Ir al contenido
_
_
_
_

El incendio de un colchón que atrapó en una ratonera a cinco jóvenes en Manlleu

Los Mossos sospechan que el fuego pudo iniciarse por un cigarro o una colilla mal apagada

01:42
Imágenes del interior del bloque de edificios tras el incendio en Manlleu
La puerta de acceso a la zona de trasteros en la que murieron cinco jóvenes el lunes en Manlleu. Foto: Massimiliano Minocri

El bombero intenta volver sobre sus pasos. Quiere aclarar qué ocurrió en los últimos instantes de vida de Mohamed Z., Adam B., Amine A., Mohamed M. y Mustapha B., los cinco jóvenes de entre 14 y 17 años que murieron la noche del lunes en Manlleu. ¿Por qué no pudieron escapar de las llamas a tiempo si el resto de habitantes del edificio salieron prácticamente ilesos? La respuesta es clara: el colchón que se incendió en uno de los trasteros en los que pasaban las horas convirtió el lugar en una ratonera. Estrecho, laberíntico, sin luz, sin agua y sin ventilación, el pequeño espacio se llenó de humo negro en segundos y les atrapó. Los cinco jóvenes murieron asfixiados, según explican fuentes policiales. “Hasta que los encontramos, yo creía que no había víctimas mortales”, lamenta un especialista que intervino en el rescate.

Los bomberos recibieron el aviso a las nueve de la noche. Mientras desalojaban a la gente, intentaban localizar el inicio del fuego para apagarlo. Corrieron a la quinta planta, sacaron a los vecinos, y empezaron a recorrer las dos alas de trasteros del edificio. Primero caminaron por la izquierda, con mucho humo, pero no hallaron fuego. La desgracia estaba en el lado derecho, donde descubrieron a las primeras víctimas, y el fuego originado en el colchón. “Pero ni siquiera encontramos mucha llama, porque prácticamente no había oxígeno en la zona”, detallan esas mismas fuentes de los cuerpos de extinción.

Ninguno de los chavales vivía en el edificio de cinco plantas de la calle de Montseny. Allí iban solo a pasar las horas. “Yo también he subido alguna vez a fumar”, explica Josef, de 33 años, que sí reside en el bloque de pisos, en una de las zonas más depauperadas de la ciudad. Él intentó auxiliar a los jóvenes y todavía se pregunta por qué nadie consiguió sacarlos antes. Josef y su padre están bien, igual que están bien el resto de personas que residen en la cuarentena de viviendas del inmueble. Las otras cinco personas que resultaron heridas son policías que participaron en las tareas de rescate e inhalaron humo.

Los Mossos investigan qué provocó que se incendiase el colchón, y consideran que lo más probable es que fuese un cigarro o una colilla mal apagada. También están analizando con los servicios de Endesa el estado de todo el bloque de pisos, con buena parte de las viviendas con la luz enganchada a la corriente de manera irregular. “Es una bomba de relojería”, resumen fuentes policiales sobre la situación del bloque, al que los vecinos pudieron regresar a las tres de la madrugada. El fuego no ha afectado a la estructura del inmueble. Además, añaden esas mismas fuentes, el acceso a algunos rellanos está enrejado, para dificultar el paso a cualquier extraño, pero supone un peligro añadido.

Al vecino del quinto, el último que vive justo antes de los trasteros, le despertaron los bomberos, prácticamente sacudiéndole. “Casi se me sale el corazón de la boca”, recuerda el hombre, que ha fregado ya cinco veces el suelo para quitar el hollín. Estaba ya durmiendo y había inhalado bastante humo cuando le rescataron. Para entrar a su casa, los Bomberos tuvieron que cortar antes con una radial la verja de hierro que ha colocado delante de la puerta de madera. “Solo busco mi seguridad”, justifica el vecino, que tiene además una cámara de vigilancia en la ventana apuntando a la zona de trasteros.

¿Pero estaba abierta o cerrada la puerta de acceso a los trasteros donde murieron los jóvenes? En el fragor del rescate, los especialistas no están completamente seguros de cómo la encontraron. Los antiguos dueños de esos pequeños cubículos los abandonaron hace tiempo. En el lugar se acumula suciedad, electrodomésticos, colchones... Y en el interior de alguno de ellos hay incluso muebles y sofá, lo que lleva a pensar a la policía que probablemente alguien pernocte allí de manera esporádica.

Los vecinos aseguran que los propios chavales y moradores ocasionales que entran y salen de los trasteros cierran con un alambre la puerta metálica para que nadie les moleste. En el suelo siguen algunos hierros tirados que dan fe de ello. Algunos residentes han intentado cerrarlo con un candado para acabar con las idas y venidas. “Pero los revientan todo el rato”, asegura Josef, que afirma que incluso temen por las represalias si les impiden el acceso a algunos de esos moradores ocasionales. Tampoco han logrado cerrar la puerta de la calle, que da acceso al edificio. “Lo arreglamos y nos la vuelven a reventar”, asegura Mohamed, también treintañero, que vive en la primera planta del bloque.

Los vecinos, sin embargo, no creen que los jóvenes fallecidos en el incendio viviesen en el trastero. “A uno de ellos, el mayor, alguna vez se le ha visto de noche”, explica uno de ellos, pero insisten en que era solo un lugar de reunión, y de pasar un rato. Los amigos de los jóvenes, que ayer corrieron al lugar de la tragedia, explican que normalmente se reunían allí por la tarde. “Es que hace frío, y ahí estaban bien”, explica un amigo. Otros conocidos han señalado que a veces manipulaban el gas de la risa, pero los Mossos han descartado que esté relacionado con el origen del incendio.

El levantamiento de los cadáveres de los jóvenes se llevó a cabo ya de madrugada. A través de testigos y vecinos de la zona, los policías identificaron inicialmente a las víctimas. “Aquí nos conocemos todos”, explicaba un hombre, que formaba parte de un corrillo con varias personas más. “Es una maldita desgracia”, resume otro joven, que los conocía, y que todavía no se hace a la idea de lo ocurrido. Los familiares tuvieron que identificar oficialmente los cuerpos horas después del incendio, en el Instituto de Medicina Legal de Barcelona, donde se llevaron a cabo las autopsias.

El instituto Antoni Pous, al que acudían cuatro de los cinco chavales, lucía ayer un crespón negro en la fachada. En el patio, una ambulancia con psicólogos del Sistema de Emergencias Médicas (SEM) atendía a quien lo necesitase. Aunque muchos jóvenes decidieron irse a casa. “No es momento de hablar de esto”, zanjó uno de los amigos que acudió al lugar del incendio. Sentado en un portal de Manlleu, a pocos metros del bloque de la calle de Montseny, un hermano de una víctima iba recibiendo el pésame de vecinos y allegados. Al ser preguntado, dos amigos intervinieron en su nombre: “No es momento ahora de medios”. A las siete de la tarde, el presidente Salvador Illa encabezó el minuto de silencio convocado por el Ayuntamiento. Manlleu ha decretado tres días de duelo.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_

Últimas noticias

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_