Recordando a Javier Pradera
Hace ocho años que Javier Pradera y Gortázar nos dejó y marchó a la eternidad. Su memoria para mí, que fui amigo y condiscípulo suyo desde octubre de 1953, permanece inalterable y seguirá siéndolo hasta que personalmente siga el mismo camino. Recuerdo el festejo cuando en 1955 se licenció en Derecho con premio extraordinario (merecidísimo). A pesar de ello siguió guiándonos en la Facultad, sobre todo en las algaradas de 1956. Acudíamos a las tertulias del Negresco, a la que dirigía Ortega que era amigo de mi padre. Allí con arrobamiento escuchábamos la palabra del maestro. En octubre de 1955 falleció. Nos quedamos huérfanos de sabiduría. Nuestras vidas tomaron rumbos distintos pero en ocasiones en eventos, y sobre todo en presentaciones de libros, me acercaba a verle y me pasaba sobre el hombro su abrazo fuerte y me decía: “¿Cómo vamos, Germán?”. Asistimos juntos, desde una esquina, a la voladura del diario Madrid. Cuántos recuerdos.
Germán Fabra Valle. Madrid


























































