Inmigración

Un baño de lejía para clausurar el campamento del muelle de Arguineguín

Tras su desalojo durante la noche del domingo, comienza el desmonte de las carpas, improvisadas hace ya casi cuatro meses

Arguineguín (Gran Canaria) - 30 nov 2020 - 15:58 UTC
Operarios durante el desmantelamiento del campamento del Puerto de Arguineguín.
Operarios durante el desmantelamiento del campamento del Puerto de Arguineguín.quique curbelo

El campamento para inmigrantes del muelle de Arguineguín (Mogán, Gran Canaria) se da por clausurado casi cuatro meses después de que se pusiera en pie de manera improvisada como respuesta al repunte migratorio en el archipiélago. Durante la mañana del lunes el olor a lejía ha sustituido al hedor a suciedad, sudor y humedad que impregnaba este espacio de 3.800 metros cuadrados donde el Gobierno ha llegado a hacinar hasta a 2.600 personas recién rescatadas de las pateras en las que intentaban llegar a las islas. Tras el desalojo, que se completó la noche del domingo, 20 militares han sido movilizados a toda prisa para desinfectar la zona y desmontar las cinco carpas del Ejército que servían de techo a los recién llegados. Cruz Roja desmontará también sus ocho tiendas y la empresa responsable, los 25 baños químicos portátiles.

Las malas condiciones del mar han frenado las llegadas desde el pasado viernes y han permitido acelerar una asignatura pendiente en la que las autoridades trabajaban hace semanas. La intención del Gobierno es que el espacio solo vuelva a usarse, como máximo, para el triaje sanitario, pero no para uso policial.

El nuevo destino de los recién llegados será el campamento instalado en el antiguo polvorín de Barranco Seco, unos terrenos militares a ocho kilómetros de Las Palmas de Gran Canaria, que tendrá capacidad para 1.000 personas. En el campamento, destinado para las primeras 72 horas de custodia policial en las que se identifica y reseña a los recién llegados, duermen ahora mismo unos 300 migrantes en carpas del Ejército donde caben entre 20 y 30 personas, dependiendo de si las literas del interior son dobles o triples. La Policía, como ya hizo en Arguineguín, ha comenzado este lunes a impedir que los periodistas se acerquen a la barrera policial que protege el nuevo campamento.

El muelle de Arguineguín ha sido durante los últimos meses un agujero negro en la gestión migratoria del Gobierno en Canarias, adonde han llegado en lo que va de año 19.000 personas. Sin camas, las personas dormían sobre cartones en el suelo y comían bocadillos de atún y pollo para desayunar, almorzar y cenar. El agua era limitada y los 25 baños y 12 duchas un bien justo y preciado para compartir entre cientos de personas.

En este espacio, también vetado a los periodistas y a parlamentarios, se han documentado varias violaciones de los derechos básicos de los migrantes. Desde la ausencia de asistencia jurídica a la permanencia bajo custodia policial de personas –entre ellos menores– durante más de los tres días que marca la ley. Yassine Esadik, un marroquí de 23 años, por ejemplo, contó a EL PAÍS que durmió 20 días en el asfalto del muelle. También en esa dársena, los servicios sanitarios encontraron a Hamza un adolescente que desembarcó después de haber visto morir de inanición a seis de sus primos que emprendieron con él el viaje. El chico llevaba tirado en el asfalto nueve días, deshidratado y en estado de shock, sin que nadie reparase en él, según denunció en Twitter el pediatra que lo atendió.

Las condiciones del muelle motivaron una inspección de técnicos del Defensor del Pueblo que envió un recordatorio al Ministerio del Interior demandando su “cierre inmediato” del lugar, donde mantiene que se han vulnerado derechos fundamentales. El documento destacaba que mantener allí a los migrantes suponía poner en riesgo su integridad física y denunciaba que los rescatados superaban en el asfalto las 72 horas de privación de libertad que permite la legislación sin que exista ninguna orden judicial que lo justifique. El defensor, Francisco Fernández Marugán, tenía prevista su llegada a las islas este lunes para conocer la situación en persona, pero se ha visto forzado a cancelar el viaje a última hora tras comprobar que tuvo contacto estrecho con un positivo de covid.

El desmonte de Arguineguín se prolongará durante toda la jornada del lunes. Se han llenado decenas de bolsas de basura con zapatos, calcetines, mantas y mochilas abandonadas por cualquiera de los miles de personas que durante casi cuatro meses han pasado por allí. La alcaldesa de Mogán, Onalia Bueno, de la plataforma Ciudadanos por el Cambio (CiuCa) se ha desplazado al lugar a comprobar los trabajos y celebrar el cierre de un lugar que ha provocado la ira de sus vecinos. Allí se ha encontrado con los pescadores del pueblo que, tras conocer la noticia de la clausura, han corrido a recuperar el pequeño espacio que antes ocupaban sus redes.

Fe de errores

En una primera versión de este texto se afirmaba que dormían en Barranco Seco 600 personas, cuando el número ronda actualmente las 300.

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