Aristóteles Onassis, las fortunas y tragedias de un hombre hecho a sí mismo

Se cumplen 45 años de la muerte del magnate naviero multimillonario que enamoró a Jackie Kennedy y traicionó a Maria Callas

Aristóteles Onassis y Jacqueline Kennedy, en su boda, en Skorpios (Grecia), en 1968.
Aristóteles Onassis y Jacqueline Kennedy, en su boda, en Skorpios (Grecia), en 1968.Topham/Cordon Press

Se cumplen 45 años de la muerte de uno de los millonarios más famoso y temido del siglo XX, Aristóteles Onassis, un hombre que se hizo a sí mismo y consiguió levantar un imperio naviero superando tras de sí una guerra y diferentes varapalos y tragedias, como la muerte de su esposa e hijos y la negativa del que muchos consideraron su amor verdadero: María Callas. Pero Onassis no solo acumuló fortuna —fue considerado el hombre más rico de su época y en aquellos años se decía que si vendía todos sus activos “Wall Street temblaría”—, sino también una agraciada vida social que incrementó sin duda ese éxito empresarial.

Nacido en Esmirna, Turquía, en 1906 y procedente de una familia de la alta sociedad griega, Onassis huyó a Argentina tras el comienzo de la guerra greco-turca. Su don de gentes y sus reputados orígenes le permitieron hacerse un hueco en el mundo empresarial, primero con el negocio del tabaco, lo que le introdujo en el mundo del transporte marítimo, para después convertirse en un auténtico magnate naviero. Con una más que consolidada y numerosa flota de barcos, este empresario griego supo invertir su tiempo y su dinero en grandes personalidades. Íntimo amigo de Rianiero III de Mónaco, Onassis apuntó hacia Montecarlo, convirtiéndolo en su siguiente y gran adquisición. Conocedor de la enorme fuente de riqueza que manaba de esas tierras monegascas —procedente principalmente de su célebre casino y el puerto— y sabedor del toque de modernización que faltaba, el magnate fue adquiriendo de manera secreta importantes propiedades.

Paralelamente a la construcción de esa exitosa vida profesional y empresarial, Onassis supo hacer de las relaciones sentimentales una forma de prosperar en los negocios. En 1946 se casó con Athina Mary Livanos, hija del también magnate naviero Stavros Kivanos. De su matrimonio, que muchos tildaron de conveniente, nacieron dos hijos, Alexander —su debilidad— y Christina, heredera universal de los bienes de su padre que batalló duramente contra la que fue la segunda esposa de Onassis, Jacqueline Kennedy.

De sobra eran conocidas las infidelidades de Onassis quien, tras quedarse viudo, encontró en la diva de la ópera María Callas, a su verdadero amor. De esa relación poco convencional dejan constancia las imágenes de ambos navegando en el famoso yate del magnate así como declaraciones de amor de la propia Callas sobre su rendición incondicional hacia el griego. “Amor mío, necesito afecto y ternura, soy toda tuya, haz conmigo lo que quieras”, le decía la soprano a Onassis según un documental que reconstruye la vida de la cantante de ópera más famosa de la historia publicado en 2018. En cambio, el millonario griego jugó con ella una década hasta que un buen día en 1968 Callas leyó en el periódico que su novio se casaba con Jacqueline Kennedy.

El 20 de octubre de 1968, la pareja se casó en Skorpios, la isla privada propiedad del armador y de su familia hasta 2013, cuando la nieta del magnate la vendió por 117 millones de euros a la hija de un multimillonario ruso. Un matrimonio, el segundo para ambos, que comenzó como una glamurosa historia de amor pero que acabó con el mismo distanciamiento e infidelidades que habían protagonizado el primer casamiento de Onassis.

Los conocedores de la historia aseguran que Onassis nunca superó separarse de Maria Callas, a quien intentó recuperar en vano, pues ella nunca le perdonó que se hubiera marchado con la exprimera dama. La negativa de la cantante hizo que el empresario se sumiera en una profunda depresión, agravada con otras tragedias familiares. Aristóteles Onassis perdió a su hijo y heredero con tan solo 23 años de edad en un accidente aéreo, mientras su hija Christina llevó una vida llena de excesos y relaciones sentimentales fallidas. Tras la muerte del patriarca a causa de una neumonía el 15 de marzo de 1975, Christina fue designada heredera universal, pero Jackie Kennedy, su viuda, reclamó la tercera parte de las posesiones del que fue su marido. Resuelto el conflicto y tras la muerte también prematura de Chrsitina, a los 37 años, los dos tercios restantes de la herencia —unos 3.000 millones de euros— pasaron a su única nieta, Athina, quien a diferencia de su familia siempre ha intentado llevar una vida más discreta y alejada del foco mediático. Todo lo que se puede cuando procedes de una de las familias más conocidas y millonarias de la historia.

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