Moda

Anna Wintour rompió su amistad con el director creativo de ‘Vogue’ por “viejo, gordo y poco ‘cool”

André Leon Talley, íntimo de la directora de la revista, afirma en sus memorias que la editora es una mujer fría y que se mueve únicamente por el interés

André Leon Talley y Anna Wintour, en el desfile de Carolina Herrera de 2014, en Nueva York.
André Leon Talley y Anna Wintour, en el desfile de Carolina Herrera de 2014, en Nueva York.Cordon press

André Leon Talley, a sus 70 años, es uno de los hombres más poderosos del mundo de la moda, uno de esos conocedores de los secretos que con tanto afán se guardan en los pasillos de las revistas desde hace medio siglo. Sin embargo, está dispuesto a contarlos todos, y lo va a hacer muy pronto. Tanto que ha decidido adelantarlos. El que ha sido director creativo de la revista Vogue en Estados Unidos ha escrito un libro de memorias y la expectación ha sido tal que ha acelerado su fecha de publicación, que iba a ser en septiembre, y la ha situado el 19 de mayo.

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El libro se llama The Chiffon Trenches, que podría traducirse como Las trincheras del chifón (un tejido suave y ligero), aunque el título hace un juego de palabras con el término trench, que significa a la vez gabardina y trinchera. Podrá adquirirse en las próximas semanas, pero ya hay jugosos adelantos al respecto. Sobre todo los que tienen que ver con Anna Wintour, directora de la publicación estadounidense desde hace 32 años y uno de los principales nombres de la moda mundial. Sin embargo, no es tan grande para Talley, que no la deja en absoluto bien parada.

El carismático Talley cuenta en sus memorias que Wintour contó con él en su primera etapa en Estados Unidos, a principios de los ochenta, y también cuando regresó al país, a Vogue, tras pasar unos años en Reino Unido, su país natal. Ella fue quien le llevó a la revista en 1988 y le nombró director creativo, convirtiéndole en el hombre negro que había llegado a un puesto más alto en la industria de la moda. Entonces él ya era una persona poderosa en la industria, buen amigo de diseñadores como Yves Saint Laurent y Karl Lagerfeld, y el cargo le dio aún más capacidad de actuación, tal y como explica el adelanto de las memorias publicado por el diario Daily Mail.

Sin embargo, pese a que Wintour le había nombrado y tenía que reportarle a ella directamente, la comunicación no era fácil. Cuenta que las reuniones no duraban más de ocho minutos, y que 15 ya suponía “que había pasado algo grave”. De hecho, la primera vez que salieron a almorzar juntos, recuerda Talley, regresaron a la oficina antes de que llegara el primer plato. Según el periodista, los cocineros de ese restaurante seguramente ni pusieron la comida en los platos, porque ya sabían lo que solía pasar cuando ella acudía al local: que se quedaba sin servir.

Para él, el retrato que en 2006 hacía la película El diablo viste de Prada, cuyo personaje central —interpretado por Meryl Streep— está supuestamente inspirado en Wintour, tiene algunos matices: nadie va tirando por ahí los abrigos, ni usa un lenguaje vulgar, ni por supuesto acude al trabajo borracho. Pero sí cuenta que una de los dos asistentes de Wintour acude cada mañana a su casa con una copia de ese “gran libro” que es el prototipo de la revista y le lleva flores, regalos y ropa limpia que le han mandado previamente a la tintorería.

La relación entre Wintour y Talley se ha estropeado a lo largo de los últimos años, especialmente desde primavera de 2018, cuando no contaron con él para sus clásicas entrevistas a pie de alfombra roja en la gala del Museo Metropolitano de Nueva York. Según cuenta, la británica le había dejado de lado porque se había vuelto, escribe, “demasiado viejo, demasiado gordo, demasiado poco cool para Anna Wintour”. “Después de décadas de lealtad y amistad, Anna debería haber tenido la decencia y amabilidad de llamarme, o de enviarme un correo electrónico, diciéndome: ’André, creo que lo hemos hecho genial con tus entrevistas, pero vamos a probar algo nuevo”, cuenta, dolido. “Lo habría aceptado, comprendido, porque nada dura para siempre. Algo de humanidad... no, ella no es capaz. Anna ha sido durante años la mujer más importante de mi universo", cuenta, lamentando que ahora le haya “tirado al cubo de la basura”.

En una serie de duras palabras, Talley dice que hay “una interminable lista” de escritores, modelos y estilistas a los que ha decidido “arrojar a una pila de andrajos deshilachados durante su poderoso mandato”. Según él, Wintour “es inmune a todo aquel que no sea gente famosa y poderosa que puebla las páginas de Vogue. De forma despiadada, ha forjado sus amistades de la gente más importante en cada uno de sus campos: Serena Williams, Roger Federer, los Clooney... Esos son sus amigos, y yo ya no tengo valor para ella”.

Cuenta Talley que su amistad con Wintour había pasado por momentos de crisis después de que ella dejara de darle los encargos principales de la publicación (el primero fue, en 1989, una entrevista a Madonna), pero que se reconciliaron cuando la madre de la directora murió y él viajó a Londres para consolarla. Entonces un día Wintour le dijo: “Deberías ir al gimnasio”, por lo que él contrató un entrenador personal e hizo dieta (“solamente comía repollo cocido”), pero no le funcionó. Así que la directora decidió mandarle a un centro especializado en pérdida de peso y deporte, en la que perdió 25 kilos. Volvió a recuperarlos y pasó tres veces por esa clínica, “en una batalla contra una dieta yoyó que hace tiempo comprendí que jamás ganaría”.

Talley también critica el podcast que lanzó en 2016 con Vogue y en el que entrevistó, con éxito, a grandes diseñadores y personajes del mundillo, de Kim Kardashian a Tom Ford. Cuenta que le pagaban 500 dólares por episodio, “migajas”. “Solo en ir en coche a la oficina me gasto más”, contaba él. “De un día a otro el podcast se acabó sin explicación y ella jamás me dijo una palabra al respecto, pese a preguntarle”. Según cuenta, habló con el director de Vanity Fair y vio que le pasaba lo mismo. “Un día me trata como un colega, como un buen amigo; al día siguiente, como si no me conociera”, le contó.

“A día de hoy”, escribe Talley, “me encantaría que me dijera algo humano y sincero. Tengo grandes cicatrices emocionales y psicológicas de mi relación con esta mujer tan imponente e influyente. Ella adora a sus dos hijos, estoy seguro de que será la mejor abuela del mundo, pero hay tantas personas que han trabajado para ella y han sufrido grandes cicatrices emocionales... La lista es interminable”.

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