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Suu Kyi será clave

Myanmar afronta unas elecciones cruciales. La premio Nobel de la Paz no se puede presentar como candidata a la presidencia, pero resultará determinante

Aung San Suu Kyi, en un mitin en Thanlyin, en los alrededores de Yangon, el 21 de agosto.
Aung San Suu Kyi, en un mitin en Thanlyin, en los alrededores de Yangon, el 21 de agosto.

El 8 de noviembre los votantes de Myanmar acuden a las urnas. La perspectiva de unas elecciones relativamente libres (o “lo suficientemente buenas”) son mucho mejores que en 2010, cuando llegó al poder un gobierno dirigido por generales jubilados del antiguo régimen militar. Aunque, en su favor, hay que decir que la administración del presidente Thein Sein implantó reformas de amplio alcance que han generado un panorama político más variado y han librado al país de la imagen de paria que tenía en Occidente.

Durante las anteriores décadas de régimen militar, la oposición democrática birmana se osificó y su líder languideció bajo arresto domiciliario. Hoy, el partido opositor Liga Nacional para la Democracia (NLD, siglas en inglés) de Aung San Suu Kyi, premiada con el Nobel y figura política más popular del país, está bien situado para obtener el mayor bloque de escaños del Parlamento. No obstante, hay retos importantes en el horizonte. La Constitución sigue prohibiendo que Suu Kyi acceda al máximo cargo, el de presidenta.

La división del partido gobernante. A medida que se acercan las elecciones, se han puesto de manifiesto las disensiones dentro del Partido Unión, Solidaridad y Desarrollo (USDP, siglas en inglés). El 13 de agosto, unos policías armados rodearon la sede del partido en Rangún, la capital del país hasta 2005, y los miembros del partido depusieron a su presidente, Shwe Mann.

Este poderoso exgeneral con ambiciones presidenciales había abierto una estrecha colaboración interpartidista con Suu Kyi. Cuando era portavoz de la Cámara Baja del Parlamento, permitió una votación parlamentaria sobre la enmienda de la llave maestra constitucional (Sección 436 de la Constitución de 2008). La propuesta —que no se aprobó— habría reducido de tres cuartos a dos tercios la mayoría exigida para que el Parlamento reforme la Constitución. Habría privado de su derecho de veto a los militares, que se reservan la cuarta parte de los escaños del Parlamento.

Las elecciones están generando una situación de competencia política y polarización intensas

Siempre fue poco realista esperar que se lograse algo así dentro del actual sistema. Pero para Shwe Mann se trataba de un cálculo político: corría el rumor de que Suu Kyi, con muy pocos aspirantes plausibles dentro de su partido, podía considerar a Shwe Mann como un candidato viable a la presidencia. Aunque esa posibilidad sin duda habría sido atractiva para Shwe Mann, su derrocamiento significa que los miembros de su propio partido ya no están dispuestos a apoyarle.

Una política personalista. La maniobra es también el último de los indicios de rivalidad entre Shwe Mann y el presidente Thein Sein, quien también ha dado a entender que está interesado en un segundo mandato.

La líder de la oposición también podría optar por reclamar la presidencia para sí misma, lo que desencadenaría una crisis política y constitucional

El Ejército inició la transición hacia una “democracia disciplinada” y sigue respaldándola. Dentro de este sistema imperfecto, permitir los personalismos antes de las elecciones, en lugar de después, probablemente sea preferible para la estabilidad.

¿Posible falta de acuerdo, posible crisis? El camino hacia el poder no está despejado para nadie. Aun cuando el NLD obtuviese más escaños que cualquier otro partido, el sistema electoral probablemente le impediría ejercer el poder ejecutivo de forma directa.

Teniendo en cuenta la proporción asignada a los militares en ambas cámaras, el NLD necesitaría al menos dos tercios (unos 333) de los escaños en liza para conseguir una mayoría suficiente para gobernar. Casi con seguridad, las elecciones convertirán a Suu Kyi en un poder en la sombra, y tal vez incluso en la persona que decida quién gobierna en 2016. Pero tendrá que negociar con los bloques militares y con multitud de pequeños partidos del Parlamento —especialmente, los partidos étnicos minoritarios y un reducido pero todavía vivo USDP—. Ella, viuda de un ciudadano británico, tiene prohibido optar al cargo en virtud de la Sección 59-f de la Constitución, que impide que accedan a la presidencia candidatos con familiares extranjeros.

Una estrategia basada en una sola mujer. Durante los más de cuatro meses que separan el anuncio de los resultados electorales de la investidura del nuevo Gobierno, podrían aflorar muchas tensiones. Hasta ahora, Suu Kyi ha respondido con flexibilidad en el mutante panorama político. Ha tratado de cambiar su imagen de símbolo de los derechos humanos por la de una política realista que aspira a formar gobierno (en Occidente ha sido objeto de críticas por este cambio, especialmente por su supuesta negativa a manifestarse en contra de la persecución de la comunidad musulmana rohingya).

Sin embargo, su partido tiene problemas propios que debe afrontar. El comité central del NLD rechazaba hace poco a muchos candidatos electorales propuestos por los activistas de base y por el influyente grupo Generación 88 de exactivistas estudiantiles. Esto ha dañado la imagen del partido. También es síntoma de un problema mayor: Suu Kyi sigue siendo esencial para la viabilidad política de su partido. No hay herederos evidentes en la dirección y, desde luego, ninguno con su pedigrí político, lo que plantea dudas sobre la capacidad del NLD para gobernar.

La líder de la oposición también podría optar por reclamar la presidencia para sí misma, lo que desencadenaría una crisis política y constitucional. Si lo hiciera, es probable que consiguiera apoyo nacional e internacional.

La alternativa sería establecer una gran alianza, o un Gobierno de unidad nacional, en virtud del cual el NLD respaldaría a un presidente con credenciales militares a cambio de una reforma de la Constitución que permita a su líder ser presidenta en el futuro. Dado su veto práctico sobre las reformas constitucionales, cualquier pacto exigiría el apoyo del comandante en jefe, que no ha dado muestras de estar dispuesto a facilitar la reforma.

Perspectivas a largo plazo. Siempre ha resultado ilusorio creer que Myanmar podría convertirse en una auténtica democracia en menos de cinco años. Más bien al contrario, las elecciones están generando una situación de competencia política y polarización intensas. Los dos factores más importantes para la estabilidad serán el apoyo —o al menos la aquiescencia— de los militares al próximo gobierno del país y la aceptación —nacional e internacional— del hecho de que las elecciones no tendrán ganadores claros. Aun cuando algunos candidatos puedan perder más que otros.

Traducción de News Clips.

 Hervé Lemahieu es investigador asociado de Economía Política y Seguridad del International Institute for Strategic Studies (IISS).

 

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