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La mujer que enseña a fingir orgasmos a los actores

Ita O'Brien tiene un trabajo original: hacer que parezcan reales las escenas de sexo y que sus intérpretes se sientan cómodos pese a estar rodeados del equipo de rodaje

Meg Ryan en la escena en la que finge un orgasmo en la película 'Cuando Harry encontró a Sally'.
Meg Ryan en la escena en la que finge un orgasmo en la película 'Cuando Harry encontró a Sally'.

Ita O'Brien tiene oficina, pero su negociado es un tanto particular porque mientras está sentada detrás de su mesa no es inusual que apoye sus brazos en la silla, se incline hacia delante y comience a jadear mientras su rostro parece entre abatido y ausente. "Vale, ahora suelta a la fiera salvaje", dice. Y comienza a hacer una demostración de todo tipo de jadeos, gemidos y suaves movimientos hasta que finaliza explicando: "Vale, ahora vamos a convertirlo en humano", y con una exhalación y un jadeo placentero termina en lo que podría ser un orgasmo.

Todo para mayor gloria del buen cine, porque Ita O'Brien ha sido una pionera, la primera coordinadora de intimidad de Gran Bretaña. Una coreógrafa de las escenas de sexo que enseña a los actores a sentirse cómodos y a ejecutar de una forma realista estos momentos tan íntimos cuando se realizan en un set de rodaje, no se está practicando sexo realmente y además están rodeados de multitud de personas que trabajan para captar cada uno de sus gestos y sonidos, todo para conseguir la escena perfecta. No es fácil. A veces no lo es siquiera en la intimidad de una alcoba, así que imaginen cuando lo que hay que conseguir es que dos actores que se pueden llevar bien, mal o regular entren en materia con naturalidad y simulen frente a todo un equipo de filmación un orgasmo. 

Una tarea nada sencilla que Ita O'Brien trata de facilitar con sus directrices para que los actores se sientan cómodos, medio desnudos y ante casi un ejército de mirones. Un oficio que ha cobrado especial relevancia también en los tiempos del MeToo porque con sus consejos las dos partes que participan en la pareja de ficción no solo se sienten más cómodos, sino también más seguros de cara a situaciones que puedan crear conflicto a posteriori.

O'Brien, que tiene experiencia en musicales para teatro y en enseñanza de danza, ha trabajado para el drama costumbrista de la BBC, Gentleman Jack. La serie trata sobre la terrateniente Anne Lister, que además es lesbiana, un papel que interpreta la actriz británica Suranne Jones. Ella ha hablado recientemente en el programa de Oprah Winfrey sobre lo mucho que le han valido los consejos de Ita O'Brien para afrontar las escenas más íntimas que tiene que interpretar.  "A mi personaje no le gusta que la penetren, siente que la están feminizando si la tocan el pecho..., Ita me ayudó a hacer mucha investigación sobre cómo afrontarlo", confesó la actriz.

Kit Harington y Olivia Clarke en la esperada escena de sexo de la serie 'Juego de Tronos' que no gustó a muchos de sus seguidores.
Kit Harington y Olivia Clarke en la esperada escena de sexo de la serie 'Juego de Tronos' que no gustó a muchos de sus seguidores.

Se trata de hablar, conocer el lenguaje adecuado, las partes del cuerpo, el lenguaje corporal que hace creíble la escena, y ahí está O'Brien para interpretar la letra de una escena y ponerle la música, por expresarlo de manera metafórica. Para evitar que esa escena de sexo que un director se ha imaginado salvaje o romántica o caótica, salga cómo se ha pensado y no se quede en un momento frustrado que haga perder el ritmo. Hay ejemplos de que ha ocurrido. Muchos seguidores de Juego de Tronos, criticaron cómo se produjo la esperada relación sexual entre dos de los grandes protagonistas de las últimas temporadas de la serie, Jon Snow (Kit Harington) y Daenerys Targaryen (Emilia Clarke). La actriz se refirió a ello justificando que fue extraño y poco natural porque se producía entre dos grandes amigos. "Nos moríamos de risa porque nos resultaba ridículo", explicó Emilia Clarke. 

O'Brien les hubiera ayudado porque su opinión es que resulta imprescindible entrar en situación, conseguir que los actores separen quienes son en realidad de a quien están interpretando. Algo que debería resultar sencillo para un interprete pero que no lo es tanto cuando se trata de escenas en las que el nivel de intimidad es máximo. Estas escenas a veces pueden resultar traumáticas para quienes tienen que enfrentarse a ellas. 

Marlon Brando y Maria Schneider, en 'El último tango en París'.
Marlon Brando y Maria Schneider, en 'El último tango en París'.

Por ejemplo en 2016, Maria Schneider la actriz que alcanzó la fama después de protagonizar El último tango en París, comentó que se "sintió humillada y, siendo honesta, violada por Marlon Brando [coprotagonista de la película] y Bertolucci [director]", a causa de la escena en la que su personaje es violado analmente y donde el actor decidió usar mantequilla como lubricante. Schneider tenía solo 19 años y manifestó que le informaron justo antes de filmar la escena. "Debería haber llamado a mi agente y a mi abogado, porque no pueden forzarte a hacer algo que no está escrito, pero en ese tiempo no lo sabía. Marlon me dijo que no me preocupara, que era sólo una película. Pero yo estaba llorando de verdad". Nicole Kidman también ha manifestado que las escenas de violencia marital que aparecen en la serie Big Little Lies le han llegado a hacer sentirse "expuesta, vulnerable y profundamente humillada". 

En una entrevista reciente en The Times, Ita O'Brien explicaba que muchas veces los directores simplemente se sienten avergonzados de tener que hablar con los actores sobre este tipo de escenas. "Por eso, en lugar de trabajarlas con ellos antes, les dicen que las resuelvas solos. Es una actitud completamente equivocada. Eso no lo da el oficio, si quieres que parezca que fluye la química tienen que haber personas que tengan química en la vida real".

Además de hacer ejercicios imitando a perros o gatos, O'Brien hace que los actores peguen su cuerpo al suelo como si fueran sellos o chillen como los monos para facilitarles como usar determinados movimientos y que los directores tengan referencias sin tener que recurrir a ningún tipo de inclinación sexual que les pueda resultar molesta. Si los símiles con animales no funcionan queda el recurso de recurrir a otros, como imaginarse ser elementos como la tierra o el agua. Además se recurre a una amplia gama de accesorios para restarle intimidad a las escenas de sexo sin que sea perceptible para el espectador, por ejemplo pantalones rellenos de lana que no captan las cámaras pero que crean una barrera entre los protagonistas de una escena de sexo simulada. Situaciones que no evitan que algún actor pueda tener una erección. En ese caso O'Brien lo tiene claro: "Es una reacción natural", explica a The Times, "pero no adecuada si estás trabajando. Si ocurre el actor debe tener la libertad para poder parar la acción, tomarse un descanso y volver más tarde".

Todo vale para dar con la clave que haga la escena creíble para el espectador y cómoda para los actores que la interpretan. 

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