Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Aprendizaje a la carta

Crecen las titulaciones donde los alumnos configuran los estudios según sus intereses

Universidad Pompeu Fabra, en Barcelona, una de las que ofrecen grados flexibles.
Universidad Pompeu Fabra, en Barcelona, una de las que ofrecen grados flexibles.

No tiene claro aún lo que va a estudiar. Se debate entre Ciencias Políticas o Derecho. Le gustan las humanidades pero le atraen curiosamente Matemáticas y Biología. O, definitivamente, la universidad no es lo suyo —se dice— porque es más de emprender, de poner en marcha proyectos concretos, es inquieto y reniega de las estructuras académicas tradicionales. Lo suyo es configurar su propio camino docente.

Inspirados en la filosofía anglosajona, con métodos flexibles y personalizados, basados en prueba y error, al estilo Silicon Valley, algunos centros de formación superior españoles han modificado en los últimos años su metodología para adaptarse a esta corriente. Y que está motivada, además, por las reformulaciones que trajo consigo el Plan Bolonia y las exigencias de un nuevo mercado laboral, que ya es global y que demanda, por tanto, profesionales con competencias interdisciplinares.

La Universidad Pompeu Fabra (UPF) es una de ellas, con su lanzamiento hace ya cuatro cursos de su grado abierto. "Es una acción concreta dentro de un marco de reflexión amplio sobre lo que debe ser una universidad del siglo XXI y donde nos planteamos resignificar al estudiante como el gran protagonista de su aprendizaje, y el campus, en un extenso espacio lleno de oportunidades en el que puede trazar su itinerario", comenta Pilar Medina, coordinadora del Grado Abierto UPF.

Un despeje de dudas

¿Cómo funciona? El alumno se forma en diferentes disciplinas durante cuatro trimestres, el máximo previsto; después pasa al grado destino, como se le denomina. Es decir, en este periodo pueden mezclar materias de Periodismo con Economía. La idea es despejar las dudas y evitar llantos posteriores: "Esto no era lo que yo quería estudiar...", ilustra Medina, que también hace de tutora.

El estudiante tiene la potestad de configurar, asimismo, su plan de estudios según sus preferencias. "Es libre de navegar por los horarios y sacar y meter asignaturas en cada trimestre con apoyo del tutor, porque otra cosa que potenciamos es la toma de iniciativas", añade. Pero si no se anima, este centro público le hace una propuesta a partir de su carta de motivación, donde expone sus razones para elegir este tipo de titulación. Así, si está interesado en Administración y Dirección de Empresas y Publicidad se reparten las materias al 50%, precisa.

Este programa, limitado a 30 plazas —"es deliberadamente pequeño ya que implica una gestión administrativa personalizada; no nos interesa morir de éxito", arguye Medina—, cuenta en todo momento con tutores (profesores de diferentes ramas) y mentores (exalumnos) que sirven de guía. Pero, ojo, aunque sea un grado de indagación, hay reglas para que no se convierta en picaresca, advierte Medina. En el tercer trimestre, los tutores comienzan la orientación hacia el destino, el momento de decisión de una titulación concreta. "Hubo un caso anecdótico del cuarto, pero la mayoría lo tiene claro al tercero", recuerda. Y en cuanto a la elección de las materias, si la combinación no es mitad-mitad, ha de ser 70-30.

Tampoco está abierto a cualquier alumno, sino a uno con alta motivación al estudio que, pudiendo haber accedido por sus puntos de corte de selectividad a tres grados distintos, desea explorar, explica. Y no se confíe, tendrá que cursar las asignaturas obligatorias de su grado destino que no hizo porque estaba tanteando. "Es exigente, pero no pérdida de tiempo", afirma. La UPF reconoce en un título oficial propio estos créditos cursados durante la exploración y que no formarán parte del título finalmente elegido mediante los minors. Este programa de formación complementaria, de entre 12 y 30 créditos, se ofrece ahora no solo a los estudiantes de grado abierto, sino a todos los alumnos de la UPF que quieran hacer estudios interdisciplinares al margen de su titulación tradicional.

Planes por módulos

La Universidad de Mondragón, en cambio, prefiere los planes de estudios por módulos. "Son unidades académicas de 10 a 12 créditos, con un curso final de 15, donde se desarrolla un reto en función de la titulación. Dentro de cada módulo puede haber actividades que se desarrollen dentro de la universidad mediante metodologías activas, por ejemplo, por retos o proyectos según sus intereses; fuera, como el prácticum, la formación dual (en la empresa) o el desarrollo de una iniciativa social, y online", expone Jon Altuna, vicerrector del centro vasco.

¿Por qué se inclina por los módu­los y no por las asignaturas? "Para conseguir la interdisciplinaridad es importante poner en conexión los contenidos y las competencias en distintas áreas. Y pese a que los grados abiertos tocan diversas disciplinas al elegir una u otra, no hay un espacio común donde se interconecten ambas cuestiones. Es lo que falla a nuestro entender en los grados abiertos", critica Altuna. E insiste: "Le damos la flexibilidad para que diga, incluso, qué contenidos necesita para resolver un reto".

Formación extra voluntaria

La Complutense de Madrid ofrece, una vez terminada la matrícula de su titulación, un programa de formación complementaria voluntario y fuera del plan de estudios, que incluye desde idiomas, liderazgo, emprendimiento, técnicas de negociación, valores éticos o informática hasta preparación para la enseñanza religiosa. Estos créditos aparecen en el SET (Suplemento Europeo al Título) y puede solicitar, además, su reconocimiento, aunque algunos no computarán para la media del expediente académico, informa la web de este centro público.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >