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La revuelta en el Tíbet se extiende fuera de la capital y China detiene a otras 24 personas

El Gobierno de Pekín reconoce que la violencia desatada en Tíbet se ha extendido a las provincias vecinas y admite, por primera vez, que ha utilizado armas de fuego para controlar a los manifestantes

Las autoridades chinas han reconocido que las protestas violentas se ha extendido a las provincias con fuerte población tibetana vecinas al Tíbet, en cuya capital Lhasa, detuvieron a 24 personas y 170 se entregaron, según la agencia oficial Xinhua. Asimismo, y por primera vez desde que comenzaron los disturbios en las provincias tibetanas, Pekín ha admitido que la policía china utilizó armas de fuego y que disparó e hirió a cuatro manifestantes a comienzos de esta semana en un poblado tibetano.

Según fuentes policiales, citadas hoy por la agencia estatal Xinhua, los efectivos actuaron "en defensa propia" cuando abrieron fuego sobre los manifestantes el domingo pasado en el condado de Aba, una zona étnica tibetana en la parte occidental de la provincia de Sichuan.

China afirma que 13 "civiles inocentes" murieron en los disturbios de la semana pasada en la capital de Tíbet, Lhasa, escenario de varios días de protestas pacíficas contra Pekín. Sin embargo, las autoridades tibetanas en el exilio colocan la cifra de fallecidos en hasta un centenar, principalmente a manos de efectivos militares y policiales chinos.

Según testigos citados por AFP, Pekín está reforzando su contingente militar en torno a Tíbet. Por otra parte, el Dalai Lama, líder espiritual tibetano, ha expresado en una conferencia de prensa su temor a que sean "numerosas" las víctimas por la represión china: "No sabemos la cifra exacta, unos dicen seis, otros dicen cien. Me preocupa que haya habido muchas víctimas". El Dalai Lama ha manifestado también su predisposición a reunirse con el presidente chino, Hu Jintao, si cesa la violencia.

"He visto un convoy de al menos 200 camiones con 30 militares cada uno, por lo que cerca de 6.000 soldados están siendo desplazados en una sola jornada", ha informado Georg Blume, periodista del diario alemán Die Zeit, tras ser expulsado de la capital tibetana, Lhasa. Otro testimonio, el de un reportero de la BBC, ha afirmado que desde el oeste de China ha podido contar unos 400 vehículos militares en dirección a Tibet. Este mismo periodista ha informado de que los militares de estos vehículos van equipados con armas automáticas con bayonetas.

Otros periodistas de la cadena pública británica han informado de la llegada de un tren con dos decenas de vehículos, camiones y coches 4x4, a la línea fronteriza entre Qinghai y Gansu. Estos reporteros han leído sobre los vehículos la frase "Fuerza de reacción rápida de la policía armada china".

La revuelta, más allá de Lhasa

La violencia desatada en las provincias de Sichuan y Gansú está estrechamente vinculada a la sucedida en Lhasa y coordinada por "el Dalai Lama y su camarilla", según fuentes gubernametales locales, citadas por Xinhua. "Los hechos no fueron coincidencia sino que estuvieron coordinados. Fueron sabotajes bien organizados y premeditados cuyo ulterior motivo es perturbar los (Juegos Olímpicos) JJ OO de Pekín, destrozar la paz y estabilidad, y dividir el país", dijo Zhang Yusheng, portavoz del gobierno provincial de Gansú.

Hoy, la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, ha hablado telefónicamente con su homólogo chino Yang Jiechi, para pedir que el Gobierno chino muestre contención hacia los manifestantes y reanude el diálogo con el Dalai Lama.

Según el periódico oficial Tibet Daily, las dos docenas de sospechosos fueron además arrestados por "poner en peligro la seguridad nacional, golpear, destrozar, saquear y otros crímenes graves", que originaron inestabilidad y violencia. La cuidada terminología de "crímenes graves" y "atentado contra la seguridad del Estado" alude, según fuentes independientes, a que en China se pueden aplicar a los responsables de estos delitos duras condenas e incluso la pena de muerte.

Veto a la prensa extranjera

Las provincias vecinas de Tíbet fueron tomadas por las Fuerzas Armadas y las únicas imágenes que ofrecen la cadena de televisión nacional CCTV es la de camiones militares cruzando calles por las que patrullan decenas de soldados.

La prensa extranjera tiene el acceso vetado no solamente al Tíbet sino a las provincias vecinas, como Sichuan, Gansú o Qinhai, por lo que las informaciones directas son muy difíciles de obtener. Según Pekín, las protestas fueron orquestadas por el Dalai Lama desde su exilio en la India, un extremo que el líder espiritual tibetano niega, amenazando con dimitir y pidiendo incluso el regreso a la negociación con China sobre una mayor autonomía para el Tíbet.

La montañosa zona de Aba, en el noroeste de Sichuan, junto a los condados de Xiahe, Maqu, Luqu y Jone y la ciudad de Hezuo, al sureste de Gansú, sufrieron las principales protestas, reconocieron las autoridades y, en esta última, los manifestantes atacaron oficinas gubernamentales y escuelas. Según la agencia Xinhua, los disturbios acarrearon "grandes daños" a tiendas y oficinas gubernamentales chinas en el condado de Aba, en la provincia vecina al Tíbet de Sichuan, de fuerte población tibetana, confirmando oficialmente la existencia de manifestaciones violentas fuera de la región autónoma.