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La enfermedad mental que eclipsó a Margot Kidder, la novia de ‘Superman’

La actriz padecía trastorno bipolar, llegó a vivir en la calle y sufrió adicciones que cambiaron su vida para siempre

Margot Kidder
Margot Kidder en una imagen de 2008. Cordon Press

Margot Kidder falleció el pasado domingo en su casa de Livingston (Montana) sin que se hayan conocido los motivos que causaron su muerte. Tenía 69 años y su vida fue una montaña rusa. Conoció el éxito como actriz, especialmente durante los años en los que interpretó a Lois Lane, la novia de Superman, en la saga de cuatro películas en las que Christopher Reeve dio vida al superhéroe procedente de Kripton, entre 1978 y 1987. Y vivió el descenso a los infiernos a causa de una enfermedad mental que la persiguió desde su juventud pero que diagnosticaron transtorno bipolar muchos años después.

Los amigos de buscar relaciones siniestras en sucesos cotidianos han querido poner el nombre de “la maldición de Superman” a la serie de cinco muertes que han sufrido actores relacionados con este personaje a lo largo de los años. El primer actor que dio vida a Superman, Bud Collyer, murió tres años más tarde por problemas circulatorios “leves”. George Reeves que encarnó el personaje en la serie de televisión de los años cincuenta, fue encontrado muerto de un disparo en la cabeza. Chistopher Reeve, uno de los Superman más famosos, se quedó tetrapléjico tras caer de un caballo y pasó años conectado a las máquinas que le mantenían con vida hasta que murió cuando tenía 52 años de un ataque al corazón. Y lo mismo ocurrió con su compañero de reparto Richard Pryor.

El caso de Margot Kidder se remonta a su adolescencia. A los 14 años tomó un puñado de pastillas de codeína porque un novio la había dejado y sufría alucinaciones. Pero, según ella misma manifestó años después, “a nadie se le ocurrió enviarme a un psiquiatra porque pensaron que solo era una adolescente con el corazón roto”. También dijo que en otro momento se obsesionó con un pino y creyó que si subía a su cima y giraba suficientemente rápido se convertiría en parte de él. Luchaba “contra sus monstruos”, como Kidder los llamaba y pensó que “al actuar podía dejar salir a mi ser real y nadie sabría que era yo”.

Margot Kidder y Christopher Reeve en una imagen de la película 'Superman', estrenada en 1978.
Margot Kidder y Christopher Reeve en una imagen de la película 'Superman', estrenada en 1978. Cordon Press

Hubo adicciones, maridos y divorcios y un accidente de coche en 1990 que la dejó parcialmente paralizada y arruinada debido a las enormes facturas médicas a las que tuvo que hacer frente para recuperarse. Había sido diagnosticada de trastorno bipolar en 1988, pero como muchos otros enfermos que padecen enfermedades mentales se negaba a aceptarlo y tomar la medicación que le prescribieron. "Es muy difícil convencer a una persona maníaca de que algo anda mal”, llegó a confesar la actriz en una entrevista a la revista People. “No tienes ganas de dormir, estás lleno de ideas”.

En 1996 llegó el climax de su patología y lo hizo de cara al público y ocurrió a consecuencia de un virus informático que borró las memorias que Kidder estaba escribiendo. La actriz voló a Los Ángeles para consultar con un especialista en informática y mientras esperaba el vuelo de regreso en el aeropuerto se obsesionó con que su primer marido, el novelista Thomas McGuane y la CIA estaban tratando de matarla porque sus memorias podían cambiar el mundo. Veía agentes y asesinos en todas partes, comenzó a gritar a otros viajeros que estaban en el aeropuerto y llegó a hablar allí mismo con un equipo de televisión sobre todo lo que estaba pasando por su cabeza en evidente estado de desvarío. Tiró su bolso porque creía que había una bomba en él y huyo de un cajero automático porque pensó que iba a explotar.

Después desapareció durante varios días, durmió junto a un vagabundo que la cobijó en su choza de cartón, sufrió un intento de violación y agresiones por parte de otro mendigo; se rapó el pelo para no ser reconocida… Y mientras su única hija, Maggie Kern, y sus hermanos la buscaban desesperadamente. En un momento de lucidez, se refugió en un patio y le dijo a la dueña de la casa: “Puede que no me reconozca, pero soy Margot Kidder”. La policía la trasladó a un centro médico y cuando la permitieron salir se refugió en una casa alquilada cerca de Vancouver, donde uno de sus hermanos le presentó a un especialista en trastorno bipolar y “finalmente pude aceptar el diagnóstico de mi enfermedad”, dijo la actriz en una entrevista.

Pero aunque llegó a vivir con relativa tranquilidad ni su economía se recuperó de las enormes facturas médicas a las que tuvo que hacer frente; ni su físico superó del todo su adicción a las píldoras y a el alcohol, a los que la llevaron sus enfermedades: “Mejor borracha que loca”, dijo una vez la actriz. Lo único bueno de todo aquel proceso fue que recuperó una relación más cercana con su hija. Pero Margot Kidder ni siquiera aceptando lo que le ocurría siguió los métodos tradicionales de tratamiento: rechazó el litio “porque funciona justo por debajo del nivel en el que es tóxico”, y optó por terapias alternativas como la acupuntura y remedios a base de plantas medicinales. Nunca volvió a tener un episodio psicótico como aquel de 1996 en el aeropuerto de Los Ángeles, pero siguió fabulando: “Me siento afortunada. Me drogaron con muchas cosas que entumecen la mente y te convierten en un vegetal. Pero otros me enseñaron a mejorar de forma natural. Me siento bendecida por ello”.

Las causas de la muerte de la eterna novia de Superman tendrán que esperar, pero Margot Kidder dejó de volar el pasado domingo.

 

 

 

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