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El mono que ha ayudado a Serena Williams a volver a las pistas tras dar a luz

La tenista, retirada por lesión de Roland Garros, ha marcado una revolución en el mundo de la ropa deportiva con un modelo que le ha ayudado a recuperarse tras el parto

Serena Williams, en Roland Garros.
Serena Williams, en Roland Garros. EFE

El éxito de marcas como Lacoste o Fred Perry no se explicaría sin el tenis, un deporte que comenzó siendo elitista y ha ido evolucionando hasta popularizar los polos, las faldas tableadas e incluso prendas antiguamente censuradas, como la falda pantalón. Ahora, en pleno Roland Garros, la moda del tenis envía un mensaje reivindicativo de la mano de una de las mejores deportistas de la historia, Serena Williams, que se ha enfundado un ajustado —y muy comentado— mono de Nike para simbolizar la fuerza de todas las mujeres que, como ella, han tenido problemas después del embarazo. Williams dijo adiós al torneo el lunes pero su paso ha dejado huella, entre otras cosas, por su estilo.

Ante el resurgir del look clásico del tenis esta primavera, con el color blanco como protagonista de prendas cómodas y frescas, cuesta recordar en sus orígenes estaba muy alejado de modelos así. A finales del siglo XIX, este deporte reservado para la nobleza dejaba clara la diferencia de los aristócratas con el resto de gente, y cuidaba las apariencias hasta el punto de que el color oficial, el blanco, fue elegido porque no dejaba ver las antiestéticas marcas de sudor en la ropa.

La imagen era más importante incluso que el juego, como lo demuestran los largos trajes y las infinitas capas que vestían hombres y mujeres. Ellas tenían normas todavía más estrictas, con corsés, grandes lazos, medias, sombreros y hombreras. Para el recuerdo quedan las fotografías en blanco y negro de la tenista británica Blanche Bingley-Hillyard, una de las más famosas competidoras en Wimbledon de su época, vestida con abultados ropajes blancos, de falda y mangas largas, y sombrero, en la última década del siglo XIX. El tenis de entonces, adscrito a la alta sociedad, marcaba tendencia como ejemplo de elegancia y enemigo de lo cómodo.

Muchos años tuvieron que pasar para que la vestimenta del tenis comenzara a adaptarse a la comodidad que requiere el juego. Una de las grandes revolucionarias fue la australiana Margaret Court, la primera en llevar falda pantalón en los años sesenta del siglo XX en pro de la necesaria agilidad. Era el principio de una revolución estilística que se consolidó en los ochenta. Los polos bordados con el cocodrilo de Lacoste, creados por el tenista Rene Lacoste, fueron transgresores por extender la manga corta en las pistas, y pronto llegaron a las calles, que siguen acaparando. Lo mismo ocurrió con la corona de laurel de Fred Perry, muy bien acogida hoy entre las tribus urbanas, por no hablar de las omnipresentes zapatillas que toman su nombre de este deporte.

Ya como creador de tendencias, el tenis asiste en el siglo XXI a una guerra de marcas en la que entran otras como Nike o Adidas. Es un deporte que rige la moda y no se limita al color blanco, exclusivo de Wimbledon. Busca llamar la atención y diferenciarse, con colores y diseños innovadores, especialmente para ellas. No se debe solo a criterios de estilo. Uno de los motivos por los que las tenistas apuestan por vestimentas más atrevidas es captar atención para conseguir patrocinios y ponerse al mismo nivel de ingresos que sus compañeros hombres.

Los estilismos también son símbolo de fuerza. La guerrera Serena Williams, la deportista mejor pagada del mundo según Forbes, ha sorprendido en el torneo de Roland Garros —del que se retiró en octavos por una lesión— con un mono negro muy ceñido diseñado por su marca patrocinadora, Nike. Comentó en rueda de prensa que con este outfit de Catwoman 2.0 se sintió como “una princesa guerrera”. “No es realmente típico, pero ¿qué es típico? ¿Quién marca las reglas? En 2018, el mundo ha cambiado. Es importante ser tú misma y probar algo nuevo”, defendió. Explicó que la prenda ha ayudado a mejorar su circulación sanguínea y otros problemas derivados de su problemática recuperación tras dar a luz el septiembre pasado, cuando estuvo a punto de morir, según contó ella misma.

Los comentarios siguieron en su Instagram, desde donde envió un mensaje a todas las mujeres que, como ella, han superado recuperaciones complicadas. “Para todas las mamás que han tenido una dura recuperación del embarazo, aquí tenéis. Si yo puedo hacerlo, vosotras también. ¡Os quiero!”, comentó. Ya ha sido comparada con la protagonista de la película de animación Los Increíbles, reconocida por sus capacidades extraordinarias. Unas semanas antes, la tenista y diseñadora, icono de estilo, también se saltó los cánones al vestir deportivas en la boda de su íntima amiga Meghan Markle con el príncipe Enrique, explicando que prefiere “ir cómoda en noches largas”.