Opinión
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Ciudadanos y Unidas Podemos mueven ficha en la Comunidad Valenciana

Los roces en el Consell tripartito han sido mayores entre el PSPV y Compromís, y entre la coalición nacionalista y UP. La elección Pilar Lima al frente de UP abre un nuevo capítulo

Rueda de prensa de Pilar Lima tras ganar la Asamblea Ciudadana.

PILAR LIMA
20/06/2020
Rueda de prensa de Pilar Lima tras ganar la Asamblea Ciudadana. PILAR LIMA 20/06/2020 / Europa Press

En su ensayo El coraje de la desesperanza (Anagrama 2018), el filósofo y sociólogo esloveno Slavoj Zizek refiere un diálogo mantenido entre Lenin y Trotsky en un momento previo a la Revolución de Octubre. Lo relata así: Lenin dijo: “¿Qué será de nosotros si fracasamos?”. A lo que Trotsky contestó: “¿Qué será de nosotros si triunfamos?”. Días atrás leí que la oposición rusa ha propuesto vender la embalsamada momia de Lenin para obtener fondos con los que afrontar la factura legada por el coronavirus: un último servicio a la patria. En cuanto a Trotsky, antes de morir asesinado con un golpe de piolet por el catalán Ramón Mercader, consumió sus días en el antiguo DF, hoy Ciudad de México, mientras cuidaba los cactus de su jardín y pensaba en Frida Kahlo, o construía conejeras y gallineros donde albergar a los animalitos que con dedicación y esmero cuidaba en el exilio. Las plantas y las jaulas siguen allí, en su casa-museo de Coyoacán (México).

Imagino a los dirigentes de Podemos, a los de aquella primera hornada surgida de los fogones del Movimiento 15-M, planteándose, subidos a la grupa de la indignación ciudadana, cuestiones similares a las de sus referentes ideológicos. ¿Qué será de nosotros si fracasamos? ¿Qué será de nosotros si triunfamos? Las huestes de Pablo Iglesias han conocido ya la dulzura del triunfo y la amargura de la derrota. También han comprobado que la lealtad cotiza a la baja en la política y que la traición forma parte del negocio. Y que, como decía aquel clásico italiano, Giulio Andreotti, “hay amigos íntimos, amigos, conocidos, adversarios, enemigos, enemigos mortales y… compañeros de partido”.

Los éxitos electorales registrados por los morados en las europeas de 2014 y en las generales, autonómicas y locales de 2015, descorrieron el telón de las batallas internas por el control de la organización y sus votantes descubrieron -y con ellos, todos- que los abanderados de la nueva política que lideraban el espacio del cambio tenían una forma muy viejuna de actuar.

El ciclo electoral de 2019, culminado con la repetición de los comicios generales en noviembre, seis meses después de la convocatoria de abril, se vivió como una auténtica pesadilla en las filas de Pablo Iglesias: de la mano de Izquierda Unida, obtuvieron 600.000 votos menos en la candidatura europea, mientras que en el ámbito local y autonómico sufrieron un severo retroceso, perdiendo representación territorial e importantes alcaldías, la de Madrid, entre ellas. Se salvaron de la irrelevancia por ser la llave, pese a sus discretos resultados, para facilitar gobiernos de coalición con socialistas y otras fuerzas de izquierda.

Así sucedió en la Comunidad Valenciana. Tras las elecciones autonómicas de 2019, Unidas Podemos (UP) enmendó el error de la anterior legislatura -apoyar sin formar parte- y se integró en la segunda edición del Gobierno del Botánico, presidido por el socialista Ximo Puig y con Mónica Oltra, de Compromís, ejerciendo de contrapeso desde la vicepresidencia. Al frente de una segunda vicepresidencia se situó el podemita Rubén Martínez Dalmau, mientras Rosa Pérez, de Esquerra Unida -formación que concurrió a las elecciones en coalición con UP- se vio agraciada con la Conselleria de Participación, Transparencia, Cooperación y Calidad Democrática.

Contra todo pronóstico, los roces en el seno del Consell tripartito han sido mayores entre el PSPV-PSOE y Compromís, y entre la coalición nacionalista y UP. El acuerdo para el Gobierno de España suscrito entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias ha reforzado el entendimiento que distingue el trato entre Puig y Dalmau.

Sin embargo, la reciente elección de la diputada Pilar Lima como coordinadora autonómica de UP en la Comunidad Valenciana - anunciada hace escasas horas- inaugura un nuevo periodo en la organización morada lleno de incógnitas que pueden salpicar al Consell del Botánico. ¿Se mantendrá la línea de colaboración entusiasta de UP dentro del Gobierno valenciano o, por el contrario, UP radicalizará sus posiciones para marcar distancias con sus socios en el Consell? Lima, asimilada al sector más cercano a Iglesias, viene reclamando recuperar el pulso de la calle para matizar la imagen en exceso institucionalizada -consideraque UP proyecta desde las ultimas elecciones. La nueva coordinadora no tendrá las manos libres para actuar: la mitad de los miembros del reelegido Consejo Ciudadano de UPCV no están en sintonía con Lima y sí con Naiara Davó, quien también aspiraba al liderazgo de la organización desde posiciones menos radicales. ¿Lograrán, por fin, la cohesión interna que siempre se les muestra esquiva a los morados? ¿Fracasarán? ¿Triunfarán?

Lo que progresa adecuadamente -para disgusto/susto/sorpresa de otros actores políticos valencianos- es el cortejo institucional que protagonizan Ximo Puig y el líder de C’s en tierras valencianas, Toni Cantó. Ambos se tomaron las medidas cuando ocuparon escaño en el Congreso de los Diputados en la legislatura 2011- 2015, etapa en la que fraguaron una relación afable que se enturbió cuando Cantó, en la siguiente legislatura, elevó el tono crítico hacia la figura de Puig como Presidente del Consell.

La cordialidad vuelve a reinar entre ambos. La crisis derivada de la pandemia y el cambio de talante exhibido por Inés Arrimadas, en una clara apuesta por reubicar a C’s en el centro del arco político nacional, han precipitado una nueva entente cordiale en la Comunidad Valenciana entre el PSPV-PSOE y C’s. Esta misma semana Cantó y Puig, junto con el portavoz parlamentario socialista, Manolo Mata, mantuvieron un largo encuentro que se tradujo el pasado miércoles en la aprobación en las Cortes valencianas de una iniciativa parlamentaria planteada por C’s para que los profesionales sanitarios de España disfruten de estancias vacacionales bonificadas si eligen como destino turístico nuestra autonomía. Si el PSPV-PSOE quiere contar con la complicidad de C’s, tendrá que ofrecer a cambio espacios para el lucimiento y el rédito político de sus ocasionales socios.

Hay que estar pendientes de los movimientos estratégicos de Cantó en las próximas semanas. Los dieciocho diputados que lidera en la cámara autonómica -tercera fuerza, por delante de Compromís y UP- otorgan a C’s un peso político que los socialistas valencianos valoran de cara a futuros pactos y acuerdos de legislatura, una etapa que se anuncia endiablada como consecuencia de las secuelas económicas y sociales derivadas de la pandemia sanitaria, y que va a exigir grandes acuerdos entre las diferentes fuerzas políticas. La aritmética parlamentaria puede ofrecer en los próximos meses nuevas mayorías para asuntos concretos, rompiendo con la dinámica de bloques instaurada tras el bipartidismo.

Por otro lado, C’s ha facilitado gobiernos del PP tanto en la Diputación como en el Ayuntamiento de Alicante, además de en otras corporaciones locales, acuerdos que desde C’s se plantean revisar en fechas próximas porque el grado de cumplimiento de los mismos no es satisfactorio para los del partido naranja. Otoño político interesante con Podemos y C’s en el ojo del huracán.

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