La exposición de Chris Ware en el CCCB: una lección magistral de empatía a través del cómic
La muestra ampliada que cierra su periplo europeo recoge el universo creativo del genio estadounidense, autor de obras como ‘Jimmy Corrigan’ o de portadas icónicas de ‘The New Yorker '


La emoción ha sacado del guion al autor de cómic Chris Ware (Omaha, Nebraska, 57 años) y le ha impedido contestar la primera pregunta que se le ha formulado en el mirador del Centre de Cultura Contemporànea de Barcelona (CCCB) este miércoles por la mañana: “Esta exposición está siendo la mejor terapia que he tenido en mi vida. Anoche hablaba con mi hija al teléfono y me dijo: “Estás raro, suenas muy feliz”. Supongo que es genial salir de la cólera que se vive en América y volver a sentir la cortesía y la civilidad entre personas”, ha dicho el artista nada más coger el micro, después de que el comisario y jefe de exposiciones del CCCB, Jordi Costa, le preguntara por los orígenes de su trabajo. “Quiero pedir perdón por todo lo que está diciendo el presidente de mi país. Hay un movimiento en la derecha americana que quiere desacreditar la empatía, pero el arte es entender a la gente”, ha reivindicado acto seguido, antes siquiera de ahondar en las especificidades de su obra o su persona. Tenía toda la lógica.
Genio y artesano de unas viñetas que nos hacen preguntar por la complejidad del universo, autor de títulos fundamentales como Jimmy Corrigan, Fabricar historias o Rusty Brown y responsable de algunas de las portadas más emblemáticas de The New Yorker, el autor sabio de discurso amable ha visitado Barcelona para presentar la exposición Chris Ware, dibujar es pensar. La muestra, coproducida con Ficomic, amplía con objetos de su colección privada una exposición que lleva tres años viajando por Europa (Angulema, el Pompidou o Cartoonmuseum de Basilea, entre otros). Aquí estará disponible hasta el 9 de noviembre de 2025 en el CCCB. El cierre barcelonés supone un repaso íntimo a su obra y pensamiento artístico, y los periodistas que han recibido la visita guiada del propio Ware junto a Costa atesoran ya uno de esos preciados instantes que rara vez se da en la privilegiada crónica cultural: el de contemplar una lección magistral de un genio a propósito de ese vínculo entre arte, empatía y conexión humana que tanto caracteriza su trabajo.

Comparado con Nabokov o Joyce, definido por la directora del CCCB, Judith Carrera, como “uno de los autores más relevantes y radicales de la contemporaneidad”, Ware ha probado ante los medios por qué, como ha anticipado Jordi Costa, su figura representa “la constelación de la América que nos gusta”. Desde su rechazo al ego artístico visto en la primera parte de la muestra, dedicada a sus inicios con la serie Acme Novelty Library de 1993 (“yo no quería ser como esos autores que aprendían antes cómo firmar que a dibujar”) hasta cuando ha finalizado analizando una de sus últimas portadas en The New Yorker, inspirada en la mujer que para el tráfico para que crucen los alumnos del colegio público de Chicago en el que imparte clases su mujer (“una heroína en la vida real que ha llegado a romper su señal de Stop para evitar que los coches se abalancen sobre los críos”), de cada una de sus frases explicatorias emanaba una lección vital.
Ware se ha restado importancia al explicar sus colaboraciones con Ira Glass, el conductor del popular podcast This American Life o el escritor Dave Eggers, fundador de McSweeny’s, proyectos que también están presentes en la muestra (“tengo la suerte de gustar a gente maja que me llama para pedirme cosas”) y se ha emocionado por el vídeo exclusivo de la exposición en el que la escritora Zadie Smith explica su vinculación personal con su libro Jimmy Corrigan (“es mi escritora favorita, de ella aprendí que no hay que tener miedo a escribir sobre lo desconocido o lo que no has vivido. Por lo que sea, yo me identifico más con una profesora como Joanne en Rusty Brown que con un asesino en serie”).

Especialmente único ha sido el momento en el que el editor de su obra en inglés y padrino de su hija, Chip Kidd, que le acompaña en este viaje, ha explicado cómo parió la peculiar estructura de Fabricar historias, un objeto de culto que se materializó en una caja con 14 relatos entrelazados en forma y género distintos, de un periódico a un folleto, de un libro a un tablero y que llegó a vender 100.000 ejemplares, elegido uno de los libros de 2012 en The New York Times. Y Ware ha enmudecido a los presentes cuando, en la sección dedicada a la vanguardia de los orígenes, ha narrado la simbología tras una historieta sobre un duelo entre un gato y un ratón del Krazy Kat de George Herriman de principios del siglo pasado, ampliada en una pared en la muestra: “Esta historia explica mejor que nada que haya leído las relaciones raciales en América, no creo que se haya hecho nada mejor desde entonces”.
“Habéis sido muy generosos por dejarme poner cosas en la pared”, ha dicho este amante de los libros antes de “no robaros más tiempo”. Aunque no ha querido mojarse respecto al debate sobre la apropiaciòn de la Inteligencia Artificial del trabajo de ilustradores y viñetistas (“no me importa que la IA me imite, lo que sí tengo claro es que todo lo que sale de ahí parece muerto”), sí se ha mostrado fatalista respecto al futuro de su país: “En Estados Unidos había arraigado esa idea de que el arte es libertad. La promesa de que todo es posible, esa idea que tanto había explorado Hollywood, ahora está rota. Es vergonzoso”.

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