Cada rincón de esta isla, la segunda más grande de Escocia, es un regalo para la vista, desde los escarpados montes Cuillin y las curiosas formas del Old Man of Storr y el Quiraing, hasta los imponentes acantilados de Neist Point. Los senderistas comparten paisaje con ciervos y águilas reales, y al acabar la jornada de marcha pueden reponer fuerzas en los pubs y marisquerías de la zona. Y cuando la niebla lo cubre todo, surgen más posibilidades: castillos, museos rurales, restaurantes y pubs. En la península de Trotternish encontramos uno de los escenarios más bonitos y curiosos de Skye: una carretera circular que invita a un circuito en coche desde Portree.
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16 aventuras escocesas

Cielos inmensos, naturaleza espectacular y las regiones vírgenes más extensas de Europa Occidental