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La marcha real de Short

En una de las partidas más famosas de la historia, el británico crea una bella e inusual red de mate

Leontxo García.

Blancas: Ta1, Ac1, Te1, Rg1, De2, Ab3, Cf3; peones en a4, b2, c2, e5, f2, g2 y h3

Negras: Tc8, Ac8, Tf8, Rg8, Ag7, Cd5, Dc5; peones en a5, b7, c7, e6, f7, g6 y h7

El ajedrez de élite incluye personajes cuya relevancia va mucho más allá de sus grandes logros deportivos. Entre ellos está el británico (residente en Atenas) Nigel Short (Leigh, 1965). Niño prodigio, brilló como uno de los pocos occidentales que inquietaban a los soviéticos en los años ochenta (segunda mitad) y noventa. Fue el retador de Gari Kaspárov en 1993 y, además de disputar el duelo por el Mundial (que ganó el campeón), ambos se rebelaron contra la Federación Internacional (FIDE) y crearon un cisma que duró varios años. Articulista y comentarista provocador, viajero incansable por más de 120 países, entrenador de jóvenes talentos asiáticos, Short fue siempre mucho más que un gran jugador, hasta que, en octubre de 2018, el nuevo presidente de la FIDE, el ruso Arkady Dvorkóvich, le nombró vicepresidente. Su obra sobre el tablero es también prolífica, con un estilo incisivo y de riesgo. Y en ella hay una joya preciosa, una partida -la de este vídeo, frente al neerlandés Jan Timman, en el torneo de Tilburg (Países Bajos) de 1991- que se incluirá siempre en las antologías de las más bellas de la historia. El rebelde Short aplica un método rompedor y muy espectacular para dar mate.

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