Negacionismo con rostro

Tres perfiles de difusores de tesis conspiranoicas por redes sociales. En Madrid se juntaron mil el sábado en una marcha convocada por expolicías escépticos

Fernando Vizcaíno, junto a la furgoneta en la que vive para que no le confinen, la semana pasada, en Guadarrama, Madrid.
Fernando Vizcaíno, junto a la furgoneta en la que vive para que no le confinen, la semana pasada, en Guadarrama, Madrid.santiago burgos

El hombre se lleva la grabadora a los labios.

—Esteban Cabal. 6 de noviembre de 2020. Aquí tengo a Juan Quesada, de EL PAÍS...

—Juan Diego.

—Eso, Juan Diego. Disculpa. ¿Me das permiso para grabar esta conversación?

—Sí, adelante.

Esteban Cabal es un veterano ecologista de 62 años. Vive en una hermosa casa de piedra posada sobre una roca, junto a un río. En la mesa del salón reposa un libro grueso, Gobierno mundial. En la contraportada aparece la sinopsis: “El complot urdido desde hace 300 años por la élite financiera para apoderarse del mundo está llegando a su fin”. Justo debajo hay un retrato de Cabal en un entorno bucólico, con 10 años menos.

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—Ahí doy toda una serie de pistas sobre lo que estaba a punto de llegar y ahora ha llegado. En ese libro me anticipo y explico los entresijos del poder real, de la élite financiera.

Dice esto con el tomo entre las manos. Asegura que todo ese conocimiento que aglutinó durante años le ha ayudado a detectar el engaño. “Es una falsa pandemia inventada por las multinacionales químico-farmacéuticas porque no son solo farmacéuticas, sino grandes corporaciones químicas que se dedican también a la fabricación de venenos (...). Estas multinacionales se dedican a inventar enfermedades, a cronificarlas y se dedican a convertir la salud pública en un negocio lucrativo”, sostiene delante de un ordenador.

Cabal se ha preparado la entrevista a conciencia. La graba para que su gabinete jurídico la estudie. En una libreta de espiral ha escrito con letra esmerada frases que no quiere dejar pasar: “Sé que tu jefe te ha mandado aquí para hablar de mí, no de mis ideas, pero mis ideas son más importantes que yo”.

Vayamos con las ideas, pues. Cabal creó hace tres meses un think tank (“tanque de pensamiento”, aclara) para construir una narrativa alternativa a la oficial. “La oficial es absolutamente falsa”. En su movimiento, explica sin entrar en detalles, hay médicos, psicólogos, educadores, biólogos, científicos y educadores cuyo objetivo es demostrar que la pandemia es una estafa. “Global, monumental, para vender vacunas peligrosísimas que pueden modificar nuestro ADN con consecuencias desconocidas. Si quieres conocer la verdad, te voy a decir...”.

A continuación se pone a leer un documento de Word en el ordenador. Su perro, un viejo pastor alemán, olfatea al recién llegado. Después pierde interés y se marcha a echarse una siesta. Quince minutos más tarde, Cabal llega a una conclusión que parte el mundo en dos, como las dos mitades de una naranja: “La gente más bondadosa y más sabia está con nosotros y la gente más maliciosa y más malintencionada está en el otro lado, con los poderes fácticos financieros”.

Esteban Cabal, retratado la semana pasada en su casa de Galapagar, Madrid.
Esteban Cabal, retratado la semana pasada en su casa de Galapagar, Madrid.Santiago burgos / EL PAÍS

No señala a nadie, pero en la habitación solo hay dos personas. Solo una puede darse por aludida.

—Ahora citarás el informe Barbastro.

Cabal no parece sorprendido. Claro que va a mencionarlo. Se trata de un documento interno escrito por tres miembros del hospital de Barbastro (Huesca), tras estudiar 20 muertes en una residencia. Su hipótesis es que la utilización del polisorbato 80 en las vacunas de la gripe podría suponer un riesgo mayor en pacientes infectados de coronavirus con más de 65 años. Uno de los autores del informe, Juan F. Gastón Añaños, ha reconocido que se trata de una muestra muy pequeña, un trabajo muy primario con el que solo quería llamar la atención a las autoridades para que emprendieran una investigación mayor. El documento, sin embargo, acabó en Internet y sirvió de apoyo a conspiranoicos y fabricadores de noticias falsas para difundir conclusiones erróneas, o al menos muy precipitadas.

Cabal entra de lleno en la conspiración y, de paso, añade otro bulo más: “[El estudio] determina que el componente que ha causado esa brutal mortalidad es el polisorbato 80, que es un detergente, que llevan algunas vacunas. Solo lo llevan las [vacunas] que ponen a la población civil, no las de los médicos”. No hay ninguna prueba de que sea así.

La conversación continúa de pie. El creador del think tank envida ahora con una de las teorías falsas que más se viralizaron durante el confinamiento, la de los médicos italianos que descubrieron que el problema no era el virus sino una bacteria que mata por trombosis y no por neumonía: “Si no llega a ser por esos médicos italianos habría muerto hasta el tato”. La idea tiene un asidero con la realidad, las 50 autopsias a pacientes de covid-19 en Italia. El resto, no. Lo cierto es que los médicos italianos descubrieron que el coronavirus no solo produce neumonía, sino una variedad de efectos diversos, entre los que se encuentra también la trombosis.

Cabal dice estar informado de primera mano de que las muertes son inventadas, que las estadísticas se han falsificado. Desde el origen. Un sobrino suyo, monje shaolín, vivía en Wuhan cuando empezó todo. La familia le avisó, dice, y el muchacho se escapó al campo el día antes del confinamiento. Allí aguantó libre, sin dinero y sin comida hasta que pudo volver a España. “Habla perfectamente chino”, dice su tío con orgullo.

El sol pega de lleno sobre la huerta que se insinúa a través de la ventana. El día se ha despejado de repente. Cabal apaga la grabación. Camina por el exterior de la finca enseñando las hortalizas que plantó y que deberá recoger antes de que empiecen las heladas. De fondo se escucha el rumor del río. Bajamos hasta la orilla. Identifica unas pisadas de jabalí. A lo lejos divisa una especie autóctona de burros en peligro de extinción.

Con tierra en la mano, habla de sus años como responsable del partido político Los Verdes, época en la que fue concejal en Rivas-Vaciamadrid. Antes, años oscuros de lucha política. Cabal fue torturado por Billy El Niño, el policía franquista. Tras eso huyó a Francia con lo puesto. “Yo solo era un niño”.

De vuelta a su casa, coge el mando para abrir la puerta automática de la entrada. Es hora de despedirse. Cabal se acerca a la ventanilla del coche: “Ten cuidado porque muy pronto seremos mayoría social y el presidente de España será alguien de los nuestros”.

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Manifestación convocada por un sindicato minoritario de policías negacionistas, el sábado pasado, en Madrid.
Manifestación convocada por un sindicato minoritario de policías negacionistas, el sábado pasado, en Madrid.Olmo Calvo

Sonia Vescovacci, policía en excedencia, sujeta el micrófono entre las manos. Ondean banderas de España, carteles con el ojo del programa televisivo Gran Hermano, mensajes anticomunistas, antivacunas, Help us, save Freedom... Esta tarde se cita constantemente a Soros, Bill Gates, Melinda Gates y Pedro Sánchez. Vescovacci coge aire y continúa con la soflama:

—Hicimos el juramento de servir y proteger a los ciudadanos, no de reprimirlos. Ese es nuestro deber principal. Les reiteramos a los ministros y a los responsables principales de los cuerpos policiales que Policías por la Libertad se ofrece a colaborar en cualquier investigación que sirva para aclarar por qué se mueren nuestros familiares, nuestros vecinos y para exigir que se haga responsable a quien actúe en contra de la vida.

La multitud aplaude. Las teorías negacionistas del coronavirus, hasta ahora alojadas en Internet, empiezan a asomarse a la calle. El sábado, una asociación policial de nueva creación, Policías por la Libertad, convocó una marcha a la que acudieron unas mil personas. Según los organizadores, tienen el apoyo de guardias civiles, policías municipales, forales, ertzainas, bomberos y guardias de seguridad. En realidad no suman más de diez agentes. Algunos ciudadanos avisados por las redes sociales y páginas web que propagan bulos también se unieron a la manifestación, que recorrió la ciudad ante la incredulidad de muchos ciudadanos con los que se cruzaba.

“Somos gente normal, no frikis”, sostiene Cabal, que estuvo allí. Existen muchas formas de expresar esa incredulidad, pero en resumen los negacionistas coinciden en que el virus no existe (pese a las evidencias abrumadoras) y que se trata de un contubernio entre gobiernos y multinacionales para someter a la población.

Había manifestantes de todo tipo. De ultraizquierda, de ultraderecha, esotéricos adictos a los programas de televisión de ovnis, antigubernamentales, ecologistas, youtubers, activistas de cualquier ámbito. Hasta de movimientos espirituales. “El régimen comunista chino es el origen del problema. Ahora España copia sus pasos”, sostenía Maya Marinova, de 54 años, una miembro de Falun Gong.

Estalin Orlando, consultor informático de 24 años, cargaba con una pancarta en la que planteaba la geniocracia como una solución al “complot organizado y violento para instaurar una dictadura” con la excusa de la covid-19. “Será el gobierno de gente competente votada por gente competente. Ahora hay personas que votan que no tienen capacidades. Eso es una mediocracia. Con la geniocracia se valorará el nivel de amor y de empatía de los gobernantes”, dice. Asegura que sus padres le escuchan con atención, pero le piden que se centre, estudie, trabaje y se esfuerce. “Ellos son más convencionales”.

No todos eran incrédulos. Maxi, psicólogo de 54 años, aseguraba que el virus se está llevando a mucha gente por delante: “Familias enteras”. Sin embargo, cree que los políticos aprovechan la situación para reprimir. “Por ahí, ya no”.

La marcha acabó en Neptuno. Allí se abrazaba gente que se veía en persona por primera vez, después de meses de intercambiar vídeos, mensajes e informes conspiranoicos por las redes sociales. Vescovacci quiso cederle la palabra a todo el que quisiera decir algo. Los discursos se alargaron durante hora y media.

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Fernando Vizcaíno viaja por la Península con ese cartel en la luna delantera de su furgoneta.
Fernando Vizcaíno viaja por la Península con ese cartel en la luna delantera de su furgoneta.

Fernando Vizcaíno, 42 años, botas de montaña, sudadera violeta estilo Manu Chao, barba cerrada, conduce una vieja furgoneta blanca en la que a veces también pasa la noche. En la parte de atrás hay mantas y una esterilla. Con su casa a cuestas se asegura que nadie lo pueda confinar entre cuatro paredes. Lo entiende como un acto de libertad.

—Yo es que creía que iban a confinar antes pero está surtiendo efecto lo que estamos haciendo. La población se está enterando de muchas cosas y ya no solo el trabajo que hacemos, esto va a caer por su propio peso y vuestras cabezas van a rodar como sigáis así.

—¿Literalmente?

—Noooo, pero los primeros que vais a ir a la trena sois los periodistas. Y los políticos.

Vizcaíno tiene un canal de YouTube donde difunde mensajes conspiranoicos sobre la pandemia. De hecho, ahora mismo está grabando la conversación en el interior de la furgoneta, a escondidas. Después la subirá a la Red. Los vídeos no tienen millones de reproducciones, pero hay un público fiel que los comenta y en cierta forma le retroalimentan. A ellos debe referirse cuando asegura que la gente, por fin, está despertando.

Conduce por las calles de Guadarrama hasta aparcar al final de un camino, donde acaba el asfalto. Un frío helado se cuela a través de las ventanillas. En la luna delantera ha colocado un folio blanco: “Timovirus”. Dice que está llenando el mundo de mensajes antipandemia para hacerle una guerra contrainformativa a los medios de comunicación.

Vivió 20 años en Latinoamérica. “De ermitaño”, según él. Se acostumbró a las zonas rurales. Se dedicó a escribir, a la introspección, el desarrollo personal y a la naturaleza. Aprendió cosas sobre sí mismo y los seres humanos. El confinamiento de marzo le pilló en Valencia. “Toda mi vida he hecho lo que me ha dado la gana, he sido libre, he estado apartado del sistema. Solo coticé dos meses de mi vida cuando tenía 18 años. Cuando vi que nos metían en nuestras casas y lo que pretendían hacer, dije ‘joder, nos van a quitar la libertad’. Así empecé. Luego me di cuenta de lo que estaban haciendo y ves que están asesinando ancianos”.

¿Cómo? “Con el polisorbato 80”, asegura. De nuevo, el informe Barbastro manipulado. El mismo discurso que Cabal, igualito al que circula por redes sociales. Punto por punto. Continúa: “Esta enfermedad ni siquiera existe. El virus no ha sido aislado ni purificado. Ni siquiera se ha demostrado que el Sars-CoV-2 exista. Es la sintomatología que en su día provocó la vacunación de la gripe. Si tú te has fijado, la gente que moría como moría, con la neumonía típica, ya nadie se muere de eso. El covid 19, según la prensa y los gobiernos, sigue matando gente, pero resulta que ya no mata así. ¿Cómo es posible?”.

Espera que la gente salga de esta ensoñación y se tope con la verdad, la que él ha encontrado. Las protestas de jóvenes realizadas en las últimas semanas podrían ser un buen comienzo, pero Vizcaíno cree que detrás también hay un complot. “Los agentes del sistema están dinamitando todo. Los protestas de ahora se las apropia el Gobierno para sus intereses. Esa gente no somos nosotros”, explica. En su cabeza todo es mentira, de cartón piedra. El mundo es una farsa, una representación. Con esas gafas puestas, esas dos señoras que vemos dirigirse al monte con zapatillas de deporte y bastones de trekking adquieren un perfil amenazante. Podrían ser espías.

Antes del encuentro, Vizcaíno ha enviado por Telegram enlaces, vídeos, documentos que, según él, prueban que vivimos engañados. Dice que no se publicarán porque llegarían a la población y echarían abajo el relato oficial. La realidad es que todo lo que manda circula por redes sociales, está a un clic de cualquiera, y además ya ha sido ampliamente desmentido.

Le molesta la etiqueta de negacionista. “Es una bobada. Desde mi punto de vista vosotros sois los negacionistas”.

¿Y dónde quedan los hospitales colapsados, los crematorios funcionando las 24 horas del día, los cadáveres de ancianos aguardando días en camas hasta que llegara el furgón de la funeraria? También tiene respuesta a todo esto: “Tengo a dos doctoras, una de La Paz y otra de Alcorcón, y cuando les dices lo de los hospitales colapsados te reconocen que alrededor de Madrid los hospitales estaban vacíos. Montaron un circo para aterrorizar a la población. Los doctores oficiales te lo reconocen, pero también se quedan callados”.

24 horas después, subirá el audio de la entrevista que ha grabado sin avisar a YouTube con una pequeña introducción. Sentado al volante, asegura en la grabación que lo hace para “ayudar a publicar la verdad”. El vídeo tiene más de 360 comentarios, abrumadoramente inclinados a su favor. El antiguo ermitaño ha encontrado su sitio: “En los últimos meses estoy todo el día pegado al teléfono, al ordenador, porque me llaman un montón de personas. Telegram, edición de vídeo, todo el pinche día haciendo cosas. Desde que me levanto hasta que me acuesto”.

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Sonia Vescovacci, expolicía, durante la manifestación del sábado.
Sonia Vescovacci, expolicía, durante la manifestación del sábado.

Sonia Vescovacci viste de azul. Lleva el megáfono. Le pide a la gente que ha acudido a la manifestación que guarde la distancia de dos metros y que no se baje la mascarilla. No porque crea en su utilidad, sino para no meter en problemas a los policías, sus antiguos compañeros, que se encargan de la seguridad del evento. En poco tiempo, sobre todo en YouTube, se ha convertido en un rostro conocido por los propios agentes que difunden sus vídeos, en los que desafía a las autoridades policiales y pone en cuestión la pandemia.

Asegura que no es negacionista, no al modo de Esteban Cabal o Fernando Vizcaíno. Pero a continuación muestra sus dudas: “Yo no sé si es virus, si es 5G (un bulo que corrió por la Red) o qué es lo que es. No sabemos el motivo exacto. No creemos que se esté contando la verdad. Tenemos criterio propio y nos cuestionamos si lo que nos cuentan es real”.

Vescovacci, de 41 años, ha abrazado estas tesis desde hace poco. Cuando dejó el cuerpo de policía quiso empezar un proyecto con el que mejorar la formación de los agentes. En un máster sobre emprendimiento creó Human Protect. La idea era incorporar a los entrenamientos policiales inteligencia emocional, mindfulness, defensa verbal y persuasión. Empezó a ofrecer estos cursos a los sindicatos, y desde el principio comprobó que no había mucho interés. Concursó a una beca de la fundación de la policía, sin éxito. Su proyecto llegó a Ávila, donde está la academia nacional de formación policial, con el mismo resultado. Estaba en un callejón sin salida.

Recién separada de otro policía, a cargo de su madre dependiente, decidió abrir un canal de YouTube. Sus tres primeros vídeos tuvieron una acogida razonable. Asegura que el primero de ellos le valió un expediente de la policía que se le aplicará cuando decida volver al cuerpo, que según su versión puede hacerlo cuando lo considere después del año de excedencia que lleva. Sus vídeos tienen titulares llamativos y grandilocuentes: LA VERDAD, LAS GRANDES MENTIRAS, LA REALIDAD. La creación de Policías por la Libertad, un sindicato por ahora muy marginal que ha formado con la ayuda de un policía municipal, le sirve para llevar los grandes eslóganes que usa en Internet a la calle. El sábado fue su primera experiencia y quedó satisfecha. Cree que el movimiento tiene futuro. Vescovacci ha traspasado el espejo y hay gente que le sigue.

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