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Enrique de Dinamarca padece demencia

El esposo de la reina Margarita sorprendió en verano cuando dijo que no quería ser enterrado con su esposa

Enrique y Margarita de Dinamarca, el pasado abril.
Enrique y Margarita de Dinamarca, el pasado abril. GTRES

El príncipe Enrique de Dinamarca, marido de la reina Margarita, padece demencia, lo que le provoca "alteraciones en su comportamiento, en sus reacciones, juicio y vida sentimental, e influye en cómo se relaciona con el resto del mundo", según un comunicado emitido hoy por la Casa Real danesa. El príncipe, que ya estaba apartado de gran parte de sus actividades públicas, sorprendió este verano cuando declaró que no quería ser enterrado con su esposa en la catedral de Roskilde y que estaba insatisfecho con su papel de consorte.

"Después de un largo seguimiento y últimamente de una serie de exámenes médicos realizados a finales de agosto, los especialistas del Hospital del Reino han concluido que su alteza real el príncipe Enrique sufre demencia", señala un comunicado de la Casa Real.

Enrique y Margarita de Dinamarca, con Federico, Mary y los hijos de estos.
Enrique y Margarita de Dinamarca, con Federico, Mary y los hijos de estos. GTRES

El diagnóstico implica "un debilitamiento en las funciones cognitivas" mayor de que lo cabría esperar en una persona de su edad y que puede causar "cambios en la forma de ser, de reacción, juicio y vida sentimental, e influir el modo de relacionarse con el mundo".

La enfermedad conllevará una reducción de su actividad pública, ya disminuida desde que se jubiló hace año y medio. "El deseo de la reina y la familia real es que el príncipe tenga la tranquilidad que la situación exige", concluye el comunicado.

Enrique, francés de nacimiento y de 83 años, sorprendió hace un mes cuando declaró que rompería con la tradición de que los restos de los monarcas y sus cónyuges descansen en la catedral de Roskilde (este de Dinamarca). El motivo, confirmado por la propia institución, era su conocida insatisfacción con el papel que desempeña en la familia real, ya que se había ignorado su deseo de ser rey consorte y no príncipe.

La controversia dio un giro al declarar Enrique en una entrevista que su esposa lo tomaba "por tonto" y le faltaba el respeto. "Si quiere que me entierren con ella, debe hacerme rey consorte. Punto. Me da igual", dijo entonces Enrique. La Casa Real no reaccionó oficialmente, aunque el príncipe heredero Federico admitió en público sentirse "muy triste" por la decisión de su padre de no querer ser enterrado junto a la reina, de 77 años.

Enrique, un noble francés que conoció a Margarita cuando era diplomático en Londres y con quien se casó la actual reina en 1967, nunca se ha sentido cómodo con su papel.

Quince años atrás ya puso en un aprieto a la Casa Real, al retirarse a Francia después de que, en la recepción de Año Nuevo y estando enferma la reina, el anfitrión fuera su hijo Federico. Esto lo hizo sentirse "inútil" y "relegado" y motivó que no asistiera a la boda de Guillermo y Máxima de Holanda.

Los rumores de divorcio, lucha de poder o depresiones se cerraron meses después con una sesión fotográfica familiar, aunque Enrique no pudo evitar el apelativo de "príncipe llorón" de la prensa amarilla danesa. Sonado fue también su plantón hace dos años a los actos del 75 aniversario de la reina, oficialmente por gripe, aunque a los pocos días se le vio de vacaciones en Venecia con unos amigos.

A pesar de las bromas recurrentes de la prensa por sus rarezas o su acento, Enrique acabó ganándose una imagen popular por aparecer disfrazado de panda en una gala, grabar un tema con un grupo de rock o pasear por la comuna anarquista de Christiania.

Comunicado íntegro de la casa real danesa (en inglés)

"It is with deep regret that Her Majesty The Queen has asked the Lord Chamberlain to announce:

Following a longer course of investigation, and most recently, a series of examinations conducted during late summer, a team of specialists at Rigshospitalet has now concluded that His Royal Highness Prince Henrik suffers from dementia.

The diagnosis implies a decline in The Prince’s cognitive functional level. The extent of the cognitive failure is, according to Rigshospitalet, greater than expected considering the age of The Prince, and can be accompanied by changes in behaviour, reaction patterns, judgement and emotional life and may therefore also affect the interaction with the outside world.

As a consequence of the diagnosis, The Prince will further downgrade his future activities, just as patronages and honorary memberships will be considered.

It is the wish of The Queen and the Royal Family that The Prince will have the peace and quiet as required by the situation".