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Mónica García y Emilio Delgado, dos formas distintas de intentar salvar a la izquierda

La ministra y el diputado, que aspiran a liderar Más Madrid, discutieron durante semanas un reparto de poder equitativo, pero no llegaron a un acuerdo y han acabado enfrentándose públicamente

La ministra de Sanidad, Mónica García y el diputado de Más Madrid, Emilio Delgado, durante la celebración en Móstoles de las fiestas del 2 de mayo de 2025.A. Pérez Meca (Europa Press)

Las grandes celebraciones guardan en su placenta la discordia. En 2018, Mónica García acompañó a Emilio Delgado en el que debía ser uno de los momentos más felices de su vida: su boda. Eran buenos amigos, compañeros de partido, colegas que compartían los mismos ideales. Y les unía el mejor pegamento que existe: el del enemigo común. Ambos se oponían a Irene Montero y Pablo Iglesias, a los que culpaban de haber descarriado a Podemos. El matrimonio de Delgado no duró mucho y ahora la fractura con una de las invitadas, Mónica García, a la que ya no puede llamar amiga, ha quedado a la vista de todo el mundo.

Emilio Delgado, de 49 años, y Mónica García, 52, se van a disputar el liderazgo de Más Madrid en unas primarias que han tensionado el partido en un momento inesperado. El que gane, de facto, tendrá el control de la formación y será quien se enfrente a Isabel Díaz Ayuso en las elecciones de 2027. El hecho de que uno y otro supieran de las ambiciones secretas del otro ha creado estos meses una desconfianza que ha permeado a la militancia. Algo se rompió entre ellos y nunca más ha vuelto a recomponerse desde febrero, cuando el diputado en la Asamblea de Madrid, sin consultar con la dirección de su partido, debatió en público con Gabriel Rufián sobre el futuro de la izquierda. Resultó ser un diálogo lleno de reproches y críticas al actual rumbo del progresismo que solo tenía una lectura: Delgado estaba descontento con su partido.

Y ahora quiere liderar una nueva izquierda con más presencia de lo popular, de la que él se siente representante en un partido en el que abundan los sociólogos y los licenciados en Ciencias Políticas que viven en el centro de Madrid.

Hijo de un albañil y sindicalista de CCOO, y de madre ama de casa, criado entre Móstoles y Vallecas, se ve capaz de representar a la gente de la periferia, a la de los barrios, a los obreros que ahora se sienten más identificados con Vox. Esas son sus claves para abrir la caja fuerte de su partido y se prepara para lo que está por venir. Emilio quiere tomar el poder y transformar la realidad; de eso se trata. Estos días lee Epifanía, de Israel Merino.

Su aspiración ha sido percibida como una traición por Mónica García, ministra de Sanidad, y toda la gente que la rodea. Les ha sentado muy mal el hecho de que Emilio haya criticado la arquitectura de las primarias, un año después de su aprobación y en un encontronazo televisivo.

García, hija de psiquiatras, tiene sobre la mesilla de noche dos libros escritos por mujeres, uno de ellos con trasfondo feminista: Oxígeno, de Marta Jiménez Serrano; y Comerás flores, de Lucía Solla Sobral. La ministra tiene en Spotify a Rigoberta Bandini como a una de sus artistas más escuchadas. Emilio oye más a Hoke, el rapero.

A García la intentona de Delgado le parece demasiado agresiva. Su talante, dicen en su equipo, es otro. Una anécdota: un día antes del debate sobre el estado de la Comunidad de Madrid, en 2021, Mónica García estaba de paseo con sus tres hijos por el parque del Retiro, una desconexión que suele hacer a diario y que le sirve para despejarse y repasar la agenda del día siguiente. Aquella tarde de septiembre, la líder de Más Madrid vio entre los árboles a Ayuso. Al verla, la presidenta madrileña se acercó a ella: “¡No me des mucha caña mañana en el debate, Mónica!”.

Fue una conversación distendida que reflejaba el momento de esa legislatura. Desde entonces, García es la imagen de un partido que ha solapado al PSOE en la región madrileña y en la mismísima capital de España. Los allegados de la actual ministra reconocen que es una mujer que no tiene miedo a delegar, que no tiene los típicos rasgos de personalidad de quienes llegan a la primera línea, con unos egos enormes y preocupados todo el día por su imagen. “En condiciones normales”, reconoce un alto cargo del Ministerio de Sanidad, “su perfil no hubiera llegado a la cúpula de un partido”.

Licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad Complutense en los 90 —Emilio tiene dos grados superiores de FP—, su imagen se compartió de golpe entre los sanitarios cuando ejerció de portavoz en la Asociación de Facultativos Especialistas de Madrid (AFEM) durante los años de hierro de Esperanza Aguirre. Fue una de las “voces blancas” de la región, cuando el PP de Ignacio González anunciaba en 2012, y de sopetón, la privatización de seis hospitales públicos. Catorce años después, es la actual ministra de Sanidad de España. “Pocos ministerios han sacado más normativas adelante”, apuntan en su equipo. “Se cree la sanidad. Ahora, eso sí, hace frente a una huelga de médicos sin precedentes. Los “emilistas” creen que este desgaste le pasará factura en las urnas.

La ruptura entre ellos se reflejó en una tensa conversación que mantuvieron en un programa de debate en La Sexta y una conversación telefónica que reveló EL PAÍS. La guerra interna entre sus partidarios se ha desatado. Más Madrid vivirá de nuevo unas primarias este año, aún sin fecha. La dirección y los principales cargos están con García, que controla el partido tras la pandemia. Emilio Delgado cree que su popularidad en ascenso —ganada en tertulias televisivas y no por efecto del partido, que él cree que le ha ocultado en los últimos dos años— es suficiente para arrebatarle el liderazgo.

No va a ser fácil. Mónica García ya ha salido triunfante de otros choques. En siete años ha librado tres grandes batallas internas, soterradas y silenciosas; la última con Íñigo Errejón, de la que no trascendió nada a la prensa. “Aquello fue tremendo”, recuerda un alto cargo de la formación, “negociamos sin que trascendiera nada. Pero esto es distinto. Aquí se vio en televisión; lo que hizo Delgado no se puede hacer nunca”.

Como ocurrió entre Pablo Iglesias y Errejón, aquí asistimos también al fin de una amistad. En ese triángulo también juega un papel la actual portavoz en la Asamblea, Manuela Bergerot, que se ha decantado por Mónica. Bergerot y la ministra siguen muy unidas, no así con Emilio, al que García perdió un poco de vista cuando se fue al Ministerio.

García ha anunciado que vuelve a Madrid y, pese a ser ministra, continúa con sus rutinas habituales por el Retiro, donde sale a correr cuando puede, o con el perro, a la vista de todos. “Yo nunca me he ido de Madrid”, cuenta ella misma en una conversación telefónica tras la semana más crítica del partido. Para Delgado sí se fue; de hecho, cree que abandonó su papel de jefa de la oposición a Ayuso para dar el salto a la política nacional. “Nos quieren de teloneros”, dice él mismo por teléfono. Solo uno de los dos convencerá a los militantes.

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