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Meirelles, favorito para ministro de Hacienda en Brasil

El economista que fue presidente del Banco Central (BC) en los dos Gobiernos de Lula se ve de nuevo instado a salvar al país

Siempre ha habido una historia de amor entre el mercado financiero brasileño y Henrique Meirelles. El dinero vuelve a confiar en que el expresidente del Banco Central (BC) en los dos Gobiernos de Lula (2003-2010) vuelva a salvar al país, ahora como ministro de Hacienda, en un futuro Gobierno del vicepresidente Michel Temer si Dilma Rousseff es destituida. “El mercado financiero le adora, le jura amor eterno”, bromea Luis Eduardo Assis, exdirector del BC.

El expresidente del Banco Central de Brasil Henrique Meirelles, en Brasilia en 2015.
El expresidente del Banco Central de Brasil Henrique Meirelles, en Brasilia en 2015.

Por ahora, ni Temer ni Meirelles confirman el cortejo, aunque se hayan filtrado tres encuentros entre ambos en las últimas dos semanas, que provocaron que la bolsa subiera y el dólar cayera.

Tras una larga y premiada carrera en Brasil y en el exterior, Meirelles está al frente del Banco Original, del grupo JBS. Entre estos dos empleos privados, su paso por el Gobierno de Lula se recuerda por una comunicación transparente, un ciclo exitoso de reducción de intereses, una inflación controlada y una expansión continua del PIB. Entonces estaba afiliado al Partido Socialdemócrata Brasileño (PSDB) y parecía demasiado alineado con la élite para estar en un Gobierno centrado en los trabajadores. A las empresas les llevó su tiempo descongelar los proyectos de inversión hasta estar seguras de que el exsindicalista no haría locuras con la economía. Meirelles actuó como avalista de Lula y ayudó a romper la resistencia de los inversores.

Afiliado ahora al Partido Social Democrático (PSD), el economista nacido en Anápolis (en el centro-oeste) hace 70 años, se ve de nuevo instado a cumplir el papel de garante de la economía en un momento delicado para Brasil. Pero con algunas diferencias sustanciales con respecto a su primera etapa. Entonces, Lula tenía el apoyo de los 50 millones de votantes, aunque los empresarios desconfiaran. Ahora ocurre lo contrario. Meirelles puede entrar en un Gobierno con un bajísimo apoyo popular —solo el 8% de los brasileños se sienten representados por Temer— y altas expectativas por parte de los mercados.

Si se confirma como ministro de Economía, tendrá que tomar medidas bastante indigestas como reducir el gasto público, reformar la Seguridad Social —y la edad de jubilación— y aumentar los impuestos, medidas que incendiarán los movimientos sindicales y sociales. “Nadie se hace grandes ilusiones de que va a salvar el país a corto plazo, pero lo primero es ofrecer confianza. Y Meirelles puede hacerlo”, observa Roberto Rodrigues, exministro de Agricultura de Lula.

El economista Luis Eduardo Assis cree que Rousseff ya tomó muchas medidas amargas el año pasado y que la situación ahora es más cómoda. “Para bien o para mal, el año pasado ya se realizaron ajustes en el precio de la gasolina, de la energía, y se aumentaron los intereses para controlar la inflación, que empieza a ceder”, afirma. Aunque todavía supere la meta oficial, la inflación cerrará este año cerca del objetivo del 6,5%. En 2015, fue del 10,67%.

A priori, Meirelles tiene a su favor un Congreso que apoya la llegada de Temer y que puede aprobar las reformas impopulares necesarias.

Un hombre fuerte

En un Gobierno Temer, Meirelles ofrece otro atributo valioso. “Por fin, un ministro que conseguirá ser ministro”, afirma el consultor Sérgio Valle, refiriéndose a Rousseff. A la presidenta, también economista, se la acusa de interferir en las decisiones del Ministerio, como cuando discrepó de Joaquím Levy por el ajuste fiscal. “Levy estaba aislado. Con Meirelles, podremos tener un triunvirato afinado”, dice Valle.

Además, Meirelles reúne cualidades que gustan al mercado.

Cuando asumió la presidencia del BC en 2003, los tipos de interés rondaban el 25% y la inflación había cerrado el año anterior en un 12,53%, por encima de la meta de la época, el 11%. Cuando se fue, los tipos de interés eran del 10,75% y la inflación del 5,91%, por debajo del techo del 6,5%. A ojos de sus admiradores, Meirelles supo dar la dosis justa de veneno, incluso a lo largo del trágico 2009, que afectó al mundo entero. Ahora falta saber si contrariará la máxima del mercado: beneficios pasados no garantizan beneficios futuros.

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