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Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Elecciones sin pasión

Los partidos con más opciones para ganar no se dirigen al electorado para generar entusiasmo e ilusión con su programa sino suplicando apoyos para salir del pozo

Un imagen de los candidatos del 12-M en el debate electoral de PIMEC. De izquierda a derecha, Alejandro Fernández (PP), Josep Rull (Junts), Salvador Illa (PSC), Pere Aragonès (ERC) y Jéssica Albiach (Comuns).
Un imagen de los candidatos del 12-M en el debate electoral de PIMEC. De izquierda a derecha, Alejandro Fernández (PP), Josep Rull (Junts), Salvador Illa (PSC), Pere Aragonès (ERC) y Jéssica Albiach (Comuns).Quique García (EFE)
Enric Company

El minoritario gobierno de ERC presidido por Pere Aragonès ha tirado la toalla y ante la imposibilidad de reunir en el Parlament apoyos suficientes para culminar la legislatura ha reconocido su soledad e impotencia y ha convocado anticipadamente al electorado a las urnas. Es el quinto adelanto electoral anticipado consecutivo en Cataluña desde 2012, cuando Artur Mas formó con CiU, ERC y la CUP el primer gobierno con mayoría parlamentaria independentista. Las elecciones al Parlament de 2012, 2015, 2017, 2021 y ahora 2024, siempre antes de plazo, jalonan su agitada trayectoria. El soberanismo se alzó sobre la ola de la protesta política contra el recorte del Estatuto de Autonomía por el Tribunal Constitucional en 2010, pero la condujo a un callejón sin salida y ahora, agotado, dividido y desnortado, llama de nuevo a las urnas en busca de una salida.

Aunque sus dirigentes no lo digan e incluso puede que no lo piensen, lo que este nuevo adelanto electoral reclama no es un relevo de gobierno sino también de mayoría: el bloque soberanista no da más de sí. También los independentistas se dan cuenta de que encauzaron la protesta catalana por una vía estéril. El fracaso no es el de estos tres años de legislatura, sino el de todo el ciclo de hegemonía independentista. Aragonès es ahora el protagonista, pero en realidad son Artur Mas, Quim Torra, Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y Carles Riera quienes van al juicio de las urnas. Su apuesta fracasó y ha llegado el momento de buscar otra fórmula y otros liderazgos.

Algunos aspectos del relevo son bastante obvios, pero la incertidumbre es muy elevada porque no se vislumbra la viabilidad de una mayoría alternativa. El PSC de Salvador Illa quedó el primero en las anteriores elecciones al Parlament, empatado a escaños con ERC, y todos los sondeos indican que puede revalidar y ampliar su liderazgo en la cita del 12 de mayo. Illa lleva años marcando un perfil político ambiguo, presentándose como un progresista capaz de asumir los intereses y las propuestas de los sectores económicos y sociales que durante décadas confiaron en CiU. Pero el empeño en ampliar su apoyo electoral por el flanco derecho tiene sus límites y contradicciones y ahí está para recordarlos la insostenible situación en que se halla su compañero de partido, Jaume Collboni, alcalde de Barcelona, por su empeño en satisfacer a los lobbies de la derecha local: en minoría, sin presupuesto y sin otro programa que el de mantenerse.

El panorama que se configura a tres semanas de la cita en las urnas se caracteriza por la ausencia de pasión. Los partidos con más opciones para ganar no se dirigen al electorado para generar entusiasmo e ilusión con su programa sino suplicando apoyos para salir del pozo. La fórmula de Illa es esta: pasar página de la última década y ocuparse de las cosas. La de Aragonès es la misma, con el añadido de un referéndum para mantener encendida la antorcha soberanista. Pero es una situación rara y complicada, porque todos los dirigentes saben que la causa de la crisis política abierta en 2010 sigue ahí y aunque ahora mismo la cuestión sea solo cambiar de bloque de gobierno y abrir otro ciclo, la alternativa no está nada clara. Que sean unas elecciones sin pasión no significa, sin embargo, que lo que se juega carezca de importancia. Al revés, que la mayoría soberanista se mantenga o no es un elemento crucial, definidor de la situación política.

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