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División en las filas de ERC por el último choque entre Rufián y Junts

Voces de la dirección de los republicanos afean el tono del diputado, pero advierten de un “rechazo en la ciudadanía” hacia Junts

El diputado de ERC, Gabriel Rufián, durante una sesión plenaria en el Congreso, a 30 de abril de 2026, en Madrid.Alejandro Martínez Vélez (Europa Press)

El último choque entre Gabriel Rufián y Junts per Catalunya en el Congreso, la semana pasada, ha vuelto a evidenciar no solo la brecha en el bloque independentista, sino cómo la figura del líder parlamentario también polariza cada vez más entre las filas de Esquerra Republicana. “Esta es su bandera”, dijo Rufián a los diputados de Junts por el rechazo de estos al decreto de vivienda y mientras esgrimía un billete de 50 euros. Voces del partido alejadas de la dirección ven inadecuada la confrontación directa con Junts. La cúpula de Esquerra, en cambio, se mueve entre quienes critican el tono y los que piensan que, sencillamente, “Rufián hace de Rufián”. Otra cosa, añaden, es que esa manera de actuar se sobreponga con la tensión creada por la determinación del líder de ERC en Madrid para que su partido se involucre en la unidad de la izquierda alternativa a nivel estatal y que la dirección rechaza frontalmente.

El exdiputado Jordi Orobitg, que en su día se enfrentó a Junqueras con la lista Foc Nou en las elecciones para la dirección, lamentó en la red social X lo que considera una falta de rumbo de la formación. “Hoy es un partido dividido. Con individuos haciendo la guerra por su cuenta a quienes nos deberían acompañar en el camino”, aseguró en referencia al choque con Junts. Rufián cargó contra los siete diputados de la derecha independentista por su rechazo a aprobar el decreto ley sobre vivienda, que entre otras cosas contenía la prórroga de los alquileres pero también por impedir que saliera adelante el Consorcio de Inversiones pactado entre el Govern y ERC y que hacía parte del acuerdo de investidura del socialista Salvador Illa como president de la Generalitat. Se trata de un mecanismo para intentar asegurar una mayor ejecución en las inversiones públicas.

“Es la bandera que comparten con PP y Vox para fastidiar a casi tres millones de personas”, dijo Rufián a la bancada de Junts, mostrándoles un billete de 50 euros e insinuando que algunos tenían empresas de pisos de alquiler. Inclusive, el republicano se dirigió directamente a la diputada Marta Madrenas, que apellidó “de Vox” y que había sido la encargada de defender el no de su formación al real decreto ley. Madrenas ha denunciado que la semana pasada fue agredida por un ciudadano que la escupió, recriminándole su voto. Esta ha sido la situación que ha colmado el vaso de Junts, que cree que Rufián ha ido muy lejos esta vez.

El secretario general de Junts, Jordi Turull, aseguró que su formación va al Congreso a “hacer su trabajo, y nunca nos han hecho pasar vergüenza por 155 likes”, una referencia al tuit que durante el procés de 2017 puso Rufián contra el entonces president Carles Puigdemont, cuando este dudaba entre convocar elecciones autonómicas o declarar la independencia tras el referéndum ilegal del 1 de octubre de ese año. Rufián habló entonces de “155 monedas de plata”, un juego de palabras entre el artículo de la Constitución que permite al Estado intervenir una autonomía en caso de desobediencia grave y la traición de Judas.

“Rufián hace de Rufián”, asegura un miembro de la dirección, que le quita hierro al choque, si bien acepta que el líder en Madrid se ha metido en una guerra “que nadie le había pedido librar”, en referencia a poner la directa a la colisión frontal con los neoconvergentes. Con todo, añade, desde hace unos meses el partido “detecta un rechazo a Junts mucho más grande de lo habitual” y, por tanto, cree que está fuera de lugar achacarle muchas cosas al diputado en Madrid.

Se trata, efectivamente, del último episodio de choque, si bien es verdad que la tendencia parece ir mostrando cada vez una virulencia más grande en lo dialéctico. En febrero de 2023, por ejemplo, ambos partidos protagonizaron otro enfrentamiento a propósito de la reforma del Código Penal y la derogación del delito de sedición. Junts reprochó entonces a ERC haber pactado con el PSOE “a cambio de nada”. En otras votaciones más de carácter técnico —como convalidaciones de reales decretos o la gestión de los fondos europeos en 2024— también hubo choques. Es verdad que, a diferencia de algún caso puntual, nadie de la dirección ha salido a contradecirle.

El patrón se repite: coincidencia en el diagnóstico sobre el déficit inversor o el conflicto político, pero profunda discrepancia en la estrategia. La votación del consorcio, sin embargo, sí implicó cierto cambio de rasante y es un movimiento del que aún se desconocen las consecuencias. Existía cierto acuerdo tácito de que, pese a esas diferencias estratégicas, se apoyaran los avances que cada formación cosechara para Cataluña. “Les hemos votado muchas cosas”, recuerdan desde la dirección de ERC, señalando los incumplimientos de Junts.

Las voces que consideran que las declaraciones de Rufián están fuera de lugar contrastan con, como una vez más, los mensajes del diputado logran ser virales y extenderse con rapidez por las redes sociales. El líder de ERC en Madrid infla así su condición de azote del bloque de la derecha y en defensa de la clase trabajadora con problemas en el acceso a la vivienda. “¿Esto lo hace por él o por el partido?”, se pregunta un miembro del Parlament que, además, sugiere que se mire con detención la falta de aplausos cuando hace esas declaraciones encendidas. O recuerda resultados de votaciones de Junts donde solo Rufián se desmarca del apoyo republicano.

Pese a los encontronazos, el propio Oriol Junqueras se ha limitado a insistir en que, si lo desea, Rufián puede ser el candidato a las futuras elecciones generales por ERC. Aunque con una frialdad inusitada entre ambos, también ha recordado que la formación va más allá de cualquier miembro e insiste en que no disolverá sus siglas. “Sería un desgraciado si renunciara a ERC: estaré hasta que me echen”, aseguró el líder en Madrid, el pasado 9 de abril, el día que expuso en Barcelona su propuesta para la unidad de las izquierdas junto a la eurodiputada de Podemos Irene Montero.

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