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Paz Torralba, la dama de las aguas del Ritz

La fundadora de los centros estéticos y las peluquerías The Beauty Concept gestiona el spa del hotel más nuevo y lujoso de la capital

Paz Torralba, cuya marca The Beauty Concept gestiona el spa del hotel Ritz de Madrid, frente a la piscina del establecimiento.
Paz Torralba, cuya marca The Beauty Concept gestiona el spa del hotel Ritz de Madrid, frente a la piscina del establecimiento.Samuel Sánchez

Sin proponérselo, y recién vestida en el último minuto, Paz Torralba parece haberse puesto a juego con el lugar de la entrevista. La chaqueta dorada, el mono blanco y negro y su pelo rubio concuerdan con el spa del hotel Ritz, el recién reabierto establecimiento de la plaza de la Libertad, que ella gestiona, y donde es retratada. También parece engamarse con el gran vestíbulo donde charla mientras toma café con leche en sus blancas y doradas tazas. Pero rompe con la posible distancia que impone un lugar así al reír estrepitosa, al interrumpir el constante repiqueteo del piano de la sala levantándose, saludando a todo el que pasa y dando delicadas pero firmes órdenes desde su teléfono móvil, que le cuesta soltar incluso durante la entrevista, para martirio de su responsable de prensa, que pone los ojos en blanco mientras observa la escena en la distancia.

Torralba se conoce bien el lugar. Le guarda respeto, pero no reverencia. Lleva más de dos años trabajando con la cadena Mandarin Oriental, nueva propietaria del alojamiento, para crear su balneario. El que gestiona bajo su marca, The Beauty Concept, que también tiene en Madrid dos centros de estética, una peluquería-coctelería-tienda de libros-coworking (todo junto, muy revuelto y muy divertido) y está a punto de abrir la siguiente. Y ahora ha dado vida al spa del lugar, que consta de la instagrameable piscina (cuyo techo reproduce las constelaciones celestiales tal y como se ven desde el jardín del madrileño hotel), rodeada de media docena de tumbonas, duchas, saunas y baños turcos, una gran cabina y tres suites para tratamientos.

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La empresaria se vio sometida a un largo proceso para ser seleccionada por “el hotel más lujoso de Madrid, de España y de Europa”, como dice orgullosa. Observaron su reputación, sus clientes, las marcas de los productos que utilizaba, su uso de las redes sociales, su discreción... “Y vieron que se alineaba mucho con lo que querían”, relata, dando sorbos a ese café con leche. Su alianza se ha forjado durante estos años de pausa pandémica y es “a largo plazo”, concede. “Es que es la primera vez que un Ritz Mandarin Oriental externaliza estos servicios”, cuenta, orgullosa.

Ella ha podido diseñar a medida cómo es esa experiencia, su menú, sus protocolos, que pueden disfrutar tanto quienes sean clientes como quienes no. En la carta hay tratamientos, faciales y corporales, de maderoterapia, antiestrés, de piedras calientes o para futuras madres, así como pedicuras, manicuras, liftings o peelings. Los precios oscilan entre los 100 y los 300 euros. Todo el que opte por uno de ellos podrá tener acceso a la piscina, siempre bajo reserva y dando prioridad a los clientes del hotel.

Torralba emplea, solo allí, a 13 personas, de socorristas a recepcionistas, entrenadores personales o esteticistas. En todos sus centros su personal asciende a medio centenar de personas. Nada mal para aquella muchacha que hace 20 años se cansó de trabajar en banca y decidió montar un centro de estética. Fue en 2005 cuando abrió su primera clínica. La segunda llegó en 2016 y su peluquería, donde lo mismo ponen unas mechas que un cóctel (tienen barman fijo), el pasado noviembre de 2020. Y aún cuenta a carcajadas ese primer momento en el que se compró “una máquina para depilar con cera”, recuerda quien hoy es pionera en tratamientos estéticos en la capital. Ella, que tardó dos años en conseguir la licencia médica y que empezó con un médico acudiendo dos horas a la semana, tiene ahora tres doctores en plantilla en sus clínicas.

Bases de datos conectadas

Ahora esos centros atienden a los que, más allá de los tratamientos del spa, quieran hacerse color en el pelo o algún tratamiento médico estético. Cuentan con un chófer que recoge al cliente en el hotel y lo lleva allí. Y sus bases de datos están conectadas para dar un servicio del todo personalizado. “Hemos notado que la apertura en el hotel se asocia con un ‘eres bueno’. Con que tienes credibilidad. Nos ha dado reputación, ha subido el nivel y el ticket medio. El Ritz se ha convertido en un secreto a voces”, afirma.

Un crecimiento que se traduce en listas de espera para los centros de Torralba. “Y yo me impaciento”, reconoce. Por eso ha decidido abrir ahora un nuevo centro, también en Ortega y Gasset, al lado de su clínica y de su peluquería-boutique, que se inventó porque, como dice ella, “soy la peor clienta”. “Según entro por la puerta empiezo: ¿Cuánto tiempo me queda?”. Por eso decidió que allí se podría teletrabajar, tomar café o comprar un regalo de última hora. Un modelo divertido y que pretende “que se pueda extrapolar, pero no con franquicias, porque se pierde el valor de la firma”. Y su gran valor, afirma, es “el diagnóstico personalizado, además de las manos, los profesionales que están detrás”.

Torralba se muestra feliz de los logros de los últimos meses: un centro en noviembre, el spa el 15 de abril, otro proyecto en marcha. Su día a día lo marcan sus establecimientos, y en buena parte los pasillos entelados y dorados del Ritz, las lámparas de araña que penden sobre la piscina, esa franjita de luz natural que se cuela sobre las aguas. ¿Y el futuro? “El futuro es el presente”. Un presente en el que corre, sonriente y con prisas, y en el que el café con leche ya se ha quedado frío.

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