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Pau Arán: “Si quieres libertad, la pagas con incertidumbre”

El exbailarín de Pina Bausch se aventura en solitario en el unipersonal ‘Un cadavre exquis II’, que estrena en Naves del Español Matadero

Pau Aran Un cadavre exquis II Naves del español
El bailarín Pau Arán posa en el Matadero, en Madrid.Andrea Comas

Honestidad y disciplina. Eso dice Pau Arán (Cerdanyola del Vallés, 1981) que aprendió de Pina Bausch. “También el respeto, la manera de estudiar el movimiento, poner en valor el intento más allá del resultado”, enumera el bailarín y creador catalán que sabe que su experiencia en la Tanztheater Wuppertal, la compañía de la célebre creadora alemana, marcará su camino en la danza de por vida. “Hice audición en 2005, entré a la compañía en 2006 hasta su muerte en 2009. Seguí trabajando allí, pasé luego un período fuera pero bailando para ellos algunos títulos, hasta agosto de 2020 cuando hice la transición definitiva y me fui a caminar solo. Pero ella sigue aquí conmigo, se que suena cursi pero es la realidad”, confiesa el intérprete que bailó los títulos más emblemáticos de la coreógrafa y vivió con ella los procesos de creación de sus dos últimas piezas: Bamboo Blues y Como el musguito en la piedra ay sí, sí, sí.

Y con ella en el cuerpo y el espíritu subirá a escena desde este viernes 28 hasta el 30 de enero, cuando estrene en la Sala Max Aub, de las Naves del Español Matadero, Un cadavre exquis II, un solo que viene de un dueto anterior y que supone su incursión como creador, aunque larga experiencia arrastra como bailarín y docente. “Si Pina está presente en mis creaciones ha sido la gran pregunta No quiero ser una copia, pero claro que está y me gusta que así sea. Ha sido parte de mi historia y no reniego porque yo también he sido eso”.

El primer cadavre exquis, que se estrenó hace dos años como Lettre D’amour, fue una experiencia que le permitió disipar dudas, afianzar y despejar el camino. Era un dueto con la actriz Consuelo Trujillo que se inspiraba en textos del poeta peruano César Moro. Pero en un acto de depuración, en el que le ha acompañado José Troncoso en la dramaturgia, aparece reconvertido ahora en un solo, donde ya sin textos ni acompañante, queda la esencia de lo que fue aquella pieza y sacia una necesidad propia de expresión y comunicación. “He intentado conseguir algo más sofisticado, más arriesgado a la hora de exponerme, prescindiendo de la palabra y con ganas de comunicar desde un movimiento narrativo. No quiero una masturbación desde el movimiento sino satisfacer una necesidad real de ser observador de los que me observan, de comunicarme verdaderamente con el público. Si de esta forma logro tocar el corazón de al menos un espectador me doy por satisfecho”, asegura.

No es fácil saltar de una compañía de envergadura como la Wuppertal Tanztheater a un levantar un proyecto personal desde abajo, pero Pau Arán va lento pero seguro hacia la consolidación de una futura compañía. Justo estos días, se han anunciado las nuevas residencias de Teatros del Canal y él ha sido seleccionado para desarrollar la creación de su nuevo trabajo coreográfico, esta vez grupal y en el que no baila, con el que abordará desde la humildad, como dice, el tema de la diversidad de género: “Llegar hasta aquí ha sido un viaje largo, lleno de vivencias”.

¿Qué hacemos con el fracaso?

Por lo pronto, en la inmediatez, le queda esperar la respuesta del público a su nueva propuesta Un cadavre exquis II, en la que asegura se ha aproximado aún más a lo que tenía en mente en un primer momento. “Me interesaba también indagar en la idea del fracaso. ¿Qué hacemos con el fracaso, con el rechazo? De vez en cuando lanzar un grito en forma de danza creo que hace bien”.

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Sabe también que si consigue consolidarse como compañía no será ni de lejos como la de Wuppertal en cuanto a proyección y recursos, pero confiesa que el paso por una agrupación de tal magnitud, que se presenta en los escenarios más relevantes del mundo, es una experiencia de gran ayuda. “Un sitio como ese confronta tu ego con el de los demás y debes aprender a compartir, que no es fácil. Pero estar allí también supuso un aprendizaje constante, donde todos estábamos en la misma frecuencia, en la misma búsqueda, todos a una. Creo que hay que pasar experiencias como esa para luego probar la autonomía del creador. Cuando estás en una compañía así, con tu tiempo lo que estás comprando es estabilidad y seguridad, pero si quieres libertad la pagas con el sentimiento constante de la incertidumbre”.

Lo que tiene claro es que no volvería a bailar para una gran compañía. Se muestra abierto, eso sí, a involucrarse en proyectos estimulantes sin compromiso de permanencia. Justo acaba de llegar de Chile, donde ha vivido una experiencia del todo satisfactoria que implicaba lo que más le gusta: interpretación, docencia y creación. “Fue una residencia creativa con una artista de allá, mi amiga Valentina Morales, que lideraba un proyecto realizado en el Parque Urbano El Bosque, de Valdivia. La iniciativa formaba parte de una campaña para proteger los humedales. He estado con 23 bailarines durante dos semanas trabajando desde la danza el acto físico de caminar, recorriendo así todos aquellos humedales”, recuerda el bailarín.

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