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Por qué estos 14 tesoros están desaparecidos y cuál es su valor (II)

Algunas de estas magníficas obras permanecen ocultas. Encontrarlas es el titánico desafío humano

  •  De qué tesoro hablamos.  En 1701 comenzó la construcción de una estancia recubierta de placas de ámbar, oro, piedras preciosas y espejos en el palacio berlinés de Charlottenburg, residencia del rey de Prusia Federico I. Aquella maravilla impresionó al zar Pedro El Grande, así que el nuevo rey prusiano, Federico Guillermo I, decidió regalársela. Las piezas fueron trasladadas por mar hasta Rusia en una veintena de cajas, y unos años después reinstaladas en una cámara del palacio rococó de Tsárkoye Seló (o Villa de los Zares), residencia imperial veraniega cercana a San Petersburgo. Se adquirieron nuevos fragmentos de ámbar –entonces carísimo– para adaptarla al nuevo emplazamiento, algo más grande que el original. El resultado era de un esplendor sin igual, además de la pesadilla de un decorador minimalista.     Cómo desapareció y por qué nadie lo ha encontrado.  Durante la Operación Barbarroja (nombre que Hitler dio a la invasión rusa durante la II Guerra Mundial) se procedió al saqueo de diversas obras de arte. Los oficiales rusos trataron de desmontar la Cámara de Ámbar para salvarla de la rapiña, pero se encontraron con que el frágil material se descascarillaba. Entonces procedieron a empapelar la estancia a toda prisa para esconder el tesoro y salieron del palacio cruzando los dedos. El burdo engaño fue descubierto por los nazis, que sí lograron desmontar las placas de ámbar y las instalaron en el castillo de Königsberg (en aquella época en el reino alemán de Prusia, hoy Kaliningrado, en Rusia). Los bombardeos aliados destruyeron la ciudad en 1944, y la magnífica estancia se perdió. Existen teorías según las cuales antes de eso los nazis lograron rescatarla de nuevo y está por tanto a buen recaudo en algún búnker, aunque otros creen que se perdió en un naufragio. Hace un par de años, investigadores alemanes aseguraron conocer su paradero en una cueva en las montañas de Ore (en la Alemania oriental) y trataron de recaudar fondos para emprender excavaciones, sin éxito. La cámara fue reconstruida en Tsárskoye Seló –la obra tardó 25 años en finalizarse– e inaugurada con motivo del tercer centenario de la ciudad de San Petersburgo.     Cuál es su valor.  Su valor, de estar completa, se ha estimado en unos 250 millones de euros.   En la imagen, reconstrucción de la Cámara de Ámbar de 2000, en San Petersburgo.
    1Sala de Ámbar de la Villa de los Zares (San Petersburgo) De qué tesoro hablamos. En 1701 comenzó la construcción de una estancia recubierta de placas de ámbar, oro, piedras preciosas y espejos en el palacio berlinés de Charlottenburg, residencia del rey de Prusia Federico I. Aquella maravilla impresionó al zar Pedro El Grande, así que el nuevo rey prusiano, Federico Guillermo I, decidió regalársela. Las piezas fueron trasladadas por mar hasta Rusia en una veintena de cajas, y unos años después reinstaladas en una cámara del palacio rococó de Tsárkoye Seló (o Villa de los Zares), residencia imperial veraniega cercana a San Petersburgo. Se adquirieron nuevos fragmentos de ámbar –entonces carísimo– para adaptarla al nuevo emplazamiento, algo más grande que el original. El resultado era de un esplendor sin igual, además de la pesadilla de un decorador minimalista.

    Cómo desapareció y por qué nadie lo ha encontrado. Durante la Operación Barbarroja (nombre que Hitler dio a la invasión rusa durante la II Guerra Mundial) se procedió al saqueo de diversas obras de arte. Los oficiales rusos trataron de desmontar la Cámara de Ámbar para salvarla de la rapiña, pero se encontraron con que el frágil material se descascarillaba. Entonces procedieron a empapelar la estancia a toda prisa para esconder el tesoro y salieron del palacio cruzando los dedos. El burdo engaño fue descubierto por los nazis, que sí lograron desmontar las placas de ámbar y las instalaron en el castillo de Königsberg (en aquella época en el reino alemán de Prusia, hoy Kaliningrado, en Rusia). Los bombardeos aliados destruyeron la ciudad en 1944, y la magnífica estancia se perdió. Existen teorías según las cuales antes de eso los nazis lograron rescatarla de nuevo y está por tanto a buen recaudo en algún búnker, aunque otros creen que se perdió en un naufragio. Hace un par de años, investigadores alemanes aseguraron conocer su paradero en una cueva en las montañas de Ore (en la Alemania oriental) y trataron de recaudar fondos para emprender excavaciones, sin éxito. La cámara fue reconstruida en Tsárskoye Seló –la obra tardó 25 años en finalizarse– e inaugurada con motivo del tercer centenario de la ciudad de San Petersburgo.

    Cuál es su valor. Su valor, de estar completa, se ha estimado en unos 250 millones de euros.

    En la imagen, reconstrucción de la Cámara de Ámbar de 2000, en San Petersburgo.
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  •  De qué tesoro hablamos.  Estas soberbias representaciones de Buda fueron esculpidas hacia el siglo VI d. C directamente en la roca del acantilado del valle de Bāmiyān (Afganistán). Allí tenían también sus viviendas los monjes budistas. Se sabe que originalmente estaban policromadas, aunque después perdieron la capa de color. A lo largo de la historia fueron varias las ocasiones en que peligró su integridad, y de hecho sufrieron destrucciones parciales.     Cómo desapareció y por qué nadie lo ha encontrado.  Lo que no hicieron mil quinientos años de historia, invasiones y pulsiones iconoclastas lo lograron los talibanes de este siglo. Pese a los intentos de varios organismos –entre ellos la Organización de la Conferencia Islámica– por impedirlo, en 2001 la milicia ultraortodoxa islámica afgana acometió la destrucción de los dos budas gigantes de 55 y 36,5 metros de altura mediante misiles antiaéreos, minas antitanque y cargas de dinamita. El ministro de exteriores talibán, Wakil Ahmed Muttawakil, declaró que el motivo era que las estatuas iban “contra los principios del Islam”. Los dos grandes budas fueron destruidos y quedan los nichos gigantescos que los acogían, y también otras esculturas menores. En 2013 se inició una polémica restauración que fue interrumpida por orden de la Unesco. Según la Unesco, ahora ”el vacío es la verdadera escultura” y aboga por dejarlo como está.     Cuál es su valor.  Como cualquier coloso –o más que cualquier otro, por estar inevitablemente fijados al paisaje en que se esculpieron– difícilmente podrían ponerse a la venta.   A la izquierda, una imagen del hueco donde se encontraba uno de los budas de Bāmiyān. A la derecha, una réplica de 30 pies de alto del Buda Bāmiyān erigido con motivo del cumpleaños de Buda el 7 de mayo de 2001.
    2Budas de Bāmiyān De qué tesoro hablamos. Estas soberbias representaciones de Buda fueron esculpidas hacia el siglo VI d. C directamente en la roca del acantilado del valle de Bāmiyān (Afganistán). Allí tenían también sus viviendas los monjes budistas. Se sabe que originalmente estaban policromadas, aunque después perdieron la capa de color. A lo largo de la historia fueron varias las ocasiones en que peligró su integridad, y de hecho sufrieron destrucciones parciales.

    Cómo desapareció y por qué nadie lo ha encontrado. Lo que no hicieron mil quinientos años de historia, invasiones y pulsiones iconoclastas lo lograron los talibanes de este siglo. Pese a los intentos de varios organismos –entre ellos la Organización de la Conferencia Islámica– por impedirlo, en 2001 la milicia ultraortodoxa islámica afgana acometió la destrucción de los dos budas gigantes de 55 y 36,5 metros de altura mediante misiles antiaéreos, minas antitanque y cargas de dinamita. El ministro de exteriores talibán, Wakil Ahmed Muttawakil, declaró que el motivo era que las estatuas iban “contra los principios del Islam”. Los dos grandes budas fueron destruidos y quedan los nichos gigantescos que los acogían, y también otras esculturas menores. En 2013 se inició una polémica restauración que fue interrumpida por orden de la Unesco. Según la Unesco, ahora ”el vacío es la verdadera escultura” y aboga por dejarlo como está.

    Cuál es su valor. Como cualquier coloso –o más que cualquier otro, por estar inevitablemente fijados al paisaje en que se esculpieron– difícilmente podrían ponerse a la venta.

    A la izquierda, una imagen del hueco donde se encontraba uno de los budas de Bāmiyān. A la derecha, una réplica de 30 pies de alto del Buda Bāmiyān erigido con motivo del cumpleaños de Buda el 7 de mayo de 2001.
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  •  De qué tesoro hablamos.  De algo que obsesiona desde hace siglos a Occidente: el cuenco o copa donde para los creyentes cristianos Jesucristo depositó los alimentos objeto del milagro de la transubstanciación y que después se habría utilizado para recoger la sangre vertida en la crucifixión. Aunque en los Evangelios se habla de un cáliz que en la Última Cena contiene el vino de la eucaristía, las posteriores vicisitudes del grial son apócrifas, y no se conserva texto escrito alguno que las mencione hasta la Baja Edad Media.     Cómo desapareció y por qué nadie lo ha encontrado.  La leyenda decidió que un hombre rico llamado José de Arimatea –cuyo nombre sí figura en el Nuevo Testamento– lo habría llevado a tierras británicas y allí custodiado hasta su desaparición en circunstancias totalmente desconocidas. La historia del rey Arturo y sus caballeros de la Mesa Redonda, tal y como la desarrolló en la Edad Media el poeta Chrétien de Troyes (y otros después) basó gran parte de su intriga argumental en la búsqueda de tan preciada pieza de vajilla, uniendo la tradición cristiana con mitos paganos celtas. Actualmente hay dos centenares de supuestos griales solo en Europa, varios de ellos en España: destacan una copa en la catedral de Valencia y otra en el del Monasterio de Santa María do Cebreiro (Lugo), aunque recientemente los historiadores Margarita Torres y José Miguel Ortega aseguraron que la auténtica reliquia se encuentra en León.     Cuál es su valor.  Partiendo de la dudosa existencia de tal cosa como un santo grial, difícilmente se podría probar que un hallazgo -nuevo o antiguo- sea el auténtico. Pero si así fuera estaríamos quizá ante el objeto más valioso sobre la faz de la Tierra.   En la imagen, Harrison Ford con el Santo Grial en la película 'Indiana Jones y la última cruzada'.
    3El Santo Grial De qué tesoro hablamos. De algo que obsesiona desde hace siglos a Occidente: el cuenco o copa donde para los creyentes cristianos Jesucristo depositó los alimentos objeto del milagro de la transubstanciación y que después se habría utilizado para recoger la sangre vertida en la crucifixión. Aunque en los Evangelios se habla de un cáliz que en la Última Cena contiene el vino de la eucaristía, las posteriores vicisitudes del grial son apócrifas, y no se conserva texto escrito alguno que las mencione hasta la Baja Edad Media.

    Cómo desapareció y por qué nadie lo ha encontrado. La leyenda decidió que un hombre rico llamado José de Arimatea –cuyo nombre sí figura en el Nuevo Testamento– lo habría llevado a tierras británicas y allí custodiado hasta su desaparición en circunstancias totalmente desconocidas. La historia del rey Arturo y sus caballeros de la Mesa Redonda, tal y como la desarrolló en la Edad Media el poeta Chrétien de Troyes (y otros después) basó gran parte de su intriga argumental en la búsqueda de tan preciada pieza de vajilla, uniendo la tradición cristiana con mitos paganos celtas. Actualmente hay dos centenares de supuestos griales solo en Europa, varios de ellos en España: destacan una copa en la catedral de Valencia y otra en el del Monasterio de Santa María do Cebreiro (Lugo), aunque recientemente los historiadores Margarita Torres y José Miguel Ortega aseguraron que la auténtica reliquia se encuentra en León.

    Cuál es su valor. Partiendo de la dudosa existencia de tal cosa como un santo grial, difícilmente se podría probar que un hallazgo -nuevo o antiguo- sea el auténtico. Pero si así fuera estaríamos quizá ante el objeto más valioso sobre la faz de la Tierra.

    En la imagen, Harrison Ford con el Santo Grial en la película 'Indiana Jones y la última cruzada'.
  •  De qué tesoro hablamos.  El Museo Isabella Stewart Gardner, de Boston (EE UU), se creó en 1903 para acoger la colección privada de esta rica heredera estadounidense de origen irlandés. Su primera adquisición fue nada menos que 'El Concierto', del pintor barroco holandés Johannes Vermeer, tras la cual se hizo con otras obras maestras como el único paisaje marino de Rembrandt ('La tormenta en el mar de Galilea'), o un doble retrato y un autorretrato de este mismo autor. Sin embargo, si acuden al museo y buscan estas joyas, lo que encontrarán en su lugar son marcos vacíos.     Cómo desapareció y por qué nadie lo ha encontrado.  “No le estamos arrestando: ¡esto es un robo!”. Estas fueron las palabras que unos intrusos disfrazados de policías dirigieron a los empleados de seguridad del museo la noche del 18 de marzo de 1990. Esposados y atados, los guardas no pudieron evitar que, durante una hora, los ladrones camparan a sus anchas por las salas de la pinacoteca y se llevaran trece obras: cuadros de Vermeer, Rembrandt, Manet, Degas y Flinck, y antiguos elementos ornamentales de bronce. Los expertos han señalado que por su 'modus operandi' los malhechores no eran ladrones especializados en arte, y se tiende a apuntar a la mafia local. Pero nadie fue detenido, y ni una sola de las piezas se ha recuperado. Ni las recompensas ofrecidas ni la labor del FBI han servido para nada de momento, aunque no se pierde la esperanza.     Cuál es su valor.  En su momento se estimó en 500 millones de dólares (unos 400 millones de euros) el valor total de los elementos robados. Pero eso fue hace casi treinta años, así que hoy podría cuadruplicarse la cifra. Solo la obra de Vermeer se estima en unos 200 millones.   En la imagen, 'El Concierto', de Johannes Vermeer, que estaba en el lote de los robados.
    4Obras robadas en el atraco al Museo Isabella Stewart (Rembrandt, Vermeer, Manet, Degas, Flinck...) De qué tesoro hablamos. El Museo Isabella Stewart Gardner, de Boston (EE UU), se creó en 1903 para acoger la colección privada de esta rica heredera estadounidense de origen irlandés. Su primera adquisición fue nada menos que 'El Concierto', del pintor barroco holandés Johannes Vermeer, tras la cual se hizo con otras obras maestras como el único paisaje marino de Rembrandt ('La tormenta en el mar de Galilea'), o un doble retrato y un autorretrato de este mismo autor. Sin embargo, si acuden al museo y buscan estas joyas, lo que encontrarán en su lugar son marcos vacíos.

    Cómo desapareció y por qué nadie lo ha encontrado. “No le estamos arrestando: ¡esto es un robo!”. Estas fueron las palabras que unos intrusos disfrazados de policías dirigieron a los empleados de seguridad del museo la noche del 18 de marzo de 1990. Esposados y atados, los guardas no pudieron evitar que, durante una hora, los ladrones camparan a sus anchas por las salas de la pinacoteca y se llevaran trece obras: cuadros de Vermeer, Rembrandt, Manet, Degas y Flinck, y antiguos elementos ornamentales de bronce. Los expertos han señalado que por su 'modus operandi' los malhechores no eran ladrones especializados en arte, y se tiende a apuntar a la mafia local. Pero nadie fue detenido, y ni una sola de las piezas se ha recuperado. Ni las recompensas ofrecidas ni la labor del FBI han servido para nada de momento, aunque no se pierde la esperanza.

    Cuál es su valor. En su momento se estimó en 500 millones de dólares (unos 400 millones de euros) el valor total de los elementos robados. Pero eso fue hace casi treinta años, así que hoy podría cuadruplicarse la cifra. Solo la obra de Vermeer se estima en unos 200 millones.

    En la imagen, 'El Concierto', de Johannes Vermeer, que estaba en el lote de los robados.
  •  De qué tesoro hablamos.  Durante los últimos treinta años de su vida, el impresionista Claude Monet (Francia, 1840-1926) pintó una larga serie llamada 'Los Nenúfares' ('Les Nympheás' en francés). Cuando comenzó a hacerlo contaba casi sesenta años, y muchas de las 250 obras las realizó cuando su vista estaba roída por las cataratas. Hoy la serie está considerada como uno de los paradigmas del impresionismo, y sus piezas más representativas son las que pueden verse en el pabellón de l’Orangerie de París, inaugurado en 1927, poco después de la muerte de Monet. Varios de los cuadros fueron a parar a otras instituciones, entre ellas el MoMA de Nueva York, que en 1955 compró uno de los de gran formato (de cinco metros y medio de largo) y otro más pequeño.     Cómo desapareció y por qué nadie lo ha encontrado.  El 15 de abril de 1958, uno de los trabajadores que estaban reparando el sistema de aire acondicionado del MoMA neoyorquino encendió un cigarrillo, y una chispa hizo prender una pila de serrín y unas telas. Se organizó entonces un furioso incendio que obligó a desalojar el edificio. Un grupo de voluntarios (incluido el magnate Nelson Rockefeller) colaboró en sofocar el fuego y salvar las obras de arte en peligro. Aparte de la única víctima mortal que se produjo, la principal pérdida fueron los dos cuadros de Monet. Según narró un testigo al diario 'New York Times', el más pequeño quedó “como un malvavisco tostado” (y ese fue el mejor parado de los dos). La historiadora y doctora en Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid, Ruth Pérez-Chaves, espera que sirva para evitar otros incidentes en el futuro: “Podría volver a pasar en cualquier momento, aunque no por un cigarro, sino por otras negligencias. En ocasiones, cuando los museos pintan las paredes no descuelgan las obras… Hay mucho que hacer en conservación preventiva, me temo”.     Cuál es su valor.  Hace diez años la casa de subastas Christie’s vendió otro cuadro de la serie, de dos metros de largo y pintado en 1919, por 40,9 millones de libras (unos 58,22 millones de euros). Un precio similar a éste podría alcanzar la obra más pequeña perdida en el MoMA, y bastante más -¿quizá 80 millones?- la de mayor tamaño.
    5“Los nenúfares”, de Claude Monet De qué tesoro hablamos. Durante los últimos treinta años de su vida, el impresionista Claude Monet (Francia, 1840-1926) pintó una larga serie llamada 'Los Nenúfares' ('Les Nympheás' en francés). Cuando comenzó a hacerlo contaba casi sesenta años, y muchas de las 250 obras las realizó cuando su vista estaba roída por las cataratas. Hoy la serie está considerada como uno de los paradigmas del impresionismo, y sus piezas más representativas son las que pueden verse en el pabellón de l’Orangerie de París, inaugurado en 1927, poco después de la muerte de Monet. Varios de los cuadros fueron a parar a otras instituciones, entre ellas el MoMA de Nueva York, que en 1955 compró uno de los de gran formato (de cinco metros y medio de largo) y otro más pequeño.

    Cómo desapareció y por qué nadie lo ha encontrado. El 15 de abril de 1958, uno de los trabajadores que estaban reparando el sistema de aire acondicionado del MoMA neoyorquino encendió un cigarrillo, y una chispa hizo prender una pila de serrín y unas telas. Se organizó entonces un furioso incendio que obligó a desalojar el edificio. Un grupo de voluntarios (incluido el magnate Nelson Rockefeller) colaboró en sofocar el fuego y salvar las obras de arte en peligro. Aparte de la única víctima mortal que se produjo, la principal pérdida fueron los dos cuadros de Monet. Según narró un testigo al diario 'New York Times', el más pequeño quedó “como un malvavisco tostado” (y ese fue el mejor parado de los dos). La historiadora y doctora en Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid, Ruth Pérez-Chaves, espera que sirva para evitar otros incidentes en el futuro: “Podría volver a pasar en cualquier momento, aunque no por un cigarro, sino por otras negligencias. En ocasiones, cuando los museos pintan las paredes no descuelgan las obras… Hay mucho que hacer en conservación preventiva, me temo”.

    Cuál es su valor. Hace diez años la casa de subastas Christie’s vendió otro cuadro de la serie, de dos metros de largo y pintado en 1919, por 40,9 millones de libras (unos 58,22 millones de euros). Un precio similar a éste podría alcanzar la obra más pequeña perdida en el MoMA, y bastante más -¿quizá 80 millones?- la de mayor tamaño.

  •  De qué tesoro hablamos.  El Zeus de Olimpia estaba incluida en la lista de las siete maravillas del mundo antiguo. Se trataba de una escultura en oro y marfil de unos doce metros de altura que representaba al padre de los dioses griegos y se encontraba en un templo en Olimpia, al oeste de Grecia. Fue realizada por el gran Fidias hacia la mitad del siglo V a. C. En ella Zeus aparecía con el torso descubierto, sentado en un imponente trono y sosteniendo con una mano su vara de mando y con la otra una escultura más pequeña, la de Niké, diosa de la victoria. La idea era que los visitantes al templo se quedaran sobrecogidos ante la contemplación del más poderoso de los dioses.     Cómo desapareció y por qué nadie lo ha encontrado.  No se sabe a ciencia cierta en qué momento y cómo desapareció, aunque como otros tesoros artísticos de su tipología pudo ser llevado a Constantinopla, capital del Imperio Romano de Oriente, y destruirse en el incendio del palacio de Lauso en el siglo V de nuestra era.     Cuál es su valor.  Su precio sería, por supuesto, incalculable. Y de todos modos no parece probable que pudiera considerarse objeto de intercambio en el mercado.   En la imagen, grabado de la estatua de Zeus en Olimpia, por Fischer von Erlach.
    6Zeus de Olimpia, de Fidias De qué tesoro hablamos. El Zeus de Olimpia estaba incluida en la lista de las siete maravillas del mundo antiguo. Se trataba de una escultura en oro y marfil de unos doce metros de altura que representaba al padre de los dioses griegos y se encontraba en un templo en Olimpia, al oeste de Grecia. Fue realizada por el gran Fidias hacia la mitad del siglo V a. C. En ella Zeus aparecía con el torso descubierto, sentado en un imponente trono y sosteniendo con una mano su vara de mando y con la otra una escultura más pequeña, la de Niké, diosa de la victoria. La idea era que los visitantes al templo se quedaran sobrecogidos ante la contemplación del más poderoso de los dioses.

    Cómo desapareció y por qué nadie lo ha encontrado. No se sabe a ciencia cierta en qué momento y cómo desapareció, aunque como otros tesoros artísticos de su tipología pudo ser llevado a Constantinopla, capital del Imperio Romano de Oriente, y destruirse en el incendio del palacio de Lauso en el siglo V de nuestra era.

    Cuál es su valor. Su precio sería, por supuesto, incalculable. Y de todos modos no parece probable que pudiera considerarse objeto de intercambio en el mercado.

    En la imagen, grabado de la estatua de Zeus en Olimpia, por Fischer von Erlach.
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  •  De qué tesoro hablamos.  El escultor estadounidense Richard Serra (San Francisco, 1939) realizó en 1986 esta escultura expresamente para el espacio que ocuparía en la exposición inaugural del Centro de Arte Reina Sofía. Se componía de cuatro bloques macizos de acero corten de 148,5 cm de altura cada uno. Dos de ellos pesaban 4 toneladas y otros dos 15 toneladas cada uno. Al cierre de la exposición, el Ministerio de Cultura adquirió la obra por 36 millones de pesetas (unos 216.000 euros). Tras guardarse en un almacén, en 1990 fue de nuevo expuesta en el museo y después desmontada y almacenada.     Cómo desapareció y por qué nadie lo ha encontrado.  En 1998, la Seguridad Social embargó las instalaciones, situadas en Arganda del Rey, de la empresa de almacenaje que había entrado en suspensión de pagos. No se hacía referencia a la escultura de Serra en la correspondiente acta de incautación. Tres años más tarde se edificó en el solar un nuevo edificio que debía contener el archivo general del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Cuando en 2005 la nueva directora del Reina Sofía decidió que ya era hora de volver a exponer la obra, se encontró con que los responsables de la empresa de almacenaje desconocían su paradero. La investigación de la Brigada de Delitos contra el Patrimonio Histórico de la Policía Judicial no llegó a ninguna conclusión definitiva, aunque se aventuraron hipótesis como que los bloques quedaron sepultados bajo los cimientos del nuevo edificio construido en el solar del almacén. La posibilidad de la sustracción resulta menos probable, aunque de haber sido así nos encontraríamos ante un auténtico supervillano, pues no cualquiera es capaz de volatilizar como si nada un fardo de metal de 38 toneladas de peso. La pieza fue reconstruida con la colaboración de Serra, para lo que únicamente hubo de abonarse 78.000 euros adicionales en concepto de materiales y mano de obra.     Cuál es su valor.  Resulta difícil de responder a la cuestión en este caso ya que, de existir aún la primera escultura, habría sido suplantada como “original” por su reproducción posterior, lo que generaría una situación paradójica y fascinante. Lo mismo podría venderse al peso para el desguace que a cambio de varios millones de euros.   En la imagen, la reconstrucción de la escultura de Richard Serra que se hizo en 2007, y que se exhibió poco después en el MoMA neoyorquino.
    7'Equal Parallel / Guernica-Bengasi', de Richard Serra De qué tesoro hablamos. El escultor estadounidense Richard Serra (San Francisco, 1939) realizó en 1986 esta escultura expresamente para el espacio que ocuparía en la exposición inaugural del Centro de Arte Reina Sofía. Se componía de cuatro bloques macizos de acero corten de 148,5 cm de altura cada uno. Dos de ellos pesaban 4 toneladas y otros dos 15 toneladas cada uno. Al cierre de la exposición, el Ministerio de Cultura adquirió la obra por 36 millones de pesetas (unos 216.000 euros). Tras guardarse en un almacén, en 1990 fue de nuevo expuesta en el museo y después desmontada y almacenada.

    Cómo desapareció y por qué nadie lo ha encontrado. En 1998, la Seguridad Social embargó las instalaciones, situadas en Arganda del Rey, de la empresa de almacenaje que había entrado en suspensión de pagos. No se hacía referencia a la escultura de Serra en la correspondiente acta de incautación. Tres años más tarde se edificó en el solar un nuevo edificio que debía contener el archivo general del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Cuando en 2005 la nueva directora del Reina Sofía decidió que ya era hora de volver a exponer la obra, se encontró con que los responsables de la empresa de almacenaje desconocían su paradero. La investigación de la Brigada de Delitos contra el Patrimonio Histórico de la Policía Judicial no llegó a ninguna conclusión definitiva, aunque se aventuraron hipótesis como que los bloques quedaron sepultados bajo los cimientos del nuevo edificio construido en el solar del almacén. La posibilidad de la sustracción resulta menos probable, aunque de haber sido así nos encontraríamos ante un auténtico supervillano, pues no cualquiera es capaz de volatilizar como si nada un fardo de metal de 38 toneladas de peso. La pieza fue reconstruida con la colaboración de Serra, para lo que únicamente hubo de abonarse 78.000 euros adicionales en concepto de materiales y mano de obra.

    Cuál es su valor. Resulta difícil de responder a la cuestión en este caso ya que, de existir aún la primera escultura, habría sido suplantada como “original” por su reproducción posterior, lo que generaría una situación paradójica y fascinante. Lo mismo podría venderse al peso para el desguace que a cambio de varios millones de euros.

    En la imagen, la reconstrucción de la escultura de Richard Serra que se hizo en 2007, y que se exhibió poco después en el MoMA neoyorquino.
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  •  De qué tesoro hablamos.  En 1954, Winston Churchill tenía asuntos muy serios en los que pensar, como la gestión del fin del Imperio Británico o el mantenimiento de las relaciones cordiales con Estados Unidos, que había salido de la II Guerra Mundial convertido en la primera potencia mundial indiscutible. Pero también cumplía 80 años, y con tal motivo el Parlamento decidió regalarle un gran retrato realizado por Graham Sutherland, nombre que entonces disfrutaba de cierto prestigio como pintor de vanguardia. El propio Churchill era, como artista aficionado, autor de innumerables cuadros de paisajes en un estilo impresionista que entonces llevaba ya más de medio siglo francamente pasado de moda. Así que aquel encuentro estaba destinado a generar chispas. Y, sin embargo, al principio todo fue bien: de hecho, Churchill posó en diversas ocasiones para Sutherland, que realizó así unos cuantos bocetos preparatorios sin que se registraran incidencias.     Cómo desapareció y por qué nadie lo ha encontrado.  El retrato fue presentado primero a Lady Churchill, quien tomó una fotografía para mostrarla a su marido. Y lo que vio no le gustó. “Asquerosa” y “malévola” son los adjetivos que, según ha trascendido, le aplicó el primer ministro a la pintura. El historiador José María Lanzarote nos describe una escena más prosaica: “En realidad dijo que el cuadro lo mostraba en postura de estar haciendo esfuerzos ("apretando") en el baño, y que parecía 'medio tonto”. En un gesto de diplomacia, el retrato fue oficialmente aceptado y Churchill emitió un discurso en el que lo valoró como “un notable ejemplo de arte moderno”. Pero nunca fue exhibido en público, y se rechazaron todas las peticiones para incluirlo en retrospectivas de su autor. Solo en 1978, trece años después de la muerte del político, se supo que Lady Churchill había hecho despedazar la obra para después incinerar los restos. Como curiosidad, el caso ha formado parte de las tramas de un episodio de la serie 'The Crown'.     Cuál es su valor.  Graham Sutherland, fallecido en 1980, no es un artista que se encuentre en la cresta de la ola. Pero dado el valor histórico del retrato, unos 300.000 euros no parecen descabellados.   En la imagen, Winston Churchill el día que recibió el retrato de Graham Sutherland en su 80 cumpleaños.
    8'Retrato de Winston Churchill', por Graham Sutherland De qué tesoro hablamos. En 1954, Winston Churchill tenía asuntos muy serios en los que pensar, como la gestión del fin del Imperio Británico o el mantenimiento de las relaciones cordiales con Estados Unidos, que había salido de la II Guerra Mundial convertido en la primera potencia mundial indiscutible. Pero también cumplía 80 años, y con tal motivo el Parlamento decidió regalarle un gran retrato realizado por Graham Sutherland, nombre que entonces disfrutaba de cierto prestigio como pintor de vanguardia. El propio Churchill era, como artista aficionado, autor de innumerables cuadros de paisajes en un estilo impresionista que entonces llevaba ya más de medio siglo francamente pasado de moda. Así que aquel encuentro estaba destinado a generar chispas. Y, sin embargo, al principio todo fue bien: de hecho, Churchill posó en diversas ocasiones para Sutherland, que realizó así unos cuantos bocetos preparatorios sin que se registraran incidencias.

    Cómo desapareció y por qué nadie lo ha encontrado. El retrato fue presentado primero a Lady Churchill, quien tomó una fotografía para mostrarla a su marido. Y lo que vio no le gustó. “Asquerosa” y “malévola” son los adjetivos que, según ha trascendido, le aplicó el primer ministro a la pintura. El historiador José María Lanzarote nos describe una escena más prosaica: “En realidad dijo que el cuadro lo mostraba en postura de estar haciendo esfuerzos ("apretando") en el baño, y que parecía 'medio tonto”. En un gesto de diplomacia, el retrato fue oficialmente aceptado y Churchill emitió un discurso en el que lo valoró como “un notable ejemplo de arte moderno”. Pero nunca fue exhibido en público, y se rechazaron todas las peticiones para incluirlo en retrospectivas de su autor. Solo en 1978, trece años después de la muerte del político, se supo que Lady Churchill había hecho despedazar la obra para después incinerar los restos. Como curiosidad, el caso ha formado parte de las tramas de un episodio de la serie 'The Crown'.

    Cuál es su valor. Graham Sutherland, fallecido en 1980, no es un artista que se encuentre en la cresta de la ola. Pero dado el valor histórico del retrato, unos 300.000 euros no parecen descabellados.

    En la imagen, Winston Churchill el día que recibió el retrato de Graham Sutherland en su 80 cumpleaños.
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  •  De qué tesoro hablamos.  Del Palacio de Ribeira (o Paço da Ribeira), en Lisboa, cuya construcción fue ordenada por el rey Manuel I de Portugal a finales del siglo XV. Fue durante 250 años la residencia oficial de los monarcas lusos. Estaba ubicado en un lugar estratégico de la ciudad, en la actual Praça do Comércio, y respondía a un estilo entre el gótico manuelino (como el Convento de los Jerónimos o la Torre de Belém) y el renacentista. Posteriormente, nuestro Felipe II, convertido en rey de Portugal, añadió una torre manierista diseñada por su arquitecto de confianza, el italiano Filippo Terzi.     Cómo desapareció y por qué nadie lo ha encontrado.  El edificio se destruyó 1755 como consecuencia del célebre terremoto de Lisboa, ”pero sobre todo del tsunami que llegó a continuación”, según apunta el historiador José María Lanzarote, de la Universidad Aix-Marseille. “Con él se perdieron las colecciones acumuladas por la casa real portuguesa a lo largo de varios siglos de expansión marítima y acumulación de riqueza: se habla de obras de Tiziano, Rubens o Correggio. El desastre arrasó también un teatro de la ópera a la italiana que se acababa de inaugurar, obra de Giuseppe Bibiena. Y la magnífica biblioteca que estaba situada en un torreón que miraba al mar”, añade Lanzarote. El rey José I, apodado O Reformador, no se encontraba en la residencia en aquel momento, por lo que su vida no peligró.     Cuál es su valor.  Nos asomamos de nuevo al abismo de lo incalculable. Pero entre las distintas construcciones y las obras de arte que contenían, estamos seguros de que existen países con un PIB menos abultado.   En la imagen, dibujo de Palacio de Ribeira, en el siglo XVIII.
    9El Palacio de Ribeira (Lisboa) De qué tesoro hablamos. Del Palacio de Ribeira (o Paço da Ribeira), en Lisboa, cuya construcción fue ordenada por el rey Manuel I de Portugal a finales del siglo XV. Fue durante 250 años la residencia oficial de los monarcas lusos. Estaba ubicado en un lugar estratégico de la ciudad, en la actual Praça do Comércio, y respondía a un estilo entre el gótico manuelino (como el Convento de los Jerónimos o la Torre de Belém) y el renacentista. Posteriormente, nuestro Felipe II, convertido en rey de Portugal, añadió una torre manierista diseñada por su arquitecto de confianza, el italiano Filippo Terzi.

    Cómo desapareció y por qué nadie lo ha encontrado. El edificio se destruyó 1755 como consecuencia del célebre terremoto de Lisboa, ”pero sobre todo del tsunami que llegó a continuación”, según apunta el historiador José María Lanzarote, de la Universidad Aix-Marseille. “Con él se perdieron las colecciones acumuladas por la casa real portuguesa a lo largo de varios siglos de expansión marítima y acumulación de riqueza: se habla de obras de Tiziano, Rubens o Correggio. El desastre arrasó también un teatro de la ópera a la italiana que se acababa de inaugurar, obra de Giuseppe Bibiena. Y la magnífica biblioteca que estaba situada en un torreón que miraba al mar”, añade Lanzarote. El rey José I, apodado O Reformador, no se encontraba en la residencia en aquel momento, por lo que su vida no peligró.

    Cuál es su valor. Nos asomamos de nuevo al abismo de lo incalculable. Pero entre las distintas construcciones y las obras de arte que contenían, estamos seguros de que existen países con un PIB menos abultado.

    En la imagen, dibujo de Palacio de Ribeira, en el siglo XVIII.
  •  De qué tesoro hablamos.  Se trata de un exquisito óleo sobre lienzo de pequeño-mediano formato (46 por 56 centímetros) pintado por Cézanne hacia 1875, en plena euforia de trabajo al aire libre. En el pueblo de Auvers, no muy lejos de París, vivía el doctor Gachet, amigo de artistas como Pissarro o el propio Cézanne, que luego apoyaría también a Van Gogh. El cuadro lo adquirió en 1980 el Ashmolean Museum de Oxford, el primer museo universitario del mundo y lugar de exposición abierto al público de forma permanente.     Cómo desapareció y por qué nadie lo ha encontrado.  Durante la Nochevieja del año 2000, unos ladrones entraron en la pinacoteca a través de la vidriera del techo y se llevaron limpiamente la obra, burlando todos los sistemas de seguridad. Nadie fue detenido por el robo y el cuadro jamás ha aparecido. “Fue el peor día de mi vida”, fue la ingenua declaración de Christopher Brown, entonces director del museo.     Cuál es su valor.  En su día se valoró en unos 5 millones de euros, y dada la evolución del mercado del arte este precio bien podría duplicarse: hace un par de años otro paisaje del mismo autor, “Ferme en Normandie, été (Hattenville)”, se adjudicó en subasta por 5,1 millones de libras (unos 6 millones de euros).
    10'Vista de Auvers-sur-Oise', de Paul Cézanne De qué tesoro hablamos. Se trata de un exquisito óleo sobre lienzo de pequeño-mediano formato (46 por 56 centímetros) pintado por Cézanne hacia 1875, en plena euforia de trabajo al aire libre. En el pueblo de Auvers, no muy lejos de París, vivía el doctor Gachet, amigo de artistas como Pissarro o el propio Cézanne, que luego apoyaría también a Van Gogh. El cuadro lo adquirió en 1980 el Ashmolean Museum de Oxford, el primer museo universitario del mundo y lugar de exposición abierto al público de forma permanente.

    Cómo desapareció y por qué nadie lo ha encontrado. Durante la Nochevieja del año 2000, unos ladrones entraron en la pinacoteca a través de la vidriera del techo y se llevaron limpiamente la obra, burlando todos los sistemas de seguridad. Nadie fue detenido por el robo y el cuadro jamás ha aparecido. “Fue el peor día de mi vida”, fue la ingenua declaración de Christopher Brown, entonces director del museo.

    Cuál es su valor. En su día se valoró en unos 5 millones de euros, y dada la evolución del mercado del arte este precio bien podría duplicarse: hace un par de años otro paisaje del mismo autor, “Ferme en Normandie, été (Hattenville)”, se adjudicó en subasta por 5,1 millones de libras (unos 6 millones de euros).

  •  De qué tesoro hablamos.  El primer Fabergé fue creado por el joyero ruso de este nombre en 1885 por encargo del zar Alejandro III, que deseaba regalar una joya con forma de Huevo de Pascua a su esposa, María Fiódorovna. Realizados en lujosos metales, esmaltes y piedras preciosas, cada uno de ellos es un prodigio de creatividad escultórica, y todos contienen fabulosas sorpresas en su interior. Se llegaron a realizar 69 ejemplares, cada vez más barrocos y sorprendentes, de los que se conservan 61. Hoy son especialmente apreciados por los oligarcas rusos.     Cómo desapareció y por qué nadie lo ha encontrado.  La colección de huevos fue requisada por los bolcheviques durante la Revolución Rusa de 1917 y trasladada al Kremlin. Tras su ascensión al poder, Stalin los hizo vender para financiar al gobierno comunista. Ocho de ellos desparecieron misteriosamente en este proceso, pero a ver quién le hacía rendir cuentas a Stalin. A principios de los 2000, un chatarrero norteamericano compró por 14.000 dólares (unos 11.000 euros) lo que resultó ser una de estas joyas perdidas. Del resto –el “Huevo neceser” o el “Querubín con carruaje” entre ellos- nada se sabe.     Cuál es su valor.  Los especialistas los valoran en unos 30 millones de euros por huevo. Y son siete.   En la imagen, tres de los huevos de Imperial Fabergé creados por el taller de Peter Carl Fabergé para la Familia Imperial Rusa.
    11Huevos Fabergé De qué tesoro hablamos. El primer Fabergé fue creado por el joyero ruso de este nombre en 1885 por encargo del zar Alejandro III, que deseaba regalar una joya con forma de Huevo de Pascua a su esposa, María Fiódorovna. Realizados en lujosos metales, esmaltes y piedras preciosas, cada uno de ellos es un prodigio de creatividad escultórica, y todos contienen fabulosas sorpresas en su interior. Se llegaron a realizar 69 ejemplares, cada vez más barrocos y sorprendentes, de los que se conservan 61. Hoy son especialmente apreciados por los oligarcas rusos.

    Cómo desapareció y por qué nadie lo ha encontrado. La colección de huevos fue requisada por los bolcheviques durante la Revolución Rusa de 1917 y trasladada al Kremlin. Tras su ascensión al poder, Stalin los hizo vender para financiar al gobierno comunista. Ocho de ellos desparecieron misteriosamente en este proceso, pero a ver quién le hacía rendir cuentas a Stalin. A principios de los 2000, un chatarrero norteamericano compró por 14.000 dólares (unos 11.000 euros) lo que resultó ser una de estas joyas perdidas. Del resto –el “Huevo neceser” o el “Querubín con carruaje” entre ellos- nada se sabe.

    Cuál es su valor. Los especialistas los valoran en unos 30 millones de euros por huevo. Y son siete.

    En la imagen, tres de los huevos de Imperial Fabergé creados por el taller de Peter Carl Fabergé para la Familia Imperial Rusa.
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  •  De qué tesoro hablamos.  En 1955, el director francés de cine Henri-Georges Clouzot rodó el documental 'El misterio de Picasso' sobre el proceso creativo de quien estaba considerado como el mayor genio artístico vivo, Pablo Picasso. Todo lo que se ve durante los 78 minutos que dura la película es cómo el pintor malagueño realiza una obra tras otra en plano fijo. En realidad, puesto que la cámara está situada al otro lado del lienzo, el espectador no ve al artista, así que se produce el efecto de que los cuadros se pintan solos, siguiendo la voluntad de un ser sobrenatural (¿un dios?). Y, contra lo que pueda pensarse, resulta fascinante.     Cómo desapareció y por qué nadie lo ha encontrado.  Además de los metros de celuloide montados, galardonados en Cannes con el Premio Especial del Jurado de 1956, el resultado material de esta larga 'performance' fueron decenas de pinturas. A Picasso, que controlaba de manera estricta –directamente o a través de sus marchantes– las cuestiones comerciales, no le interesaba inundar el mercado con todo aquello, así que exigió su destrucción. Se cree que alguna pieza sí pudo haberse salvado, aunque no se sabe a ciencia cierta su paradero (posiblemente habría que preguntar a los herederos de Clouzot).     Cuál es su valor.  No suele pasar mucho tiempo sin un nuevo récord pulverizado en subasta por una obra de Picasso. El precio más alto que se ha pagado por una obra picassiana son los 179,4 millones de dólares (unos 145 millones de euros) de 'Les femmes d’Alger', en 2015. Curiosamente, esta obra se pintó el mismo año del rodaje de 'El misterio de Picasso'. Pese a su carácter “instrumental”, no nos extrañaría que por su rareza cada una de las pinturas realizadas para el filme pudiera acercarse a los 100 millones. En la imagen, Picasso en un momento del documental 'El misterio de Picasso'.
    12Obras de Picasso realizadas para el documental 'El misterio de Picasso'' De qué tesoro hablamos. En 1955, el director francés de cine Henri-Georges Clouzot rodó el documental 'El misterio de Picasso' sobre el proceso creativo de quien estaba considerado como el mayor genio artístico vivo, Pablo Picasso. Todo lo que se ve durante los 78 minutos que dura la película es cómo el pintor malagueño realiza una obra tras otra en plano fijo. En realidad, puesto que la cámara está situada al otro lado del lienzo, el espectador no ve al artista, así que se produce el efecto de que los cuadros se pintan solos, siguiendo la voluntad de un ser sobrenatural (¿un dios?). Y, contra lo que pueda pensarse, resulta fascinante.

    Cómo desapareció y por qué nadie lo ha encontrado. Además de los metros de celuloide montados, galardonados en Cannes con el Premio Especial del Jurado de 1956, el resultado material de esta larga 'performance' fueron decenas de pinturas. A Picasso, que controlaba de manera estricta –directamente o a través de sus marchantes– las cuestiones comerciales, no le interesaba inundar el mercado con todo aquello, así que exigió su destrucción. Se cree que alguna pieza sí pudo haberse salvado, aunque no se sabe a ciencia cierta su paradero (posiblemente habría que preguntar a los herederos de Clouzot).

    Cuál es su valor. No suele pasar mucho tiempo sin un nuevo récord pulverizado en subasta por una obra de Picasso. El precio más alto que se ha pagado por una obra picassiana son los 179,4 millones de dólares (unos 145 millones de euros) de 'Les femmes d’Alger', en 2015. Curiosamente, esta obra se pintó el mismo año del rodaje de 'El misterio de Picasso'. Pese a su carácter “instrumental”, no nos extrañaría que por su rareza cada una de las pinturas realizadas para el filme pudiera acercarse a los 100 millones. En la imagen, Picasso en un momento del documental 'El misterio de Picasso'.

  •  De qué tesoro hablamos.  Pintado en 1849, es una de las obras más importantes de Courbet, maestro francés del realismo. Representaba una escena cotidiana de trabajadores captados en plena faena, de un modo formalmente revolucionario para la época pese al sustrato clásico de su composición. Se exhibió al público por vez primera en el Salon de París de 1850.     Cómo desapareció y por qué nadie lo ha encontrado.  Tras pasar por varias colecciones privadas, lo adquirió la Gemäldegalerie Alte Meister de Dresde. En febrero de 1945, en el último tramo de la II Guerra Mundial, la ciudad alemana fue bombardeada por las aviaciones británica y estadounidense. Además de segar miles de vidas, el ataque aéreo devastó la arquitectura de la ciudad, sin que se salvara parte de su principal museo de arte, con su contenido. Por ejemplo, este cuadro de Courbet del que se conservan un boceto a lápiz y dos óleos preparatorios.     Cuál es su valor.  Un desnudo femenino de Courbet se vendió en 2015 por 15,3 millones de dólares (unos 12,4 millones de euros). Con 'Los picapedreros' podríamos no andar muy lejos de esa cifra.
    13'Los picapedreros', de Gustave Courbet De qué tesoro hablamos. Pintado en 1849, es una de las obras más importantes de Courbet, maestro francés del realismo. Representaba una escena cotidiana de trabajadores captados en plena faena, de un modo formalmente revolucionario para la época pese al sustrato clásico de su composición. Se exhibió al público por vez primera en el Salon de París de 1850.

    Cómo desapareció y por qué nadie lo ha encontrado. Tras pasar por varias colecciones privadas, lo adquirió la Gemäldegalerie Alte Meister de Dresde. En febrero de 1945, en el último tramo de la II Guerra Mundial, la ciudad alemana fue bombardeada por las aviaciones británica y estadounidense. Además de segar miles de vidas, el ataque aéreo devastó la arquitectura de la ciudad, sin que se salvara parte de su principal museo de arte, con su contenido. Por ejemplo, este cuadro de Courbet del que se conservan un boceto a lápiz y dos óleos preparatorios.

    Cuál es su valor. Un desnudo femenino de Courbet se vendió en 2015 por 15,3 millones de dólares (unos 12,4 millones de euros). Con 'Los picapedreros' podríamos no andar muy lejos de esa cifra.

  •  De qué tesoro hablamos.  En 1820, Perú era el escenario de duros enfrentamientos bélicos por la independencia del país. En este contexto, como mínimo procedía que España tratara de poner a buen recaudo sus riquezas en el país andino. Así que el Virrey Joaquín de la Pezuela dio la orden de reunir una cantidad ingente de monedas, piezas de oro, piedras preciosas y obras de arte y embarcarlas rumbo a México bajo la custodia del británico William Thompson, capitán del barco Mary Dear.     Cómo desapareció y por qué nadie lo ha encontrado.  Después de haber zarpado, el capitán Thompson decidió poner en práctica su propia agenda, y junto con sus hombres se declaró en posesión del tesoro tras haber asesinado a los guardias que la corona española había dispuesto para acompañarlo. En lugar de llegar a México como estaba previsto la nave arribó a la isla del Coco, en la actual Costa Rica, donde el tesoro habría sido enterrado. O al menos eso aseguró Thompson cuando lo apresaron, con el fin de evitar que lo colgaran. Sin embargo, las riquezas nunca se encontraron, y Thompson escapó de nuevo sin que tampoco se descubriera su paradero.    Cuál es su valor.  Aparte de la cuestión de la independencia peruana (hecho histórico bien cierto), esta historia transita entre la leyenda y la realidad, como sucede con lo que rodea a la mayoría de los tesoros de este tipo. Pero quienes prefieren creerla estimaron en unos 220 millones de euros el valor del botín.   En la imagen, ilustración de un barco español similar al Mary Dear cargado con un tesoro procedente de Perú.
    14Tesoro de Lima De qué tesoro hablamos. En 1820, Perú era el escenario de duros enfrentamientos bélicos por la independencia del país. En este contexto, como mínimo procedía que España tratara de poner a buen recaudo sus riquezas en el país andino. Así que el Virrey Joaquín de la Pezuela dio la orden de reunir una cantidad ingente de monedas, piezas de oro, piedras preciosas y obras de arte y embarcarlas rumbo a México bajo la custodia del británico William Thompson, capitán del barco Mary Dear.

    Cómo desapareció y por qué nadie lo ha encontrado. Después de haber zarpado, el capitán Thompson decidió poner en práctica su propia agenda, y junto con sus hombres se declaró en posesión del tesoro tras haber asesinado a los guardias que la corona española había dispuesto para acompañarlo. En lugar de llegar a México como estaba previsto la nave arribó a la isla del Coco, en la actual Costa Rica, donde el tesoro habría sido enterrado. O al menos eso aseguró Thompson cuando lo apresaron, con el fin de evitar que lo colgaran. Sin embargo, las riquezas nunca se encontraron, y Thompson escapó de nuevo sin que tampoco se descubriera su paradero.

    Cuál es su valor. Aparte de la cuestión de la independencia peruana (hecho histórico bien cierto), esta historia transita entre la leyenda y la realidad, como sucede con lo que rodea a la mayoría de los tesoros de este tipo. Pero quienes prefieren creerla estimaron en unos 220 millones de euros el valor del botín.

    En la imagen, ilustración de un barco español similar al Mary Dear cargado con un tesoro procedente de Perú.
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