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Comedias confinadas

‘Jo també em quedo a casa’ es un simpático entretenimiento en TV3 que hace de la necesidad virtud

Un fotograma del programa 'Jo també em quedo a casa' de TV3.
Un fotograma del programa 'Jo també em quedo a casa' de TV3.

TV3 ha estrenado esta semana una serie, Jo també em quedo a casa, tan oportuna como inevitable. La única forma de saltarse la parálisis de los rodajes es hacerlos manteniendo el confinamiento del equipo y recoger (o eso parece) las imágenes por Zoom, Skype… convirtiendo, además, estas herramientas de comunicación y su uso en material narrativo. En otras circunstancias hablaríamos de una comedia hecha a base de primeros planos, con todos los personajes tratados desde el mismo punto de vista, pero estos días es la escena más frecuente en entrevistas y reportajes en televisión. Por otro lado, no hay en todo esto ninguna novedad radical. La serie Web Therapy ya presentaba en 2008 a una psicóloga que despachaba a su clientela desde la web. La inolvidable Cámera café era una serie construida desde un único punto de vista (una máquina de café). No se trata de ser los primeros. Se trata de proponer un entretenimiento sencillo, imaginativo, que hace de la necesidad virtud. Y este es el caso.

La historia la construyen ocho personajes confinados. Todos están relacionados con todos y da la sensación de que el confinamiento los protege de un descalabro sentimental definitivo. Me gustaría saber qué les pasará cuando puedan salir de la jaula y vivir sin este escudo excepcional. Solo Martí y Gal·la están en el mismo piso. Como influencers convencidos se pasan el día proponiendo actividades en Instagram. Pueden cantar o hacer gimnasia y predicar que las rodillas son más importantes que la mente, un acertadísimo ejemplo de las barbaridades que se pueden oír en las redes sociales. Hay otros mantras más líricos (“navega hacia tus islas”) que son “luz” para sus seguidores. Se alimentan de likes.

Estos son los personajes más comediantes de la comedia. El otro es el psicólogo que trata a Marina y Muç, una pareja que ha roto y que son vecinos. Su improbable remedio consiste en asociar los estados anímicos a un color, lo que le hace decir constantemente frases como “vives una situación naranja” o “tienes que transitar del rojo al verde”. Todo hace pensar que ni él mismo se cree este adorno de su supuesta terapia.

Los otros cinco personajes, dos chicas y tres chicos, todos aislados, tienen su agenda amorosa un poco descompuesta. Chicas con poca convicción sobre sus sentimientos y algún joven incapaz de ver los estropicios que hay en la relación con su chica. Amantes secretos y, naturalmente, en esta situación tan favorable a la hipocondría, tenía que haber uno que enseña las amígdalas a los amigos convencido de que está infectado.

Los primeros capítulos -tendrá 10- han sido un entretenimiento simpático, diría que incluso saludable en una programación lógicamente dedicada al gran tema. El margen de posible error se reduce mucho con escenas que no se alargan, que saltan de una a otra renovando las expectativas del espectador y con capítulos de 15 minutos. El reparto es acertado. Son: Mar Ulldemolins, Jordi Cadellans, Mariona Ribas, Dafnis Balduz, Peter Vives, Diana Roig, Bernat Mestre y Sergi Cervera, que es el director de la serie. El argumento también es suyo y de Blanca Bardagil, que debe de ser quien le pone un leve aroma Flyhard.

Televisión Española anuncia algo parecido pronto. Lógico.