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Javier Banderas, la sombra y el impulso de su famoso hermano Antonio

El menor de la familia deja la fama para el actor y se centra en manejar los negocios que le permiten afrontar proyectos más personales como el teatro que acaba de inaugurar en Málaga

Antonio Banderas y Javier Banderas durante la gala de clausura de la 20 edición del festival de cine de Málaga en 2017.
Antonio Banderas y Javier Banderas durante la gala de clausura de la 20 edición del festival de cine de Málaga en 2017. GtresOnline

Existen muchos dichos que afirman que detrás de alguien que triunfa siempre hay otra persona en la sombra que le apoya incondicionalmente para que eso ocurra. En el caso del actor Antonio Banderas es Javier Banderas. quien además de ejercer de hermano lo hace de hombre de confianza, asesor, gestor y Pepito Grillo si hace falta. En este tándem fraterno de cara al público uno es la estrella rutilante, el español que desde su Málaga natal ha llegado a triunfar en Hollywood, y el otro es el hermano pequeño que le acompaña cuando visita España y se emociona con los premios y las palabras de su mediático hermano.

Pero de puertas hacia dentro, su relación es distinta, tan estrecha como cuando ambos se pasaban horas jugaban a las chapas en el suelo la terraza de su casa, un cuarto piso sin ascensor de la calle Sebastián Suvirón de Málaga, donde ambos vivían junto a su padres, ella maestra de escuela y él policía. Y tan cercana como para que Javier Domínguez Bandera (los verdaderos apellidos de los dos hermanos) se haya convertido en la mano que se ocupa de gestionar los negocios de Antonio para que él pueda seguir inmerso en la parte más creativa de los proyectos. Una faceta inversora que le permite al actor afrontar proyectos artísticos creativos que a veces han resultado deficitarios pero que siempre han contado con un gestor que ha estado pendiente de sus entresijos, Chico, el nombre con el que el Antonio Banderas continúa llamando a su hermano pequeño. Una confianza que Javier le devuelve siendo el único que se refiere al intérprete como José, que era como le conocían en familia.

"Ha cambiado el tema de la fama, pero mi hermano sigue siendo una persona con los pies en la tierra y con la misma humildad e ilusión que tenía desde el principio de su carrera", afirmó Javier Banderas en una entrevista en 2015. Muchos años antes sus padres habían dejado de soñar con que Antonio volvería a Málaga cansado de dar tumbos en busca del éxito porque ya lo había encontrado, y Javier dejó su trabajo para dedicarse a los negocios de su hermano en España y también en Estados Unidos. "No es solo mi hermano, es también mi amigo y por supuesto trato siempre de velar por sus intereses", le dijo a Remedios Cervantes en una conversación para el blog de la exmodelo y empresaria.

El último gran proyecto de los Banderas ha sido embarcarse en el Teatro Soho CaixaBank, una idea personal del actor que primero trató de afrontar a través de acuerdos con las autoridades malagueñas y que terminó por realizar en solitario primero alquilando el antiguo Teatro Alameda (con un contrato que establece la posibilidad de comprarlo en el futuro), después rehabilitándolo y por último reestrenándolo por todo lo alto el pasado día 15 con el musical de los musicales, A Chorus Line, con la participación del actor en el reparto hasta finales de diciembre. Allí no faltó de nada, ni gran fiesta, ni orquesta en la calle ni nombres famosos que arroparon al artista. Pero detrás de este sueño hecho realidad también ha estado el esfuerzo de Javier, el hombre a la sombra, que no a la zaga, de Antonio.

Javier Banderas, en el centro, con parte del elenco del musical 'A chorus line'.
Javier Banderas, en el centro, con parte del elenco del musical 'A chorus line'. GtresOnline

Javier ejerce de administrador del teatro como lo ha hecho y sigue haciendo en otras muchas de las sociedades que tiene el actor tanto en España como en Estados Unidos. De su hermano ha afirmado que "es conservador, le gusta financiarse con sus propios recursos y es poco amigo de la Bolsa y de los pelotazos". El pequeño de los Banderas lo sabe bien porque conoce los éxitos y fracasos en los negocios del mayor. Con su productora Green Moon, que tiene su sede en Málaga, y las sustanciosas ganancias que le proporcionó Hollywood, el intérprete ha podido financiar proyectos como la película El camino de los ingleses (2006) o ideas de autores jóvenes como El lince perdido, 3 días o Autómata

En 2003 adquirió el 10% de la cooperativa olivarera Hojiblanca, la mayor productora de aceite de Andalucía. También compró el 50% de las bodegas Anta de la Ribera del Duero, que en mayo de este año se vendió al grupo riojano Cvne. Lo intentó, sin gran éxito con la cadena de restaurantes La Posada de Antonio, una franquicia que suspendió pagos en 2006 y que llegó a tener nueve sucursales en Málaga. Y también ha invertido en el sector inmobilario. En octubre de 2011 una palabras de Javier resultan ahora proféticas: "Buscamos negocios que no dependan tanto de la imagen de Antonio para funcionar bien. La inversión en locales y edificios para alquilar busca generar ingresos por si mi hermano quiere algún día volver al teatro".

Antonio ha vuelto al teatro y a su lado ha vuelto a estar Javier, que además es un gran aficionado a la vela y ha participado como regatista durante más de dos décadas en la Copa del Rey de Vela, que ha ganado en varias ocasiones. La última vez fue este verano y el barco con el que compitió se llamaba Teatro Soho Caixabank, otra forma de promocionar la aventura teatral que ambos hermanos estaban a punto de estrenar. "Antonio habría triunfado en cualquier cosa que se hubiera propuesto porque es muy cabezón", dijo Javier. Una característica que a tenor de los proyectos que afrontan juntos debe ir en el ADN de la familia. 

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