Fumihito, el príncipe que cierra la puerta a ver a una emperatriz en Japón

El nombramiento del hermano del actual emperador como heredero, aplazado por el coranavirus, acabará con la posibilidad de abandonar la ley sálica

El príncipe Fumihito, en la ceremonia de la entronización de Naruhito, en Tokio el pasado octubre.
El príncipe Fumihito, en la ceremonia de la entronización de Naruhito, en Tokio el pasado octubre.Pool / Getty Images

Corría 2006 y Japón parecía abocarse sin remedio a una disyuntiva: renunciar a la ley sálica o al sistema imperial. Y, por supuesto, solo la primera era una opción. El por entonces emperador Akihito no tenía descendiente varón más allá de sus dos hijos, Naruhito y Fumihito. El primero, su heredero, contaba con una hija, Aiko, y parecía inevitable reformar la ley para que algún día ella pudiera sentarse en el Trono de Crisantemo y la institución sobreviviera. Pero llegó septiembre y la esposa de Fumihito dio a luz un niño: Hisahito. De pronto, acabar con la ley sálica ya no era una cuestión primordial. La normativa se mantuvo intacta y lo que se modificó fue la senda sucesoria: gracias a su hijo recién nacido, Fumihito pasó a ser el heredero de su hermano.

Esto debería haberse visto confirmado este domingo por medio de una ceremonia específica, pero el coronavirus se ha interpuesto en el camino de la Casa Imperial. Ante la gravedad de la pandemia de Covid-19, que pese a la acertada gestión del gobierno ya deja 236 víctimas mortales, más de 10.000 infectados y todo un país en emergencia, el primer ministro Shinzo Abe se ha visto obligado a aplazar la celebración de manera indefinida hasta que la situación mejore.

La proclamación oficial del príncipe Fumihito como heredero al trono reviste gran importancia, ya que será el evento que pondrá punto final a la sucesión imperial. Las tornas de este proceso se pusieron en marcha en agosto de 2016, cuando el ahora emperador emérito Akihito ofreció una inusual intervención televisiva en la que hizo hincapié en su avanzada edad y precaria salud, lo que fue interpretado como una confirmación de los rumores que apuntaban a una pronta abdicación. En junio de 2017 la Dieta Nacional, el órgano legislativo japonés, aprobó el marco legal que permitiría al jefe de Estado dar este paso, el cual se hizo oficial en diciembre. Akihito se convirtió en el primer emperador en abdicar en casi 200 años. El reinado de su hijo, Naruhito, y con él la nueva era Reiwa, dio comienzo el pasado 1 de mayo de 2019.

Ya en octubre de 2018, y como parte de los preparativos, el gobierno anunció que el 19 de abril de 2020 Fumihito sería declarado koshi, el título que recibe el primero en la línea sucesoria. La inaudito de la abdicación quedó reflejado en los detalles de la ceremonia. Fue necesario, por ejemplo, crear un nuevo ritual, el cual fue nombrado Rikkoshi-no-Rei, dado que el anterior estaba proyectado para que el protagonista fuera el hijo del emperador, no su hermano menor. El Rikkoshi-no-Rei de Fumihito iba a estar inspirado en el ritual por el que en 1991 Naruhito fue designado príncipe heredero. Iba a consistir de dos eventos principales: el Rikkoshi-Senmei no Gi, la proclamación propiamente dicha,seguida del Choken-no-Gi, el primer encuentro oficial del heredero con el emperador y la emperatriz.

En las últimas semanas el gobierno ya había comenzado a considerar posibles maneras de reducir la capacidad de los banquetes del evento, los cuales iban a contar con hasta 750 invitados, entre los que se contaba el Primer Ministro Shinzo Abe y los embajadores de todos los países con representación diplomática en Japón. El plan original era limitarlos a solo dos en una misma jornada, pero la evolución de la pandemia ha hecho que ni siquiera esta alternativa no pueda llevarse a término.

El nacimiento de Hisahito en 2006 solo postergó un problema. El futuro de la familia imperial sigue amenazado, ya que solo cuenta con tres varones en la línea de sucesión y el tercero, Masahito –hermano menor del emperador emérito Akihito– es un octogenario. Un 74% de la población japonesa apoya la idea de una emperatriz, según una encuesta elaborada por la televisión pública NHK a finales del año pasado. La posibilidad de acabar con la ley sálica, sin embargo, no está en la agenda política.

Hay dos salidas alternativas, aunque ambas requerirían de una maniobra sustancial. La primera sería permitir que las princesas imperiales no pierdan sus títulos al contraer matrimonio con plebeyos –algo que no sucede en el caso de los hombres–, lo que afectaría a la única hija del emperador Naruhito, Aiko, así como a las dos hijas de Fumihito, Mako y Kako, hermanas de Hisahito. La segunda pasa por devolver el estatus imperial a las ramas secundarias que lo perdieron con la entrada en vigor de la Constitución de 1947, elaborada durante la ocupación estadounidense posterior a la II Guerra Mundial. Sea como fuere, Fumihito tendrá que esperar para oficializar su título. La posibilidad de ver una emperatriz en Japón, aún más.

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