Chenoa: “Los que piensan ‘Mira, al fin es feliz’, se equivocan. Yo he sido muy feliz sin casarme y casándome”

La cantante se estrena como concursante de ‘reality’ en Amazon Prime y aprovecha para echar la vista atrás, hablar de sus primeros pasos, glosar las bondades de la psicoterapia y explicar por qué es machista que le pregunten una y otra vez por su futura boda

La cantante Chenoa, en el Panorama Oyster Bar de Majadahonda (Madrid).
La cantante Chenoa, en el Panorama Oyster Bar de Majadahonda (Madrid).INMA FLORES (EL PAIS)

Hace 20 años que Laura Corradini (Mar de Plata, 46 años) dejó de ser la chica aplicada que empezó a ganarse la vida cantando en el Casino de Mallorca para convertirse en una estrella de la canción y en un personaje habitual de las revistas del corazón. No hace tanto, sin embargo, que Chenoa, como se llama artísticamente, consiguió despegar de una vez por todas su nombre del de David Bisbal. Inesperado animal televisivo, optimista incorregible y feminista accidental, después de unas temporadas como presentadora de probada eficacia ahora prueba suerte como concursante junto a personas tan dispares como James Rhodes, Esperanza Aguirre o Esty Quesada (Soy una pringada) en Celebrity Bake Off el reality gastronómico de Amazon Prime que le ha servido de terapia: “Me he echado unas cuantas lloreras en el plató”.

Pregunta. Cómo buena argentina, ¿la llevaron a psicoterapia de niña?

Respuesta. Como buenos argentinos, en mi familia hemos sido siempre de charla constante. La terapia la empecé un poco más tarde pero siempre he dicho que la higiene mental es importantísima y para ir a un psicólogo no hay que esperar que ir a estar muy mal. A veces vas porque no entiendes las cosas que haces o te guardas en el subconsciente los verdaderos motivos, creyendo que los conoces perfectamente. Sirve para aprender pero también para desaprender unas cuantas cosas. Cuando te pasa un fenómeno como OT1 o llevas 20 años de carrera hay que hacer una limpieza y yo la hago.

P. Lleva ya casi el mismo número de años de su vida siendo famosa que siendo anónima. ¿Qué perdió cuando dejó de ser una desconocida?

R. Aunque había empezado a trabajar con 16 años, tenía cierta experiencia como cantante y creía que estaba curtida, la fama me pilló jovencita. Fue un reto muy grande para mí soportar tantos comentarios, especulaciones, mentiras y cotilleos. Estoy muy orgullosa de cómo he ido superando pruebas sin renunciar nunca a mis valores. Yo me quedo con lo que he ganado.

P. ¿Era con 26 años tan madura como parecía en aquel primer Operación Triunfo?

R. Cuando trabajas desde tan joven evidentemente es porque sientes una responsabilidad y no estás jugando en la edad que te corresponde. Me salté la adolescencia para pasar directa a la edad la adulta. Y ahora cuando veo a los adolescentes, me doy cuenta de que 16 años es muy poca edad para tener la carga que yo tuve, pero yo solita me la adjudiqué. Yo misma fui la que dijo venga, pa’lante y estudio y trabajo a la vez. Eso me dio herramientas muy potentes aunque también me desequilibró, porque me perdí la época de salir al patio a jugar.

P. ¿Y se puede “desmadurar”?

R. Pues justo eso es lo que aprendí en el psicólogo. Una vez me preguntó: “Laura, ¿tú para divertirte, qué haces?”. Y le dije: “Cantar”. Y me dice: “No, no. Eso es tu trabajo”. Conforme me iba preguntando por mis aficiones, comprendí que no sabía pasármelo bien. Lo bueno es que a veces la vida te da la oportunidad de vivir lo que no viviste, da igual en la etapa que sea. Un día fui a Madrid Río, me tiré con una tirolina y dije, ostras, ¡esto sí que es divertido! [risas]. Yo busco nuevas oportunidades todo el rato para ilusionarme como una niña, como por ejemplo este programa de televisión.

P. Tengo la sensación que a usted la edad lejos de hacerla más conservadora, le ha hecho más abierta de mente…

R. Alguien me dijo una vez: “Tienes que encontrar la flexibilidad dentro de tu rigidez”, y me pareció un hallazgo porque me hizo ver que no podía estar siempre tan a la defensiva, ser tan dura. No es fácil ser positivo, ni es fácil ser feliz. Y ser positivo no es estar feliz las 24 horas, ¿eh? Es simplemente trabajarlo.

P. Y una persona tan positiva como usted, ¿cómo lleva su relación con las redes sociales?

R. Yo llevo mis propias redes porque me encanta ese contacto directo con el público y quiero muchísimo a los chenoístas. Yo a los 16 años ya empecé a moverme en un ambiente donde había mucho cachondeo, entonces aprendes a defenderte, no te queda otra. Desde ese lugar a veces hasta empatizo con el que me hace un mal comentario porque sé que están haciendo una proyección de algo propio que no tiene nada que ver conmigo en realidad. Hay trolls, claro que sí, pero prefiero tomarme la molestia de contestar a gente que me escribe textos bonitos. Puedes elegir con qué te quedas.

P. ¿Qué es la cosa más extravagante que le pasó trabajando en el casino de Mallorca?

R. Pues por ejemplo cuando lavaba mi coleta postiza de segunda mano con Mimosín y la tendía ahí con las medias de las bailarinas; o cuando me remendaba yo mis propias medias de rejillas porque era muy caras y me ponía los zurcidos en lugares estratégicos que nadie los pudiese ver. Adquirí mucha calle, mucho bar… y eso es algo que se vive y se te queda en el ADN, por más que luego te pongan el camerino más bonito del mundo, no hay tutía, no hay nada como una moqueta oliendo a alcohol.

P. ¿Por qué cree que el público vivió de una forma tan diferente la ruptura de Amaia y Alfred a la suya con Bisbal?

R. Los medios han aprendido mucho y ahora tienen mucho más cuidado con lo que sueltan de manera gratuita. Antes era mucho más fácil que te diesen cera porque sí. También te digo que la Chenoa que salió a ese portal en chándal no es la misma que con la que estás hablando ahora. Es como si yo te pregunto a ti qué tal en la universidad. Me costó mucho trabajo reírme de mí misma y decirme: “Pobre chica, la voy a ir a salvar”. Yo pasé por aquello en un momento en el que no se alzaban tantas voces femeninas, pero supongo que ha habido, hay y habrá muchas chicas en chándal llorando en un portal. No soy la única.

P. ¿Le parece machista la obsesión que hay en este país con si se casa o no?

R. Totalmente. Habrá una parte de ilusión en gente que me tiene mucho cariño, pero sí, hay mucha gente que piensa: “Mira, al fin es feliz”. Mira, no: yo he sido muy feliz sin casarme y casándome.

P. ¿Ayuda a bajar la crispación política meter a gente tan dispar en una cocina como la de Celebrity Bake off?

R. Lo bueno de estar en una cocina es que estás usando ingredientes que solo tienen que ver con lo que es un buen plato. Yo entré en este programa sin ningún tipo de prejuicio con nadie y eso fue lo más importante para que el ambiente fuera divertido y sano.

P. Pero hay gente muy complicada en el reparto… ¿De qué sensibilidad está más cerca, de la de Esperanza Aguirre o de la de Soy una Pringada?

R. De las dos. A mí ese tipo de caracteres fuertes que defienden cada una su posición siempre me han gustado. Estoy muy acostumbrada a que se metan conmigo por eso y yo lo respeto muchísimo. Como dice Esty: “Cada una en su extremo y ya está”.

P. Y en el programa, ¿se ha enfadado más que se ha reído o al revés?

R. Me he enfadado mucho porque yo me enfado mucho conmigo misma. Soy muy perfeccionista pero soy incapaz de culpar a nadie de mis errores. Eso es algo que hace bastante la humanidad en general, echar balones fuera, buscar culpables a todos nuestros males fuera de nosotros, y así nos va…

Sobre la firma

Raquel Peláez

Licenciada en periodismo por la USC y Master en marketing por el London College of Communication, está especializada en temas de consumo, cultura de masas y antropología urbana. Subdirectora de S Moda, ha sido redactora jefa de la web de Vanity Fair. Comenzó en cabeceras regionales como Diario de León o La Voz de Galicia.

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