Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Política desprestigiada, políticos desencantados

Hasta no hace mucho, era infrecuente ver a un político en activo abandonar su vida pública con la intención de pasar a una actividad privada algo menos azarosa. Los ceses solían ser fundamentalmente por la extinción del periodo de tiempo para el que habían sido elegidos. Borja Sémper ha sido el último que, “por motivos personales” y sin ánimo de que se hagan otras interpretaciones, ha dado el paso de abandonar el servicio público. Solo ha manifestado que le “incomoda mucho el actual clima de confrontación política”. Y es que la preocupación de los ciudadanos por las formas osadas que nuestros representantes exhibían en el Congreso o el Senado hace tres o cuatro años, ha dejado paso a la preocupación por el fondo. Sémper no rehúye la discrepancia política —que le parece necesaria— sino la falta de respeto, solicitando volver a “prestigiar la política”. Nada más cierto. El poder —qué duda cabe— es apetecible; la política puede polarizarse entre “derechas” e “izquierdas”; pero los acuerdos, el progreso y la gestión pública no pueden estar continuamente salpicados de subterfugios personales, partidistas e ideológicos.

Luis A. Rodríguez Arroyo. Santo Tomás de las Ollas (León)

Puedes seguir EL PAÍS Opinión en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >