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La segunda vida de Melendi

Las rastas y los excesos de antaño han dado paso a una etapa más serena en la vida del cantante. Padre de cuatro hijos, se casa en septiembre con la modelo Julia Nakamatsu

Melendi, en un concierto en Madrid en octubre de 2018.
Melendi, en un concierto en Madrid en octubre de 2018. CORDON PRESS

Hacerse un Melendi es una frase que pasará a la posteridad de la sabiduría popular, esa que nunca olvidará cómo un niñato con rastas borracho que se creía el rey del mundo hizo dar la vuelta a un avión repleto de pasajeros con destino México por su mal comportamiento. Esto fue en 2007 y, 12 años después, poco queda ya de aquel Melendi. Atrás quedaron las rastas, los piercings, las zapatillas anchas y esos temas cuyas letras "tocarte una teta sin que me veas" o "subiendo al cielo, bajando al moro" —expresión coloquial utilizada para referirse a comprar marihuana— sonaban en todas las radios españolas. Ahora Ramón Melendi tiene 40 años, acaba de ser padre de su cuarto hijo y se prepara para pasar por el altar.

El cantante asturiano celebró el pasado febrero la llegada de Abril, su segunda hija en común con su actual pareja, la actriz y modelo argentina Julia Nakamatsu, con quien sale desde hace cinco años. Y tiene tres hijos más: Carlota, de 14 años fruto de su relación con Miriam Martínez; Marco, nacido de su noviazgo con la cantante Damaris Abab, La Dama; y Lola, la primera niña que tuvo con Nakamatsu hace tres años. Ha puesto a la venta su chalet de Villaviciosa de Odón (Madrid), se ha comprado un gran piso en el centro de la capital y el próximo septiembre se casará en una exclusiva finca de El Escorial.

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Sin embargo, no ha sido ni la paternidad ni su estabilidad emocional las que han hecho que Melendi decidiera reconducir su vida, tanto personal como profesional, y dejara a un lado los excesos y las polémicas. “Los hijos no arreglan nada. Los quieres mucho y, si no eres un buen padre, lo único que hacen es añadir sufrimiento”, reconocía en una entrevista a este diario.

La venda se le cayó hace cinco años y su evolución física y el cambio de registro en sus canciones lo prueban. “Empecé a darme cuenta de que todo era mentira. Estaba en barrena, al límite de mis fuerzas. […] He tenido una vida de mierda porque he querido, pero igual no hubiera llegado hasta aquí sin llevar esa vida de mierda”, contó en dicha entrevista.

Que tenía adicciones era vox populi. Él nunca lo ha ocultado, e incluso no le ha importado hablar de ellas, pero fue el pasado noviembre en una conferencia ante más de 2.000 jóvenes en Oviedo cuando reveló los motivos que le empujaron a decidir internarse en un centro de desintoxicación. “Al ver a mi madre y a mi padre sufrir decidí cortar por lo sano e internarme en una clínica de desintoxicación”, contó, y explicó: Con la fama y el dinero llegaron cosas difíciles de explicar si no las vives y que son producto de un profundo desengaño con el concepto de éxito social. Él lo sabe bien. Comenzó en la música por una borrachera, cuando a los 18 años con una resaca horrible en las fiestas de su pueblo casualmente pudo mostrar sus creaciones a un experto musical. A partir de ahí todo fue rodado. “Las borracheras han ido marcando mi camino”, bromeaba el pasado febrero en El hormiguero.

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Ahora, casi 16 años después de su primer álbum Sin noticias de Holanda (2003), Melendi ha sabido resurgir de sus infiernos, sigue cosechando triunfos. Continúa con su fiel guitarra en mano y se mantiene en lo más alto de las listas de éxitos musicales del pop español con temas como Déjala que baile o Lo que nos merecemos.

En esta nueva vida incluye su paso como jurado en varios talent shows de televisión, sentando cátedra y mostrando su lado más maduro y profesional en cada una de sus valoraciones, así como haberse estrenado en el doblaje de una película de animación, Cómo entrenar a tu dragón 3, donde además de dar voz al malo de la cinta es el autor de la banda sonora. Algunos tatuajes son el único rastro que queda de ese chico malo con rastas hoy reconvertido en poeta que sigue conquistando a los suyos dentro y fuera de España.

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