El accidentado aterrizaje en España de una feria internacional de guerra electrónica

Sevilla prevé acoger un evento sobre material bélico con 1.200 visitantes, tras cancelarse en Liverpool

Cuatro delegados, en la feria de armamento DSEI celebrada en Londres en 2019.
Cuatro delegados, en la feria de armamento DSEI celebrada en Londres en 2019.LEON NEAL (Getty Images)

El aterrizaje en España de la feria sobre armas para la guerra electrónica Electronic Warfare Europe será tumultuoso. El evento prevé celebrarse en Sevilla el próximo mayo con 1.200 asistentes de 30 países. Pero, además de sortear el avance del coronavirus en pleno proceso de vacunación, tendrá que evitar las turbulencias del movimiento pacifista, espoleado tras la cancelación de esta feria estadounidense en Liverpool.

La ciudad inglesa tenía previsto acoger el evento este mes, pero se canceló semanas antes. La asociación organizadora, The Old Crows, alega que la covid forzó la suspensión. Durante semanas, 40.000 británicos habían escrito correos al alcalde laborista, Joe Anderson, para exigirle que un palacio de exposiciones público no acogiera un acto para promocionar material bélico, y luego artistas, concejales y medios de comunicación locales se unieron a la petición.

Cuatro días después de que se anulara el 17 de septiembre, el regidor anunció que un código ético estipulará a partir de ahora qué tipo de eventos puede alojar el Ayuntamiento de Liverpool. “La campaña nacional que apoyó a la local contra la feria jugó un papel decisivo para que se cancelara”, subraya Lawrence Brown, concejal del Partido Verde. Dos años antes, Glasgow celebró una feria sobre armamento naval, pero ante el rechazo ciudadano su Consistorio avanzó que sería la última en la ciudad escocesa.

“España gasta mucho dinero en defensa y sonaba como un buen destino para atraer clientes. Confío en que las vacunas [contra la covid] estén listas para primavera y dos meses antes decidiremos si debemos posponer o cancelar”, afirma Sue Robertson, directora internacional para Europa de The Old Crows. Sería la primera feria extranjera de armamento que se celebra en España, cuyas exportaciones ascendieron a 4.042 millones en 2019, un 8,7% más que el año anterior y unas 10 veces más que hace 15 años, según datos oficiales.

Para evitar que la feria se celebre, el movimiento pacifista presionará al Ayuntamiento sevillano (PSOE), que prevé acogerla en su Palacio de Congresos y Exposiciones. Diego Checa, profesor y miembro del Instituto de la Paz y Conflictos de la Universidad de Granada, reflexiona: “De Liverpool aprendemos que es posible, que estas ferias no son tan buen negocio por los costes políticos y de credibilidad que acarrean. Que la sociedad civil se manifieste no solo ayuda a aumentar los costes, sino que manda una señal a los políticos de que nos oponemos”.

Rosario Granado, portavoz de la plataforma Stop Feria de Armas, abunda: “Será una campaña larga y pediremos reunión al alcalde Juan Espadas. Hasta mayo tenemos tiempo para sensibilizar y crear rechazo en la gente contra la feria”. El Consistorio sevillano asegura que estudiará los pros y contras de la cita: “En la ficha de la Electrónic Warfare Europe no figura la venta de armamento como objeto y se asegura que cuenta con el respaldo del Ministerio de Defensa. En cualquier caso, desde el Ayuntamiento se analizará con detenimiento el caso y se realizarán las consultas pertinentes al Gobierno central”, apuntan fuentes municipales.

Entre las empresas participantes destacan gigantes como la estadounidense Lockheed Martin, la italiana Leonardo o la israelí Elbit System: “Son empresas como Elbit que venden y publicitan armamento testado en combate, lo que significa que crean material, lo ceden al ejército israelí para probarlo en Gaza y ver qué mata y daña más rápido. Ninguna ciudad debería beneficiarse del dinero manchado de sangre”, censura Alys Samson, coordinadora europea de la campaña boicot, desinversiones y sanciones a Israel.

Un delegado observa un misil de crucero en la feria de armamento DSEI, en Londres en 2019.
Un delegado observa un misil de crucero en la feria de armamento DSEI, en Londres en 2019.getty

Robertson señala que su feria está enfocada a “la protección contra ataques hostiles de otras fuerzas” y que excluye “misiles y armas cortas”. Alejandro Pozo, investigador del centro Delàs de Estudios por la Paz, matiza: “Es como decir que un defensa no puede meter goles. Un mismo equipo militar puede atacar centros de control y evitar que te ataquen, el contexto lo fija cada país en cada situación. Las ferias no excluyen a ningún proveedor (…) La idea del sistema antimisiles es como el armamento humanitario. Los ministerios de la paz sustituirán a los ministerios de defensa, que ya sustituyeron a los ministerios de la guerra. Hay pocas cosas que no se puedan vender con palabras. No ninguneo las amenazas y problemas, pero las ferias deberían ser más honestas”, critica.

A estos eventos acuden comerciales y técnicos de compañías armamentísticas, militares y miembros de Gobiernos para la compraventa de material bélico, ver demostraciones, afianzar contactos, y a menudo forman parte de la estrategia para captar mercado de los países, entre ellos España, séptimo exportador del mundo. Hasta ahora el sector ha organizado muestras en Madrid como Feindef o Homsec, ambas con sello español.

“En torno a las ferias existe una triple tensión: entre un sector de la defensa que quiere su nicho de mercado y esta es una de sus maneras de lograrlo; un Estado que para atender sus necesidades necesita base industrial, pero esta necesita exportar y no aguanta con su mercado, por lo que el Gobierno se convierte en un agente comercial; y finalmente algunos sectores de la opinión pública que no entienden la necesidad de contar con esos ejércitos, y en consecuencia muestran su crítica bloqueando ferias como esta, sin contar que con ferias o sin ellas esa actividad se seguirá produciendo. Pero entiendo la crítica”, opina Jesús Núñez, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH).

El Gobierno apoya al sector de Defensa y ha puesto filtros para evitar que las armas españolas acaben utilizadas en conflictos como la guerra de Yemen, que ha causado miles de muertos civiles. El Ejecutivo reformó la pasada primavera el reglamento sobre control de las exportaciones de material de defensa y doble uso, al introducir la posibilidad de verificar sobre el terreno el destino último de las armas españolas, lo que podría desbloquear las exportaciones a Arabia Saudí, que tiene congelados desde 2015 contratos multimillonarios de bombas y proyectiles por temor a que acaben en dicho conflicto. “Las inspecciones en el lugar se podrían hacer, pero queda en manos del Gobierno y hay margen para la interpretación, no se impone”, considera Eduardo Melero, profesor de Derecho Administrativo en la Universidad Autónoma de Madrid y miembro del centro Delàs.

El sector facturó 4.946 millones en 2019 y produjo 20.519 empleos directos, según la patronal Tedae. En Andalucía Occidental están asentadas Navantia, que fabrica barcos de guerra, Airbus, con aviones de transporte militar y Santa Bárbara, que fabrica carros de combate. “No nos oponemos a las corbetas [de Navantia] per se, pero el Gobierno puede frenar su envío a Arabia Saudí hasta que dejen de matar civiles en Yemen”, aduce Alberto Estévez, portavoz de Amnistía Internacional. El Instituto Watson de la Universidad Brown (EE UU) concluyó en un estudio de 2019 que 1.000 millones de dólares en gasto militar genera 11.200 empleos, y la misma suma crea 26.700 puestos en educación, 16.800 en energía renovable y 17.200 en sanidad.

La seguridad de un evento multitudinario en plena pandemia

Al margen de la controversia social, sobre la seguridad del evento el próximo mayo en plena pandemia, José Juan Jiménez, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Granada, se muestra cauto: “Todo depende de la situación epidemiológica del momento y de las condiciones de seguridad de la reunión. En la pasada Selectividad se examinaron 6.500 alumnos con seguridad. Enero será un mes crítico por la resaca navideña, y 1.200 personas con sus PCR en origen y perfectamente concienciados podría ser viable”.

Sobre la firma

Javier Martín-Arroyo

Es redactor especializado en temas sociales (medio ambiente, educación y sanidad). Comenzó en EL PAÍS en 2006 como corresponsal en Marbella y Granada, y más tarde en Sevilla cubrió información de tribunales. Antes trabajó en Cadena Ser y en la promoción cinematográfica. Es licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla y máster de EL PAÍS.

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