde el primer momento, por la construcción de ese país. Dediqué toda mi vida a ello y es verdaderamente trágico que ya no exista”, señaló en el documental La caída de los Honecker, que alcanzó altísimos niveles de audiencia en su país.

Honecker era consiente de que los 13 años de Gobierno de su marido tenían fuertes detractores en el mundo. Pero en el documental de 2012 se decidió a responder las acusaciones: “¿Cuáles fueron los crímenes de la RDA? ¿Que la gente haya vivido en libertad? ¿Que las personas tuvieran perspectivas en su vida? ¿Que las personas pudieran ganar un sueldo honestamente? ¿Que tuvieran una buena educación, un buen sistema de salud? ¿Que las personas pudieran opinar? ¡Que me expliquen dónde está el delito!”, señaló Honecker. Sobre la muerte de 136 personas que intentaron cruzar el muro que dividió Alemania durante 28 años, la mujer fuerte de la RDA negó que el régimen haya ordenado dispararles: “Para nadie es indiferente que una persona joven pierda la vida de esa manera, porque es una muerte innecesaria. Esa persona no tenía para qué haber saltado por encima del muro. Pagar con la vida por esa estupidez es algo terrible”.

Nunca dejó de estar atenta a lo que ocurría en Alemania. En su habitación instaló un ordenador, donde leía a diario las noticias de su país. Tampoco llegó nunca a estar de acuerdo con la unificación: “Se equivocaron. Cometieron un enorme error político”, indicó en La caída de los Honecker.

En Chile, el país al que llegó hace 24 años, quedará su hija Sonya y sus dos nietos chileno-alemanes. Su funeral de este sábado se realizará directamente en el crematorio del cementerio, donde se producirá una especie de conversación entre quienes le quieran dirigir algunas palabras. Entre los asistentes estarán militantes comunistas y dirigentes de izquierda chilenos que vivieron su exilio en la desaparecida RDA.

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