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Malú: “Por fin me he domado”

La diva del pop vuelve con un disco llamado 'Oxígeno' tras dos años de silencio en los que confiesa que se ahogaba en su hiperperfeccionismo

Malú, fotografiada en Madrid.

Acaba de ofrecer un recital ante un pequeño auditorio de fans en el sótano del Hard Rock Café de Madrid y se ha dejado, además de cuerdas, bastantes pelos en la gatera. Tanto, que la están repeinando para la entrevista mientras un enjambre de asistentes se desvive para atenderla. De cerca, aún no sé, pero de lejos se ve que Malú impone lo suyo. Por fin, recibe, se quita la chupa de cuero negro, se baja de los taconazos de suela roja y se presenta: “Hola, soy Malú”, como si hiciera falta. Ojazos, pelazo, pielaza, todo parece superlativo hasta que empieza a hablar y se le notan las carencias en la mirada. Al pedirle respuestas cortas, replica, cómplice: “Eso no sé yo. Ya me cortas tú si me paso: es que a veces me pongo muy intensa”

¿Malú, intensa? No me diga. 

A ver, sí, soy muy intensa y la gran mayoría de mis canciones los son. Hay otra parte mía fresca y divertida, pero sí, vivo la vida con mucha intensidad y así me gusta cantarla y contarla.

¿Tras la subida viene la bajona?

Sí. Arriba soy la fuerte, la que tira del carro, la que levanta el tinglado. Y la que se baja es la que ves, la que se hace pequeña, la que se hunde si alguien a quien quiere le hace daño, la que lo vive todo intensamente, y es horrible.

¿Cuánto se quiere a sí misma?

Contradictoria

Diva sobre el escenario, “Pequeñita” abajo, María Lucía Sánchez Benítez (Madrid, 1982), Malú para el mundo, es pura contradiccón, según escribe en una de las canciones de 'Oxígeno', el disco con el que regresa tras haber temido “ahogarse” en su propio perfeccionismo.

No me quiero nada. Esa es la lucha que tengo conmigo misma, y ese es un gran problema, créeme.

¿Nada de nada?

Nada, cuido muchísimo los discos, los shows. Soy tan exigente que a veces se me va la salud. Y he visto que ni me cuido ni me quiero ni me doy tiempo para mí.

¿Desde cuándo estamos así?

Siempre he tenido esa tendencia. Pero de repente mi cuerpo me pidió parar. He vuelto loca a la discográfica tardando tanto en sacar este disco, pero después de 20 años de dejarme llevar por la marea sabiendo que el cuerpo me pedía ir para otro lado, decidí hacerme caso.

¿Qué le pedía el cuerpo?

Componer tranquilamente, masticar las canciones, contar lo que llevo dentro, lo que soy. Me he sentido esclava de mí misma mucho tiempo. De mí y de mi exceso de exigencia, y eso es muy difícil de llevar.

Así no habrá quien la sufra.

Lo peor de todo es que lo sufres tú. Toda esa esclavitud que te marcas y te metes a ti misma, no se lo come nadie más que tú.

¿Y a qué sabe eso?

 A ansiedad, miedo, inseguridad.

¿Miedo a qué?

Miedo a todo. A no dar lo que sabes que puedes dar, lo que sientes que se espera de ti, a estar dos años sin disco y que cuando vuelvas se hayan olvidado.

¿Entiende a Sabina, que dio abandonó su último concierto por no encontrarse al 100%?

Por supuesto. Él es un pedazo de artista. Lo más frustrante que te puede pasar es no poder darle a tu gente lo que se merece. Soy de todo o nada. No sé hacer las cosas a medias. Ahora estoy aprendiendo a relativizar.

¿Con ayuda profesional? 

Yo solita, hija mía. Paso mucho tiempo sola y a solas.

Pero es una estrella, estará rodeada de gente que la alaba.

Los piropos me dan mucha vergüenza. Tú me dices que te encanta cómo canto, te digo gracias y miro al suelo, me paralizo.

Lo dice la diva del escenario.

Supongo que hay una parte de mí que le gusta sentirse fuerte. Ahí arriba me sale solo. Hay algo que se mete dentro de ti y te hace erguirte, sentirte grandiosa. Pero mírame ahora, mira mis hombros caídos hablando contigo. Esa soy sobre todo yo.

“Soy dolor, soy tormenta de esperanza y destrucción”, canta.

Sí, soy todo eso. Y quería cantarlo así, porque eso es lo que hay.

Suena a aviso a incautos.

Exacto, lo escribo en ese sentido. Si vienes, te aviso de que esto es lo que te vas a encontrar. Puedo estar contigo y a la vez en un mundo paralelo. Soy dolor, soy un nudo en la garganta, siento cosas muy fuertes. Y si estoy con alguien, mejor que lo sepa.

¿De dónde le viene tanto dolor: tan mal la ha tratado la vida?

No, hija, creo que es mi forma de vivirla. Pero igual que soy dolor, soy una cachonda mental.

Superlativa para todo.

Sí. Cuando sales del colegio directamente para trabajar a los 16 años te acabas creando una personalidad determinada.

¿Le robaron la infancia?

Nadie me ha robado nada, pero me he perdido esa irresponsabilidad justificada que se tiene a esa edad. Jamás la pude tener, y nunca más la he tenido.

¿Y la añora?

No, porque no la he tenido. Yo no puedo llegar tarde a un sitio, por ejemplo. Mis circunstancias me han hecho como soy.

Empezó con 16 años y tiene 36. ¿Se siente vieja rockera?

No, me sentía más vieja entonces. Era una niña repelente en las entrevistas. Ahora empiezo a tener el control de la situación. Más que mayor, me siento más templada, más asentada, más yo.

Dentro de su propia tormenta.

Sí, dentro de ese huracán que parece mucho y luego no es tanto. Sigue ahí, pero digamos que ya la sé llevar. Me he domado y sé dónde están mis puntos flacos.