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Koguis, los orgullosos habitantes de la Sierra Nevada de Colombia

Los tayrona eran una de las principales etnias que habitaba la Sierra Nevada de Santa Marta cuando llegaron al Nuevo Mundo las primeras carabelas españolas. La vida de sus descendientes, los koguis, no ha variado mucho desde entonces

Tayrona Colombia
Francisco, indígena kogui.

Los tayrona constituían una poderosa y compleja organización capaz de levantar grandes ciudades con casas de material vegetal sobre terrazas circulares de piedra y una compleja red de caminos, muros y canalizaciones de agua. Sus descendientes, los koguis y los wiwas, viven aún en el bosque tropical que cubre las altas laderas de la Sierra Nevada, con unas costumbres y organización social muy parecida a la de sus antecesores.

Poblado kogui de Mumake, en la Sierra Nevada de Santa Marta.
Poblado kogui de Mumake, en la Sierra Nevada de Santa Marta.

Conocí a los kogui mientras subía a pie hacia la Ciudad Perdida Teyuna, uno de los grandes centros ceremoniales que los tayrona levantaron hacia el siglo VIII y que cayó en el olvido a la llegada de los españoles. La ciudad permaneció oculta y comida por la selva durante siglos hasta que en los años setenta del siglo pasado unos huáqueros (expoliadores de yacimientos arqueológicos) descubrieron sus ruinas de forma casual.

La Ciudad Perdida se extendía por unas 30 hectáreas a 1.200 metros de altitud. Para llegar hoy a ella hacen falta unos cinco días de caminata y atravesar territorio kogui, una de las comunidades indígenas más fuertes y orgullosas de Colombia, que no acepta el papel “indio pobre, blanco rico”, sino que desprecia todo lo que viene de la civilización occidental y continúa viviendo en estas laderas boscosas de Sierra Nevada casi igual que lo hacían sus antepasados. De hecho, se llaman a sí mismos los "hermanos mayores", por lo que todos los que venimos de fuera somos "hermanos menores". Seres inferiores que tratamos de destruir su mundo.

Una familia kogui baja a aprovisonarse a uno de los muchos kioscos de venta de bebidas y alimentos repartidos por la selva.
Una familia kogui baja a aprovisonarse a uno de los muchos kioscos de venta de bebidas y alimentos repartidos por la selva.

Los koguis visten largas túnicas blancas y llevan en bandolera la eterna bolsa tejida con fibras naturales, de la que ningún indígena se separa. Sus rasgos son muy característicos, apenas se han mezclado con nadie en los últimos mil años. Su estilo de vida tampoco ha variado mucho desde entonces. Viven en bohíos, poblados familiares hechos con chozas circulares de techo de ramas y se dedican a la agricultura de subsistencia: maíz, batata, yuca, malanga, frijol o plátano que hacen crecer a diferentes alturas de la sierra. Las mujeres tejen bolsas y los hombres usan el telar para confeccionar telas para los vestidos. La máxima autoridad es el mamo, personaje entre el chamán y el director espiritual, que encarna la ley sagrada.

Un poporo, calabaza autóctona de la Sierra Nevada, seca y hueca.
Un poporo, calabaza autóctona de la Sierra Nevada, seca y hueca.

Aunque sin duda lo que más llama la atención al viajero que entra en contacto con los tímidos y huidizos koguis sea su relación con el allu, la hoja de coca tostada. Y el uso continuo de un verbo: poporear. Poporear es la acción de usar el poporo, una pequeña calabaza seca que los hombres kogui utilizan para almacenar cal de conchas marinas trituradas con la que potencian los alcaloides de la hoja de coca tostada que mascan continuamente. Pero solo los hombres adultos pueden poporear; de hecho, el tránsito de la adolescencia a la madurez en muchas tribus lo marca el momento en el que el mamo (sacerdote) les entrega al joven su primer poporo. La mujer, que es la encargada de seleccionar y recoger la hoja de coca en los campos familiares, solo puede tomarla en forma de infusión y para fines medicinales. Los hombres, que se pasan el día mascando allu mezclado con la cal que sacan del poporo, la usan para “ver cosas” y para “estar bien con sus pensamientos”.

Una mujer y una niña kogui. Las mujeres koguis pasan el día tejiendo bolsa de fibras naturales.
Una mujer y una niña kogui. Las mujeres koguis pasan el día tejiendo bolsa de fibras naturales.

El uso de la hoja de coca para mitigar el hambre y el cansancio, como medicamento, como estimulante y como vehículo sagrado en los rituales religiosos es tan antiguo como el hombre entre muchos pueblos sudamericanos. Así que los koguis de la Sierra Nevada de Santa Marta solo tuvieron que mantener esa tradición.

Hoy, aceptan de buen grado a los turistas que pasamos por sus tierras camino de la Ciudad Perdida... porque pagamos una buena cantidad por ese derecho de paso que repercute en beneficio de la comunidad. Pero no pretendas ir más allá en busca de sus intimidades. Los koguis, como sus primos hermanos los wiwas, se retiraron hace mucho tiempo a lo más espeso de la selva para no ser molestados. Y así quieren seguir.

Koguis, los orgullosos habitantes de la Sierra Nevada de Colombia

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