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La burocracia retrasa el entierro de Yamina tras el accidente de Adamuz: “Sigue en una nevera y lleva ya una semana muerta”

La familia Lamssiah ha sido la última en abandonar Córdoba y ahora lucha por celebrar un funeral en Marruecos cuanto antes

Yamina Lamssiah, en una imagen cedida por la familia.

Yamina espera su tercer viaje. En el primero, hace una semana, perdió la vida camino de Madrid en el tren Iryo a su paso por Adamuz. Desde entonces la familia Lamssiah ha buscado su cuerpo por todas partes hasta recibir la noticia fatal el miércoles. Ahí empezaron las trabas burocráticas para poder trasladar el féretro a Madrid, donde estaba previsto un rito musulmán en la mezquita, que se celebró este sábado. En la capital están ya todos sus familiares que viven en España, pero los allegados de Marruecos, de donde es originaria, aguardan aún la repatriación del cadáver para despedirla en su tierra, y eso es algo que está tomando su tiempo. Será el tercer viaje de Yamina. “Sigue en una nevera. Es injusto, lleva ya una semana muerta y queremos enterrarla”, se lamenta Aya, su sobrina. Yamina Lamssiah, marroquí de 45 años, viajaba en el vagón número 8 del tren Iryo, descarrilado y arrollado por el Alvia. El suyo es ahora un hogar atravesado por el dolor de la tragedia y atascado en una burocracia que no les deja poner punto y final al desgarro, como han hecho ya muchas otras familias. De las 45 personas fallecidas en el accidente de Adamuz, tres eran extranjeros: Yamina, un ciudadano ruso y otro alemán. Esta es la historia de la única familia que aguardaba el viernes para llevarse a la mujer a la tierra que la vio nacer.

Ese día, el viernes, bastaba un vistazo al rostro de los allegados que esperaban en Córdoba, para entender el desgaste que han sufrido esta semana: los ojos hundidos, ojeras profundas y una tristeza imposible de disimular. La familia volvió al hotel el viernes por la mañana después de acudir a la Ciudad de la Justicia de Córdoba. Fueron a solucionar uno de los últimos trámites para que Yamina Lamssiah pudiera viajar a Madrid y recibir el rito musulmán en la mezquita antes de ser enterrada en su país natal. “Nos están mareando”, decía el marido de la fallecida al personal que han puesto a su disposición para ayudarle con los trámites. La mujer con el chaleco azul que les identifica asiente: “La aseguradora dice una cosa y la funeraria otra, los tienen mareados”, ratifica la mujer.

La búsqueda de Yamina Lamssiah ha sido un camino tortuoso para su familia. El último recuerdo que tienen de ella es una videollamada mientras estaba en el tren. “De repente el móvil se cayó y escuchábamos a gente gritar, mucho ruido. La cámara seguía activada, no veíamos nada, pero escuchábamos todo”, cuenta su hermana Nawal. Intentaron llamarla durante dos horas, pero no cogía el teléfono. Llegaron el lunes sobre las 12.30 de la tarde al hogar del pensionista de Adamuz, donde habían pasado la noche quienes, como ellos, no encontraban a allegados que viajaban en los trenes. La hermana contaba entonces que habían peregrinado por la noche por distintos centros hospitalarios de Córdoba, pero que no estaba en ninguno. En el pueblo, eso sí, les dijeron que debían volver a la capital cordobesa para pedir información en el centro de atención a las víctimas.

Estuvieron días buscando noticias en comisarías, hospital tras hospital, e incluso en el juzgado. “¿Por qué hemos tenido que sufrir tanto?”, se pregunta su sobrina Aya. La primera vez que llamó a la Cruz Roja le respondió una de las trabajadoras: “Yamina Lamssiah, morgue. Lo siento”; y le colgó el teléfono. Aya se puso a llorar y volvió a llamar. Le contestó otra trabajadora que le dijo que había sido un error, que no se preocuparan. Finalmente, el pasado miércoles les notificaron la muerte de la mujer, pero hasta el viernes no les entregaron el féretro y con él viajaron todos a Madrid.

Este sábado han podido llorar y rezar por ella en el Centro Cultural Islámico de Madrid, siguiendo los ritos de su religión. Mientras tanto, en Marruecos, la espera continúa. Allí conocieron sus padres, hace apenas hace 24 horas, la noticia de su muerte. “Llevábamos una semana intentando aplazar su dolor, porque mi abuela está enferma y sabíamos que sería muy duro para ella”, relata la sobrina.

En el islam, lo habitual es dar sepultura lo antes posible, idealmente dentro de las primeras 24 horas. Sin embargo, ya ha pasado una semana desde el accidente de tren y los Lamssiah se desesperan: “Aún quieren que esperemos cinco días más”, se lamenta su hermana Malika. “Necesitamos conseguir paz para ella”, suplica.

En el laberinto administrativo es difícil encontrar qué pieza está bloqueando el viaje final de Yamina. “Quieren retrasarlo porque nos dicen que necesitan más autorizaciones para el traslado a Marruecos y no entendemos por qué”, cuenta Malika.

La funeraria Galapagar, que hizo los trámites con el juzgado en representación de la familia para poder recibir el cuerpo de la fallecida y trasladarlo a Madrid, aseguran que el cadáver estaba siendo preparado para su repatriación durante la mañana de ayer. “Nosotros lo recibimos y lo preparamos, pero ahora se lo lleva el marido de la fallecida y ya otra compañía se encarga de la repatriación a Marruecos”, dicen. Funersierra, la compañía que trabaja para gestionarlo, asegura que falta documentación como la que proporciona Sanidad Exterior y otros certificados. La familia asegura que el Consulado de Marruecos en España ya ha autorizado la salida.

Malika cuenta muy nerviosa que, cuando se conoció la noticia del accidente, todas las autoridades hicieron gala de su disposición con las familias de las víctimas, pero a su parecer, se ha quedado todo en papel mojado. “Son todo palabras en el aire. Nada más”, sostiene. De entre las nueve personas que fallecieron en el tren Iryo, “hay dos casos especiales”, según fuentes de la compañía ferroviaria.

Uno es el de Yamina y otro el de un ciudadano ruso, que requieren la repatriación a sus países de origen. En el caso de la familia Lamssiah, Iryo asegura que ha abonado un total de 8.400 euros, de los que solo 4.000 —menos de la mitad— han sido cubiertos por el seguro obligatorio de viajeros. En el segundo caso, el del ciudadano ruso, cuya repatriación es aún más complicada debido a la inexistencia de vuelos directos a Rusia desde España”, indican las mismas fuentes. “En cualquier caso, Iryo asumirá igualmente los gastos que excedan la cobertura del seguro”, señalan. La familia Lamssiah espera cansada por el último viaje de Yamina.

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