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Meterse la camiseta por dentro de las bragas y otras cosas que empiezan a pasar a los 40
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Meterse la camiseta por dentro de las bragas y otras cosas que empiezan a pasar a los 40

Cuando soplas sobre una tarta un cuatro y un cero la cosa cambia. Empiezas a coger el paraguas, a apuntarte a clases de cosas en las que nunca hubieras pensado, a mirar una foto y que se te encoja el estómago porque lo que aparece en la imagen ocurrió hace 20 años… La ilustradora Raquel Gu publica ‘¡Estoy estupenda!’, un libro de viñetas que se zambulle en las tribulaciones de esa línea que se cruza al cumplir la cuarta década. Eso sí, tan imaginaria como la de los 30, los 50 o los 60.

  • A Raquel Gu (Barcelona, 1972) le gusta decir que escribe desde que aprendió a sujetar un lápiz porque no recuerda no hacerlo. Ahora, unas cuantas décadas después, publica ‘Estoy estupenda’ (Navona Gráfica, 2018), un libro de viñetas que toca los problemas, las preocupaciones y las dudas de las mujeres que llegan a los cuarenta (también podría servir para las de treinta, las de cincuenta o las de sesenta, depende de cada una).
    1A Raquel Gu (Barcelona, 1972) le gusta decir que escribe desde que aprendió a sujetar un lápiz porque no recuerda no hacerlo. Ahora, unas cuantas décadas después, publica ‘Estoy estupenda’ (Navona Gráfica, 2018), un libro de viñetas que toca los problemas, las preocupaciones y las dudas de las mujeres que llegan a los cuarenta (también podría servir para las de treinta, las de cincuenta o las de sesenta, depende de cada una).
  • Sus padres se conocieron estudiando Bellas Artes, así que su hermana y ella estuvieron en contacto enseguida con el dibujo, la escultura y otras disciplinas artísticas: “Formó parte de nuestros juegos y de nuestra infancia”.rn
    2Sus padres se conocieron estudiando Bellas Artes, así que su hermana y ella estuvieron en contacto enseguida con el dibujo, la escultura y otras disciplinas artísticas: “Formó parte de nuestros juegos y de nuestra infancia”.
  • De aquella época guarda un recuerdo “un poco traumático”. Gu fue a un colegio en un pueblecito al lado de Barcelona, en la Colonia Güell, que pertenece a Santa Coloma de Cervelló, conocida por tener una cripta que Gaudí se dejó a medias para irse a la Sagrada Familia, que también dejó a medias.
    3De aquella época guarda un recuerdo “un poco traumático”. Gu fue a un colegio en un pueblecito al lado de Barcelona, en la Colonia Güell, que pertenece a Santa Coloma de Cervelló, conocida por tener una cripta que Gaudí se dejó a medias para irse a la Sagrada Familia, que también dejó a medias.
  • En aquel colegio, los primeros cuatro cursos fueron impartidos por monjas. “Yo dibujaba todo el rato, mujeres y hombres desnudos, supongo que porque era lo que veía en casa en los bocetos y libros de mis padres”. Monjas y desnudos en los setenta y en España fueron una mala mezcla.rn
    4En aquel colegio, los primeros cuatro cursos fueron impartidos por monjas. “Yo dibujaba todo el rato, mujeres y hombres desnudos, supongo que porque era lo que veía en casa en los bocetos y libros de mis padres”. Monjas y desnudos en los setenta y en España fueron una mala mezcla.
  • Ahora Gu se ríe, pero en aquel momento todo fue confuso y algo frustrante. “Me castigaban siempre por dibujar eso. Así que después de tres o cuatro castigos opté por dibujar a las mujeres en bikini, ¡y me seguían castigando! Empecé a dibujarlas con vestidos de colores, con flores, ¡y me seguían castigando!”. Gu se pasó más de un día de cara a la pared.rn
    5Ahora Gu se ríe, pero en aquel momento todo fue confuso y algo frustrante. “Me castigaban siempre por dibujar eso. Así que después de tres o cuatro castigos opté por dibujar a las mujeres en bikini, ¡y me seguían castigando! Empecé a dibujarlas con vestidos de colores, con flores, ¡y me seguían castigando!”. Gu se pasó más de un día de cara a la pared.
  • Esa reflexión obligada que intentaban con calzador los maestros en ese sistema antiguo de castigo -que todavía a veces hoy funciona-, va llegando de forma natural según se van cumpliendo años. A más de una le preocupan los 18 y los 20, luego los 30, luego los 40. Y luego todos los demás. A Gu le gusta decir que quienes se dedican de alguna manera a alguna disciplina artística, en algún momento de su carrera acaban creando alrededor de sus propias cuitas, preocupaciones o felicidades para entenderlo (o tragarlo) mejor.rn
    6Esa reflexión obligada que intentaban con calzador los maestros en ese sistema antiguo de castigo -que todavía a veces hoy funciona-, va llegando de forma natural según se van cumpliendo años. A más de una le preocupan los 18 y los 20, luego los 30, luego los 40. Y luego todos los demás. A Gu le gusta decir que quienes se dedican de alguna manera a alguna disciplina artística, en algún momento de su carrera acaban creando alrededor de sus propias cuitas, preocupaciones o felicidades para entenderlo (o tragarlo) mejor.
  • “Al entrar en la década de los cuarenta, empecé a darle vueltas a cómo la gente con esta edad empieza a autoevaluarse. Yo comencé a pensar en lo que había hecho, cuántos trenes perdidos acumulaba...”. De todo ese agobio surgieron estas viñetas, más de 125. “Con todas las neuras de los cuarenta que me han rondado a mí y a mi entorno”.rn
    7“Al entrar en la década de los cuarenta, empecé a darle vueltas a cómo la gente con esta edad empieza a autoevaluarse. Yo comencé a pensar en lo que había hecho, cuántos trenes perdidos acumulaba...”. De todo ese agobio surgieron estas viñetas, más de 125. “Con todas las neuras de los cuarenta que me han rondado a mí y a mi entorno”.
  • Entre todas ellas, hay varias que hablan de un montón de pequeños y grandes detalles en los que nos empezamos a fijar llegado cierto número de velas sobre la tarta. Gu se ríe: “La de meterse las camisetas por dentro de las bragas para llevar la espalda tapadita es esencial. A mí me cambió la vida”. Cuenta que fue ese uno de los momentos en los que de repente se dio cuenta de que hacía cosas que no había hecho antes. “Como coger el paraguas sí o sí si hay el más mínimo indicio de que vaya a llover”.rn
    8Entre todas ellas, hay varias que hablan de un montón de pequeños y grandes detalles en los que nos empezamos a fijar llegado cierto número de velas sobre la tarta. Gu se ríe: “La de meterse las camisetas por dentro de las bragas para llevar la espalda tapadita es esencial. A mí me cambió la vida”. Cuenta que fue ese uno de los momentos en los que de repente se dio cuenta de que hacía cosas que no había hecho antes. “Como coger el paraguas sí o sí si hay el más mínimo indicio de que vaya a llover”.
  • Pero para Gu, el momento revelación, el total, le llegó con una postal: “Estaba haciendo cajas en casa para una mudanza, y en esas encontré una postal que alguien me había escrito hacía 20 años”. Y añade algo que le ocurre a menudo, el cambio de perspectiva respecto a sí misma: “Antes pensaba que estaba fatal y ahora me veo y me veo genial”. Asegura que hay una primera etapa en la que una piensa "¡arrrrggghhhh!". Luego se pasa. "Llegas a un punto de confianza contigo misma que nunca habías tenido, de seguridad, en el que eres capaz de trivializar los cambios que sufre tu cuerpo y adaptarte a ellos".
    9Pero para Gu, el momento revelación, el total, le llegó con una postal: “Estaba haciendo cajas en casa para una mudanza, y en esas encontré una postal que alguien me había escrito hacía 20 años”. Y añade algo que le ocurre a menudo, el cambio de perspectiva respecto a sí misma: “Antes pensaba que estaba fatal y ahora me veo y me veo genial”. Asegura que hay una primera etapa en la que una piensa "¡arrrrggghhhh!". Luego se pasa. "Llegas a un punto de confianza contigo misma que nunca habías tenido, de seguridad, en el que eres capaz de trivializar los cambios que sufre tu cuerpo y adaptarte a ellos".
  • Las mujeres cambian, por supuesto. El cuerpo cambia, el pelo cambia, la piel cambia... Y el peso social contra esos cambios se mantiene. "Sobre todo para nosotras: que no se te caiga nada, que no haya manchas, que no haya arrugas. Es imposible". Sí, lo es. Luchar contra la naturaleza es tan imposible como absurdo. La cultura de la perfección casi plástica de la belleza lleva unas cuantas décadas generando estereotipos y modelos inviables para la mayoría de la población. "Cuando te das cuenta realmente de ello, eres libre", afirma Gu.
    10Las mujeres cambian, por supuesto. El cuerpo cambia, el pelo cambia, la piel cambia... Y el peso social contra esos cambios se mantiene. "Sobre todo para nosotras: que no se te caiga nada, que no haya manchas, que no haya arrugas. Es imposible". Sí, lo es. Luchar contra la naturaleza es tan imposible como absurdo. La cultura de la perfección casi plástica de la belleza lleva unas cuantas décadas generando estereotipos y modelos inviables para la mayoría de la población. "Cuando te das cuenta realmente de ello, eres libre", afirma Gu.
  • Gu saboreó esa libertad cuando terminó el libro, cuando lo tuvo en sus manos y fue consciente del camino que había recorrido. Dijo adiós a las apariencias, a la losa que supone tener o no tener pareja, tener o no tener hijos, ser más alta, más baja, más gorda, más delgada. Adiós a ese nefasta vocecita nacida de la sociedad patriarcal que taladra nuestros cerebros y nuestra autoestima y que en el libro aparece a través de una madre, que no aparece pero que es omnipresente. Un pepito grillo de los infiernos del que hay que desprenderse. Porque cuando lo haces, cuenta la autora, cruzas feliz al otro lado. “Al que sea”. El de las cuarenta primaveras, el de las treinta y o cualquier otra frontera, temporal, espacial o metafórica.
    11Gu saboreó esa libertad cuando terminó el libro, cuando lo tuvo en sus manos y fue consciente del camino que había recorrido. Dijo adiós a las apariencias, a la losa que supone tener o no tener pareja, tener o no tener hijos, ser más alta, más baja, más gorda, más delgada. Adiós a ese nefasta vocecita nacida de la sociedad patriarcal que taladra nuestros cerebros y nuestra autoestima y que en el libro aparece a través de una madre, que no aparece pero que es omnipresente. Un pepito grillo de los infiernos del que hay que desprenderse. Porque cuando lo haces, cuenta la autora, cruzas feliz al otro lado. “Al que sea”. El de las cuarenta primaveras, el de las treinta y o cualquier otra frontera, temporal, espacial o metafórica.