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Los jóvenes monologuistas que usan el humor como terapia

Un grupo de educadores de Elche ha desarrollado un taller para trabajar con adolescentes en riesgo de exclusión

“Voy a hacer un morólogo. Un monólogo de un moro español. A alguno le ha explotado la cabeza”. Esto decía uno de los 13 cómicos menores de 18 años que actuaron el pasado 21 de junio en La Cuna, un local de Elche. El espectáculo de estos humoristas quizás no fue el que uno esperaría de unos adolescentes. Trataron temas como el acoso escolar (“una vez tuve un amigo imaginario y también me pegaba”), la pobreza (“dicen que en España tiran la ropa casi sin usar. Lo único que yo encontré en los contenedores sin usar es mi dignidad”) o el racismo (“los gitanos somos conocidos por cantar, bailar y robar. Pero tranquilos, que yo no os voy a robar. Para eso están aquí mis primos”).

José Joaquín Pérez (propietario de La Cuna), Julián Martínez, Estefanía Torres, el cómico Caoz, Andrea Romero y Billy Boix
José Joaquín Pérez (propietario de La Cuna), Julián Martínez, Estefanía Torres, el cómico Caoz, Andrea Romero y Billy Boix

Pero es que tampoco se trataba de una actuación al uso. La III Muestra de Monólogos Junior es fruto del trabajo que se hace en el taller “La comedia, un enfoque terapéutico”, del centro de acogida de menores de formación especial de la Fundación Arcos del Castillo. Los profesionales de este centro trabajan con chicos y chicas con autismo, trastornos de la conducta, acoso, malos tratos, consumo de drogas y discapacidades. La risa les ha ayudado a lidiar con temas muy difíciles y a mejorar tanto su relación con los demás como su autoestima.

“Nuestras propias historias”

La iniciativa arrancó hace cuatro años, cuando Julián Martínez, psicólogo y educador del centro, se hizo cargo del taller de teatro. Enseguida vio que no era muy útil, ya que los jóvenes solo permanecen allí entre tres y nueve meses. “Nunca se llegaba a representar ninguna obra”, explica a Verne. Él ya era cómico amateur en la asociación cultural Magma Comedy, donde se imparten talleres de comedia, así que decidió probar con el humor, partiendo de una premisa: “No vamos a copiar ni a contar chistes, sino a escribir nuestras propias historias”.

Empezaron compartiendo “cosas que les pasaban a todos”, pero poco después surgieron “temas personales” en los que Martínez decidió profundizar. El humor ayudó a crear un espacio seguro que les animó a contar cosas que hasta ese momento no habían explicado ni a sus psicólogos y que a partir de entonces podían comenzar a tratar en terapia.

“No todos los temas que salen en el taller acaban en el escenario”, aclara Martínez, que añade que “si vemos que un chiste puede ser perjudicial para ellos, no les dejamos hacerlo. Pero sí es bonito que surja y que se pueda trabajar aparte”.

Martínez menciona el caso de una adolescente que había sido víctima de agresión sexual y que llevaba dos años acudiendo a un centro especializado sin haber logrado hablar con su psicólogo. Hasta que compartió con él un apunte humorístico sobre lo que le había ocurrido. “Me preguntó si podíamos incluir ese comentario en el que, de una manera irónica, estaba hablando de lo que le había pasado”. A partir de ahí pudieron comenzar a ayudarla en terapia personalizada.

Otro caso que recuerda es el de una niña cuya madre se la llevó a la otra punta del país cuando era muy pequeña y sin tener la custodia: “Mi madre lo llamó mudanza, yo lo llamé secuestro”, dijo la niña. Martínez apunta que no solo es un chiste, “sino que muestra que se daba cuenta de la gravedad de lo que pasó”.

“El humor no es la solución, pero ayuda”

Martínez no está solo en este proyecto, sino que lo ha desarrollado junto a otros dos integrantes de Magma Comedy: la educadora Estefanía Torres y el psicólogo José Antonio Martínez, que se encargan de la parte pedagógica y la científica.

También han contado con el apoyo de cómicos profesionales, como Raúl Massana, Denny Horror e Ignatius Farray, que se llevó a Julián y a José Antonio a La vida moderna. Muchos actúan desinteresadamente en estos espectáculos: el día 21 estuvieron con ellos Fran Fernández, Diego El Notario y Carlos Ortiz Caoz.

Julián Martínez subraya que el objetivo de esta iniciativa “no es hacer cómicos, sino hacer terapia” y “llevar la comedia a la vida cotidiana para ayudar a salir mejor de los problemas. No es la solución, y menos en casos tan graves, pero sí ayuda”.

Como también ayuda subir al escenario. “Son chicos con una falta de atención grandísima. Los padres de muchos de ellos ni siquiera los llaman”. Estos jóvenes están invisibilizados y cuando alguien les presta atención, suele ser para mal. Pero cuando salen a actuar, la atención del público se centra en ellos y sus chistes se reciben con risas y aplausos. Durante unos minutos son los protagonistas.

Esta respuesta positiva ha sido una de las claves del éxito de la iniciativa. Aunque todos participan escribiendo, no están obligados a salir al escenario. Pero incluso quienes no salen a actuar ven la reacción al texto que han escrito y que interpreta un compañero. Martínez cuenta que a la primera velada solo fue uno de los alumnos. En la más reciente participaron 13 de los 18.

Y algunos siguen incluso después de dejar el centro. Andrea Romero Vicente, de 18 años, es una de las tres que continúa ligada a Magma Comedy. El pasado día 21 hizo un monólogo en el que habló de su síndrome de Tourette, que se caracteriza por los tics y, en algunos casos, por no poder contener expresiones malsonantes, entre otros síntomas asociados.

Cuando llegó al centro lo pasó muy mal, explica, pero poder contar sus cosas y hacerlo en este tono de humor le ayudó. “En el centro nos currábamos mucho los textos entre todos con Julián y al final iban saliendo cosas poco a poco”.

Es una forma de hablar de ella, en definitiva, y le resulta más fácil hacerlo frente a un público de desconocidos: “Esto del síndrome de Tourette no se lo cuento a casi nadie. Lo sabe muy poca gente, aparte de mi familia y algunos de mis amigos”. Andrea Romero aún no tiene claro si se quiere dedicar a la comedia, pero no duda al nombrar su cómico favorito: Dani Rovira.

Andrea Vicente durante su actuación
Andrea Vicente durante su actuación

“Si te puedes reír de algo, puedes superarlo”

El éxito de la iniciativa ha llevado a que se interese la Generalitat valenciana, que quiere aplicar la técnica de los talleres en centros hospitalarios y educativos. Además, están recibiendo peticiones de formación para implantarlo en otros centros.

Y eso a pesar de que al principio la administración veía la iniciativa con muchas precauciones, como recuerda Alfonso Juárez, director del centro donde trabaja Martínez. Costó que vieran los beneficios, explica, sobre todo el hecho de que podían “hablar de sus problemas” y “compartir experiencias. No solo ayuda a hablar con el psicólogo, añade, sino “entre ellos mismos. Aprenden a escucharse, a reconocerse”.

José Antonio Martínez, hermano de Julián y psicólogo, explica que el humor ayuda a tomar distancia emocional, dando “una visión más tranquila y más serena”. Y añade: “Si te puedes reír de algo, puedes superarlo. Eso no quiere decir que lo vayas a superar, pero sí que se puede”.

Este mecanismo beneficioso es especialmente importante en chicos tan jóvenes como los que participan en este proyecto: “Si conseguimos activar conexiones útiles, estas se pueden mantener a largo plazo. Con los adultos cuesta más porque el cerebro ya no es tan plástico”.

El taller tiene muchas aplicaciones, tanto terapéuticas como educativas y sociales. Estefanía Torres ya pudo aplicar lo desarrollado el curso pasado en el IES Joanot Martorell de Elche, donde estuvo a cargo de un grupo con necesidades especiales por discapacidad intelectual de entre 16 y 21 años.

“Salieron temas muy complicados. Hablaban de que se sentían diferentes, de que la gente no les trataba bien…”. Y, además, aprendieron: el taller le sirvió a Torres para enseñar comprensión lectora, expresión escrita y oral, vocabulario… “El área de lengua se trabaja completa”.

Estos temas surgieron “con ironía y con humor” en la feria de talentos del instituto, en el que participaron dos de las alumnas con el texto escrito en clase. Pero Torres señala que lo más importante fue que durante todo el curso contaron “con un entorno seguro en el que podían hablar y compartir experiencias”, con la red de seguridad que proporciona el humor. Muchos se sintieron por primera vez parte de un grupo.

Julián Martínez acompañado de los tres cómicos que actuaron de forma desinteresada tras los cómicos jóvenes: Fran Fernández, Diego el Notario y Carlos Ortiz Caoz
Julián Martínez acompañado de los tres cómicos que actuaron de forma desinteresada tras los cómicos jóvenes: Fran Fernández, Diego el Notario y Carlos Ortiz Caoz

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