Instrucciones para llevar bolsas de dinero a Ferraz
La empresaria Carmen Pano cuenta que subía a la segunda planta y se las entregaba a un tipo en cuanto se abrían las puertas del ascensor


Carmen Pano, pelo blanco recogido en una coleta y gafas, ropas claras, se sienta a declarar con el abrigo sobre las rodillas y así permanece una buena hora. Es un arte complejo sentarse frente a los magistrados del Tribunal Supremo. Todos deberíamos sentarnos alguna vez en la vida allí, incluso con méritos. Hay testigos como Claudia Montes que se sientan como si estuviesen en un pupitre y estiran el cuello para ver mejor el encerado; Joseba, el hermano de Koldo García, se sentó de lado apoyando una mano en la pierna como si estuviese en un txoko; Carmen Pano se sienta ahora mismo como si fuese en el metro. Cada vez que alguien le hace una pregunta, lo mira como si le estuviese anunciando la parada.
Pano viene a hablar de dinero en bolsas. Eso siempre produce mucha impresión. Bolsas de dinero, “tacos de billetes” los llamó su chofer a primera hora, fajos. Son cosas que sabemos que están ahí, pero hay que ser empresario, narco o político para tocarlas. Una vez fui a ver un piso para comprar y el tipo me propuso que pagase 50.000 euros en negro. Me dio mucha curiosidad (yo no tenía ni para la entrada) y le pregunté cómo se hacía exactamente eso. Mi ignorancia en cuestiones de dinero cualquier día me lleva a la Audiencia Nacional. Pues bien: me dijo que poco a poco yo debía acumular ese dinero en casa (me aguanté la risa) y después, he aquí el momento clave, debía llevárselo a él en una bolsa. Una bolsa deportiva. Me detienen antes por ir al gimnasio que por llevar 50.000 euros en negro, pero okey. Lo que quiero decir es que el dinero se mueve de forma natural a través de los bancos: cuando sale de ese circuito, cuando se esconde de Hacienda, hay que moverlo, desplazarlo físicamente. Hay que cargar con él. ¿Y cómo se carga ese dinero? Eso es lo que vino a explicar al Supremo Carmen Pano. Empresaria y levantadora de bolsas.
Dijo Pano que había llevado dos veces a la sede del PSOE, en la calle Ferraz, 45.000 euros. 90.000 en total en dos viajes. ¿Cuánto pesan 90.000 euros? El doble de 45.000. Era un dinero, dijo, que suponía abrir puertas para conseguir una licencia para una operadora de hidrocarburos. El dinero se lo dio Víctor de Aldama, dijo. Aquí viene algo muy divertido. La primera vez fue al despacho de Aldama en la calle Alfonso XIII, y allí Aldama le pidió por favor que fuese a llevar una bolsa de dinero a Ferraz. Porque, atención, él tenía mucho lío en el despacho y no podía. ¿Y qué hizo Pano, empresaria veterana, pinta de haberse batido en las fronteras espinosas de la vida entre pillastres? Coger la bolsa, llamar a un taxi y salir para Ferraz.
He ido a Google Maps: hay unos 20 minutos en taxi desde Alfonso XIII a Ferraz. Quizá llegue la carrera, si hay mucho tráfico, a 20 euros. ¿Qué hizo Pano? ¿Abrió la bolsa de los 45.000 euros y sacó un billete? ¿Dejó propina? ¿Cómo iba sentada, con la bolsa al lado o encima de las piernas, abrazada a la bolsa o la tenía a los pies? ¿Se la dio al taxista para que la cargase en el maletero? ¿Le puso a la bolsa cinturón de seguridad? ¿Vio el taxista los 45.000 euros y pensó que tenía que llevar a esa señora a Nueva Delhi?
Otro día, Pano se presentó en el despacho de Aldama de nuevo, y Aldama le pidió que le hiciese un favor: que llevase a Ferraz otra bolsa de 45.000 euros. A Pano casi se le caen las gafas. ¿Este tío habla en serio? Le preguntó que por qué no la llevaba él. Y atención: Aldama le dijo que tenía esa mañana mucho lío, y que no podía salir del despacho. ¿Qué creen ustedes que hizo Carmen Pano? Explotar, naturalmente. “Le dije que era la última vez que le hacía esa clase de favores”. Y cogió la bolsa y se marchó. Este país no se lo puedes explicar a nadie, es una experiencia que hay que vivir alguna vez en la vida, como el propofol que te ponen para la colonoscopia. Dejarte llevar, relajar los músculos, cerrar los ojos, pensar en Carmen Pano de un lado a otro de Madrid con bolsas de dinero, bolsas seguramente del Pryca, bolsas que aún huelen a fruta y yogures, dando patadas a las piedras con un berrinche tremendo: “¡Estoy liado, estoy liado!”. Llega a ir una tercera vez al despacho de Alfonso XIII, y Aldama le da una pistola y le pide que acabe con el líder de la Mara Salvatrucha: “Yo ahora no puedo porque tengo una llamada”. Y ahí va Pano por Madrid adelante con un cinturón petado de balas preguntando por Kevin Fernando Perdomo.
Esa segunda vez, en vez de llamar a un taxi, porque tampoco era cosa de arruinarse, Carmen Pano llamó a su chófer. El chófer se llama Álvaro Gallego y declaró antes que Pano: “Era una bolsa transparente, blanca, metida dentro de otra bolsa más grande y sé que había dinero porque la bolsa de Pano estaba abierta, entonces la otra se transparenta y había tacos de billetes”. O sea que Pano andaba por ahí con la bolsa abierta.
¿Qué hizo cuando llegó a Ferraz?, le preguntó quirúrgicamente el fiscal. Las dos veces, dijo Carmen Pano, lo mismo: pasó sin problemas por la puerta (como para tenerlos si iba con la bolsa abierta) y, al llegar a la segunda planta, le dio la bolsa a un señor que no conocía de nada. Es probable que un paisano de Viveiro, un militante que fue a Madrid a saludar a su sobrina que trabaja en el comité de garantías, llamase un día al ascensor y de allí saliese enloquecida una señora dejándole en las manos una bolsa de 45.000 euros al grito de “la última vez que hago esto, la próxima viene él”. Hoy el hombre tiene dos farmacias en la comarca de A Mariña.
Carmen Pano tenía una relación con Víctor de Aldama de “hoy por ti y mañana por ti también”. Aldama, en el banquillo de los acusados, escucha la declaración de su vieja amiga sin pestañear. Lleva el pin de una cruz en la solapa y le asoma del bolsillo un pañuelo de seda. Tiene cara de estar pensando: “¿En qué momento no la lié yo para que ella se sentara aquí por mí?”.
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